Ella era tan dulce…
Lame el clítoris hasta el punto de chuparlo, aunque su coño no estuviera rasurado eso no le impidió para que se lo devorara. Mientras que su lengua juega con aquella pequeña protuberancia rosada e inocente, él utiliza uno de sus dedos para penetrar la v****a de ella.
—¡Basta! Debe detenerse, por favor…
La temperatura del agua era ideal para el momento, el vapor cada vez era más denso para la ocasión. Antonio se afinca lamiendo y sorbiendo los labios inferiores de la v****a de Bianca al mismo tiempo que su dedo entra y sale de su cuerpo.
Siente como Bianca va relajando cada vez más su cuerpo, lo que indicaba que estaba por correrse. No deja de lamer su v****a mientras que la oye gemir entre las quejas.
El CEO se aleja un poco de su coño para ver como su dedo entra y sale del interior, el mismo salía un poco salpicado de fluidos blanquecinos indicándole que ella estaba bastante húmeda por dentro y no solo mojada, era cálida.
—Joder—musita. En ese momento solo le provoco meterle su polla hasta lo más profundo.
Retira el dedo y levanta la mirada para ver el rostro de ella, al parecer lo estaba disfrutando más que odiándolo.
Se pone en pie, sujeta la pierna de ella por debajo de la rodilla al mismo tiempo que acerca su pene a la v****a de ella. Muerde sus labios al tomarlo por la base y conducirlo al centro íntimo de esa mujer.
En lo que la cabeza de su polla roza el coño de Bianca, Antonio gime mientras que cierra los ojos. Oye un leve gemido por parte de ella y eso le dio confianza para adentrarse un poco más al interior de ella.
Era muy tibio y su pene se encontraba bastante apretado, de hecho, demasiado… traga saliva y abre los ojos para poder ver las expresiones de Bianca. Quería ver cómo era robarle la inocencia, pero al mirar esas mejillas sonrojadas y ese ceño fruncido su corazón se removió fuertemente.
Antonio sigue entrando en ella hasta que siente aquella barrera que le confirma las palabras de ella, Bianca era virgen. Su virgen.
—Por favor… —la oye quejarse y luego de eso abre los ojos, cuando lo mira con aquellos ojos azules él se queda quieto —. Basta.
El italiano no sabía qué diablos hacer, cuando ella lo miraba de esa manera era como si pudiera derribar todas sus barreras.
Los ojos de Bianca se encontraban cristalinos y mucho más azul que antes.
—Tarde o temprano tendrás que entregarte toda, si quieres irte de aquí.
Él se separa de ella rápidamente y con la misma velocidad abandona el cuarto del baño, en lo que Bianca se queda sola bajo el torrente poder de la regadera poco a poco va deslizándose por la pared hasta quedar sentada en el suelo.
Recoge sus piernas y las abraza mientras que mira la puerta del cuarto de la ducha abierta. Su v****a palpitaba frenéticamente, no entendía porque razón. Y no solo esa parte de su cuerpo, era toda ella. Su interior vibraba como loco.
Cuando ese sujeto la toca ella reacciona de una manera que no entendía ya que también le temía muchísimo.
Empieza a temblar cuando recuerda lo que sintió justo en el momento que él empezó a penetrarla con su pene.
Esconde su rostro entre sus piernas mientras que el agua cae sobre ella.
—¿Qué está pasando?
[…]
Por suerte para Bianca, Antonio no regreso arrepentido de haberla dejado. Y eso fue un alivio, cuando sale del baño un poco más tranquila se consigue con que ese hombre entra de nuevo en el cuarto.
—Aquí no hay ropa para mujer, y no quiero que uses más esas que tienes. Así que tendrás que usar algo que encuentres en ese closet, al menos hasta que me ocupe de traerte algo.
Ella mira como él empieza a sacar un saco, corbata y pantalón. Luego de eso empieza a vestirse mostrándose cabreado, ella imagino porque no había cumplido con su objetivo de fallársela como planeaba.
—Debo irme, te quedaras aquí, la casa está protegida por un sistema de seguridad que no podrás descifrar, así que no intentes escaparte o mis guardias te pondrán en tu lugar.
—¿Me quedare aquí encerrada? —Antonio la mira de reojos.
—¿Acaso debes ir a ver a alguien? —se gira hacia ella mostrándose más cabreado que antes.
Bianca retrocede apretando la ropa en sus manos, ese sujeto era muy agresivo e impulsivo.
—Lo digo porque yo… tengo una vida.
—Esa vida se acabó, al menos hasta que te acuestes conmigo por las buenas, sin llantos, sin quejas y excusas de mierda.
—No puede retenerme aquí.
—Puedo… y lo estoy haciendo, ¿o es que no lo ves? —se detiene a poca distancia de ella.
—Es un maldito hijo de puta.
Antonio tensa la mandíbula luego del insulto, esa chica sí que tenía una facilidad para cabrearlo impresionante. Si hubiera sido otro ya estuviera enterrado dos metros bajo tierra.
—Sera mejor que moderes tu vocabulario —le dice con el ceño fruncido.
—Miserable, secuestrador de chicas. Pervertido, abusador —Bianca lanza toda la ropa en la cara de Antonio que lo hace cerrar los ojos un momento para luego abrirlos.
Su mirada se hace intensa y penetrante mientras que observa a esa rubia altanera que merecía un castigo severo. Aprieta sus dientes al mismo tiempo que da algunos pasos hacia ella.
Bianca sabía que se había excedido, pero es que ese hombre era un pervertido que solo quería abusar de ella.
Antonio coge a Bianca por los brazos en un ágil movimiento y de un solo jalón la lanza sobre la cama, segundos después la despoja del paño.
—Nooo…—grita.
Pero Antonio solo toma sus muñecas y las lleva al cabezal de la cama, las ata con fuerza a la base y así la deja.
—Te gusta quejarte, bueno, en ese caso quéjate de esa manera.
—No puede… no puede hacerme esto.