Scarlett
Tres años antes.
Recuerdo que lo que más deseaba para mi cumpleaños número dieciséis era una motocicleta, amaba sentir la deliciosa sensación del viento sobre mi cara mezclado con la adrenalina, simplemente era fascinante. Papá me había dicho que si su negocio seguía creciendo como hasta ahora, tal vez podría comprarme la motocicleta que tanto quería, pero no fue hasta el 2 de abril cuando papá me recibió con una hermosa Harley negra.
Fue el día más feliz de mi vida, pero quien iba decir que todo lo bueno tenía que acabar. Habían pasado cerca de dos meses desde mi cumpleaños cuando la empresa de papá comenzó a tener problemas financieros, pero no fue hasta el final del verano cuando fue declarada en quiebra.
—Cariño ya verás que saldremos adelante —mi madre trataba de consolar a mi padre quien estaba devastado.
—Es nuestro fin Cassandra, estamos en la quiebra ¿qué haremos ahora? Francessca es una niña apenas y Scarlett acaba de iniciar la escuela y no puede dejarla solo porque su padre se dejó estafar.
—No fue tu culpa Viktor, ese hombre te engañó —mamá masajeó los hombros de papá para relajarlo —saldremos de esta.
—¿Cómo? Sino pagamos el próximo mes nos quitaran la casa.
Me dolía ver a mi padre de este modo y a mi familia pasar por estas circunstancias, tengo que hacer algo para ayudar. Al día siguiente pasé mi mano por el asiento de mi amada motocicleta asimilando que ese era el día de nuestra despedida; cuando llegué al instituto la puse en venta, pero a pesar de tener diversas ofertas ninguna alcanzaba a cubrir ni la cuarta parte de la deuda que tenía mi padre.
—¿Estás seguro de eso?
—Sí, dicen que en una noche se pueden ganar más de trecientos mil dólares —escuché decir a unos chicos que estaban cerca de mí.
—Lástima que no sepamos conducir una motocicleta —el chico dejó caer un volante que sin dudarlo lo recogí.
Se trataba de una carrera clandestina de motocicletas, en el volante venía escrito el lugar y la hora, sin mencionar la cantidad que se ganaría, esta era mi última opción para ayudar a mi familia y no perder la casa.
—¿A dónde vas cariño? —quiso saber mi madre cuando estaba a punto de salir.
—Voy a casa de mi amiga Nicole —mentí.
Esa noche conduje hasta las afueras de la ciudad y cuando llegué al lugar que decía el volante, no puede evitar sentir mis piernas temblar como gelatina, era un lugar totalmente diferente a los que yo conocía.
—¿Te perdiste niña? —Un hombre corpulento y de gruesa voz me miró con burla.
—Vengo a participar en la carrera —traté de sonar intimidante, pero mi voz sonaba temblorosa.
—Necesitas una motocicleta y pagar la cuota —abrí mis ojos con sorpresa, la cuota era cerca de lo que me había costado ahorrar en un año.
—Hecho —pagué el dinero y me adentré al lugar.
Era una pista de motocross con una arena completamente descuidada, las rampas eran demasiado altas haciéndolas parecer mortales, tragué en seco, pero no me podía echar para atrás, había miles de personas de distintas clases, entre ellas se encontraban mujeres con poca ropa paseando por todo el lugar mientras que diversas parejas parecían tener sexo sobre las motocicletas. Escenas que parecían ser sacadas de una película de Hollywood.
Fue así como me adentré al mundo de las carreras clandestinas, la primera vez que corrí sobre esa arena sentí como la adrenalina se apoderó de todo mi cuerpo y gracias a mi osadía logré ganar buen dinero. Hice creer a mis padres que ese dinero era parte mis ahorros, si seguía ganando como hasta ahora podríamos saldar la deuda del banco, solo tres carreras más y la deuda estaría saldada. Pero por más que lo intenté el plazo se venció y el banco nos quitó la casa.
Mi padre se vino abajo y comenzó a consumir antidepresivos de manera constante y a pesar del efecto que el medicamento tenía sobre él poco a poco comenzó a necesitar algo más fuerte y que mejor que la cocaína. Él ya no era el mismo, se volvió adicto y por más que tratamos de ayudarlo ya era demasiado tarde, él comenzó a golpearnos a mi hermana, a mi madre y a mí.
Comencé a trabajar tiempo parcial en un bar como camarera para solventar los gastos de la casa y las drogas de mi padre, la paga era miserable, pero fue lo único que pude conseguir para evitar que él golpeara a mamá o a mi hermana. El poco dinero que lograba conseguir mi padre lo gastaba en drogas y en el juego, a penas nos alcanzaba para comer; durante las noches que tenía libres, solía permanecer en casa para cuidar de Francescca mientras mamá doblaba turno, así que las carreras clandestinas pasaron a segundo plano.
Hasta ese día.
Era viernes en la noche y el bar era uno de los lugares más concurridos. Esa noche tuve que tolerar acosos por parte de los clientes para que al menos la propina valiera la pena, había logrado conseguir más de cien coronas esta noche y con mis ahorros, tal vez podría conseguir algo para abastecer la despensa de la semana.
—Disculpa —una voz masculina me detuvo una vez que crucé el umbral de la puerta. Él vestía unos jeans, una camisa color azul y una gorra de béisbol adornaba su cabeza.
—¿Sí? —Su voz era gruesa y varonil; además su mirada, esos ojos color miel no me inspiraban confianza.
—¿Eres la hija de Víktor Voitovych? —Una señal de alerta se encendió ¿cómo sabía eso? Estaba a punto de decir que se había equivocado cuando él dio un paso cerca de mí —soy Iván Kozel —se presentó.
Mi mandíbula casi cae al suelo cuando escuché su nombre ¿qué hacía el hijo del dueño de la empresa de moda más importante de Praga en un bar de mala muerte? La gorra de béisbol fue despejada de su cabeza y su cabello castaño cayó en su frente, era un chico atractivo y no se veía mayor que yo, tal vez un año o dos.
—¿En qué puedo ayudarte? ¿Mi padre hizo algo malo? —El nerviosismo era evidente en mi voz.
—Me temo que sí —tragué en seco, no sé en qué clase de problema se metió mi padre para que un Kozel se tomara la molestia de venir a buscarme a mi lugar de trabajo —sabes, no acostumbro a atender esta clase de problemas personalmente, pero debido a las circunstancias creo era lo más conveniente.
—Le juro que cualquier problema que haya causado, lo compensaré ¡lo juro!
—Estoy seguro que sí, pero lamentablemente esto no funciona así —sus largos dedos se enredaron en mi cabello —tu padre se ha metido en un gran problema.
—¿Qué clase de problema? —Algo dentro de mí me decía que la respuesta no sería nada buena.
—Un problema del cual nadie podrá salvarlo —su boca estaba cada vez más cerca de mi piel—. Sabes, él se ha metido con gente peligrosa. Él se metió con la mafia checa.
Si no me encontrara cerca de la pared podría jurar que me habría desvanecido por completo, esto debía ser una broma ¡una puta broma! No puedo creer que mi padre no haya tenido los escrúpulos para pensar en nosotras, su familia, antes de involucrarse con este tipo de gente. Ahora sabía que la familia Kozel no era tan honorable como presumían.
—Tú padre es uno de mis mayores compradores; sin embargo, últimamente no ha pagado la mercancía que consume ¿puedes creerlo? En tres putos meses no he visto mi dinero —su mano tomó un puñado de mi cabello provocando que mi cabeza se impactara contra la fría pared de piedra.
—Sea cual sea la cantidad que deba mi padre... ¡la pagaré! —Dije con dificultad tratando de contener las lágrimas que amenazaban con salir.
—¿Tú, pagar la cuenta? ¡Por favor! Si apenas tienes dinero para comer ¿de dónde sacaras una suma de dinero que equivale a cincuenta mil dólares? —la opresión de mi pecho se hacía cada vez más grande —no me arriesgaré a perder más mi tiempo, así que haré esto más rápido —fue entonces cuando el cañón de un arma se posó sobre mi sien.
Él iba a matarme.
—No lo hagas —chillé, pero mi súplica solo pareció causarle gracia.
—Dame una razón para no hacerlo —¿una razón? Ni yo misma la sabía —tú padre me debe dinero y antes de cobrar con su vida, voy a cobrar con la vida de su familia primero. A menos que aceptes mi oferta...
—¿Qué quiere de mí? —Pregunté sin dejar de temblar.
—Te he estado observando, Scarlett —sentí su aliento chocar contra mi nuca provocando que mis vellos se erizaran —eres una chica hermosa y mi compañía está en busca de nuevos rostros y tú Scarlett tienes lo que estoy buscando.
¿Yo? Claramente esto se trataba de una broma de muy mal gusto.
—¿Qué dices Scarlett? ¿Te gustaría formar parte de Elite y trabajar para mí?
Sabía que no tenía salida, si me negaba era capaz de morir en este momento y mi madre y hermana correrían la misma suerte sino hacía algo. Cerré los ojos con fuerza antes de tomar la decisión que arruinaría mi vida para siempre.