La mañana llegó demasiado rápido, escuché a mi madre hablando por teléfono en la cocina y el sonido del noticiero matutino de aquella mañana de sábado.
Me senté sobre las sábanas revueltas tratando de recordar lo que había estado soñando, pero el recuerdo se deslizó por mis dedos como agua, me dolía la cabeza, cerré los ojos un momento y busque mis lentes sobre la mesita de noche, mis dedos tocaron dos partes, abrí los ojos y observe cómo habían sido partidos a la mitad. Suspiré hondo cuando los recuerdos de la noche anterior volvieron a mí, quise llorar, pero no tenía más lágrimas para eso, solo quería dejarlo atrás aunque sabía que era imposible hacerlo.
Me cepillé los dientes y cambié mi pijama por ropa casual; salí de mi habitación aun con los recuerdos rondando mi cabeza. Mi madre hablaba aún por teléfono, lo sostenía contra el hombro y el oído mientras que mantenía ocupadas sus manos preparando el desayuno, sonrió cuando me vio, aunque su entrecejo se frunció un poco cuando noto que no tenía puestos los lentes, siguió hablando.
Tome la caja de cereal y coloco un poco sobre un tazón, luego serví la leche y me senté en la sala para ver las noticias en lo que ella terminaba de hablar.
Mi madre era una persona sencilla y tierna, raramente discutía conmigo y siempre estaba al pendiente de mí a pesar de que yo ya tenía 17 años. Mi madre me había criado sola, se embarazó por accidente a la misma edad que ahora tengo, su novio no se hizo responsable y casualmente se transfirió a otra escuela y mis abuelos la corrieron de casa, realmente no conocía a ninguna otra persona a quien llamar familia, solo éramos mi madre y yo.
—Buen día, Johannes — me saludó, besó mi mejilla, su cabello castaño rozó mi mejilla, sonreí a medias.
—Hola, mamá. ¿Con quién hablabas? — pregunté sin mucho interés, ella volvió a la cocina, los huevos estaban comenzando a quemarse en la sartén, me puse de pie y me acerque a ella.
—Cosas del trabajo, cariño. Rayos, se quemaron — dijo con una sonrisa, luego colocó la sartén sobre el fregadero.
—Está bien, mamá, puedo cocinar yo — ella me miró y asintió, mi madre era así todo el tiempo, quizá simplemente quería que alguien también cuidara de ella.
—¿Te fue bien anoche? Solo dijiste que irías a casa de un compañero por un proyecto, ¿son amigos? — me encogí de hombros, abrí el refrigerador y saqué un par de huevos.
—¿Y bien?
—No lo somos, mamá.
—Deberías tratar de tener más amigos, Johannes.
—¿Para qué? Es el último año de preparatoria de todos modos.
—Por eso es que lo digo, cariño. Sería lindo que pudieran hacer planes para ir a la universidad juntos o salir de paseo — sonrió de nuevo, se puso de pie y me ayudó a cortar las verduras para el omelet.
—Mamá…
—¿Even está en la misma preparatoria que tú? — preguntó de pronto, me quedé quieto y no dije nada, traté de olvidar todo lo que había ocurrido con él en su casa, sentí las lágrimas inundar mis ojos, me restregué el rostro con una mano, le di la espalda a mi madre y abrí de nuevo el refrigerador, aunque no estaba buscando nada.
—Sí. Es el delegado de la clase — contesté.
—¿En serio?
—S-Sí.
—Antes eran buenos amigos, su madre y yo nos encontramos en el supermercado la semana pasada, deberías invitarlo a cenar un día de estos, quizá pueda ayudarte a mejorar tus notas, él es muy buen estudiante — la miré, me sonrió, esa sonrisa honesta y linda.
—No.
—¿Por qué no?
—Porque no — conteste, mi madre me evaluó un segundo.
—¿Dónde están tus lentes? — preguntó y siguió partiendo los tomates, guardé silencio.
—¿Y bien? ¿Qué te sucede hoy? ¿Pasó algo de lo que deba enterarme? — deseé decirle todo, deseé poder tener el coraje para decirle que Even no era la persona que creía y que no lo quería cerca de mí.
—Estoy bien — mentí, ella volvió a mirarme de nuevo, sus ojos cafés me hicieron sentir demasiado incómodo evite su mirada.
—Sabes que puedes decirme cualquier cosa, ¿no? — asentí, pero no pareció del todo convencida.
Después del desayuno, mi madre me obligó a limpiar mi habitación, escondí los lentes rotos bajo el colchón de la cama, ya luego podría ir y comprar unos nuevos. Salimos al centro comercial al mediodía para comprar las cosas necesarias para la casa, con el poco sueldo que ganaba mi madre siempre estaba deseando poder conseguir un trabajo de medio tiempo, ella jamás aceptó que fuera de esa manera, estaba convencida de que yo podría ir a la universidad algo que ella jamás pudo hacer.
Caminamos por tiendas y más tiendas, por lo que pareció demasiado tiempo, no dije nada y solo seguí a mi madre todo el camino. Fue entonces que lo vi de pie hablando por teléfono afuera de una tienda de artículos de arte, sostenía una bolsa de papel.
—¿Mamá? — la llamé, ella observaba zapatos detrás del cristal de un aparador, Even aún no nos había visto.
—¿Qué sucede? ¿Tienes hambre? — preguntó, pero no separó la mirada de aquel aparador, lo que agradecí también.
—No… ¿Podemos irnos a casa? — ahora sí me miró, enarcó una ceja y me regaló una sonrisa de lado, suspiró.
—¿Por qué tan de repente? ¿No te diviertes?
—No es eso, recordé que debo hacer algo.
—¿Algo como qué? — enarcó ambas cejas y luego miró por encima de mi hombro, su sonrisa apareció de repente, seguí el rumbo de su mirada, estaba viendo a Even hablar por teléfono.
—¿Es Even?
—No lo creo.
—Claro que es él, ¿quieres saludarlo?
—No — dije secamente, mi madre volvió la mirada hacia mí, frunció los labios e hizo una mueca.
—Realmente no entiendo lo que pasa por tu mente, eran buenos amigos antes, él siempre estaba contigo.
—Eso fue hace años mamá, Even y yo… — no espero a escuchar lo que tenía que decir me tomó de la muñeca y me arrastró con ella hasta dónde Even miraba su teléfono con mala cara, levantó el rostro cuando mi madre lo llamó.
—¡Even, hola! — sonrió un poco, miró a mi madre y luego a mí, su sonrisa cambió un poco mi madre no pareció notarlo.
—Señora Alexxa, cuánto tiempo — dijo, mi madre soltó mi muñeca y fue Even quien se acercó, besó la mejilla de mi madre.
—Lo mismo digo, cariño, has crecido tanto — me quedé detrás de mi madre en silencio, los ojos verdes de Even pasaron del rostro sonriente de mi madre al mío, temblé y desvié la mirada.
—Supongo que sí. Usted se ve muy bien — mi madre sonrió.
—Gracias. Saluda Johannes — el tono de mi madre fue un poco duro, observé su rostro luego miré el suelo. Ella habló.
—Lo siento, Even. Parece que hoy Johannes se levantó de muy mal humor.
—No tiene porque disculparse señora Alexxa, está bien. Me da gusto verte también, Johannes — saludo en forma casual, apreté los puños, pero no dije nada.
—No me llames por mi apellido, dime solo Lauren — esa fue mi madre, Even sonrió de nuevo y se rascó la mejilla deliberadamente, sus ojos volvieron a mí.
—No podría, disculpe, señora Alexxa.
—Está bien — nos quedamos de pie en un silencio incómodo.
—Lo siento señora Alexxa, tengo que irme, tengo clases de pintura más tarde. Pero ha sido realmente bueno verla.
—Lo mismo digo, cariño. Dale saludos a tu madre de mi parte — lo abrazó y besó su mejilla.
—Claro, yo le diré.
—Deberías venir a cenar un día de estos — sugirió mi madre.
—¡Mamá! — casi grité ambos voltearon a verme, me encogí de hombros.
—Oh, vaya, gracias. Puedo ir esta noche, si no le molesta — mis manos temblaron al escuchar esas palabras, mi madre sonrió feliz.
—Por supuesto, estaríamos encantados de recibirte. ¿A las 7?
—Está bien, estaré ahí. Ahora si me disculpan debo marcharme — se despidió nuevamente y se marchó con pasos lentos.
Mierda.
—Mamá, ¿por qué lo hiciste?
—¿Hacer qué? ¿Invitar a Even?
—Sabes a lo que me refiero.
—No sé qué es lo que te pasa hoy, Johannes. Vamos, volvamos a casa.
Me encerré en mi habitación después de volver, mi madre trató de hablar conmigo, pero fue absurdo, yo no quería hablar con ella de nada relacionado con Even, no ahora o mañana, nunca.
Lloré sobre mi almohada, odiaba que todos creyeran que Even era una buena persona, odiaba que siempre tuviera esa estúpida sonrisa en su cara que parecía burlarse de mí.
Jamás le había dicho a nadie que Even me golpeaba e intimidaba en la escuela, porque sabía que nadie me creería incluso mi madre no lo haría y ahora estaba seguro que no podría hablar con nadie sobre lo que pasó ayer por la noche en su casa.
¿Quién podría creer que Even haría algo así? Era una locura siquiera pensarlo y no es como si yo hubiera hecho algo para defenderme, pero ¿Qué demonios podía hacer?
Miré el reloj avanzar en la pared, deseé que nunca llegará la hora de la cena, no quería ver de nuevo la maldita sonrisa de Even, ya no.