Por la cara de desconcierto de esa rubia Antonio se da cuenta de que nunca la habían besado, era curioso, al parecer esa chica era virgen de pies a cabeza. Baja la mirada hacia sus labios sintiendo ganas de besarla una vez más.
Se inclina hacia sus labios y es cuando ella gira el rostro hacia un lado, Antonio se percata de que lo estaba rechazando.
—No quiero que me toque —le dice con voz severa.
—¿Tú me estás diciendo que no te toque? ¿tú? —él se sonríe con burla, luego la toma por el mentón obligándola a mirarlo—. Tú no me das ningún tipo de orden, estas aquí solo para complacerme. Y si me da la gana de follarte, lo haré.
Bianca teme por ella, aquel hombre no parecía estar jugando con sus palabras. Era peligroso, de eso no tenía dudas.
—¿Me vas a violar? —Antonio frunce el ceño —. Es lo que suelen hacer ustedes con las mujeres, como ese amigo suyo del antro. Violan a las chicas.
Su ceño se frunce más debido a la altanería de esa chiquilla.
—¿Crees que necesito violarte? —se inclina hacia ella hasta llegar a rozar sus labios, baja la mirada a los mismos mostrando deseo, luego vuelve a verla a los ojos—. No voy a llegar a ese extremo ya que tu misma me darás todo lo que pido.
Por alguna extraña razón el cuerpo de Bianca se siente diferente ante la cercanía de ese sujeto, su respiración llenaba sus propios pulmones y aunque todo su peso estuviera encima del suyo no se sentía ahogada.
¿acaso estaba romantizando aquella porquería?
—¿Si vez? —Antonio desliza la mano por el costado de su cuerpo para sentir aquellas delicadas curvas, seguido de eso se queda en la parte baja de su cintura y rápidamente comienza a frotar su erección contra el vientre de ella —. No necesito violarte Bianca.
Musita aquellas palabras tan bajo de tono que ella cierra los ojos sin que pudiera evitarlo, luego siente como los labios de él golpean los suyos y aquello causa una especie de electricidad que recorre todo su cuerpo.
De la da los vellos de su cuerpo se erizan y ella no está entendiendo bien qué diablos está pasándole, ¿Por qué reaccionaba de esa manera con ese hombre que apenas conocía? Y no solo eso, él la había comprado.
Antonio desliza la mano por debajo de la camisa de Bianca hasta sentir la tibia piel de esa chica, pero cuando continua el camino por sus costados deja de besarla y abre los ojos inmediatamente. Se aleja de ella abruptamente con el ceño fruncido.
El pecho de Bianca sube y baja con rapidez mientras que lo observa.
El CEO enciende la luz y seguido de eso sube la blusa de ella.
—Nooo…—grita con desespero, pero él consigue levantar su blusa hasta el punto de sacársela completamente.
Pilla como ella cubre sus pequeñas tetas manteniendo los ojos cerrados, pero eso no era lo que él estaba viendo en realidad. Lo que sus ojos miraban eran todas esas marcas en el cuerpo de ella, Antonio parpadea varias veces al tratar de entender qué demonios le había pasado.
—¿Qué es todo eso? ¿Qué significan esas marcas?
Pero Bianca no le responde, se limita a quedarse callada y ni siquiera lo estaba mirando. Le avergonzaba que estuvieran viendo su cuerpo y más en el estado en el que se encontraba. Suelta lágrimas sin parar mientras que se abraza con fuerza.
Antonio pilla que ella no pensaba hablar, así que se baja de la cama para dejarla sola en la habitación.
Al cabo de unos segundos, Bianca abre los ojos debido al silencio. Se da cuenta de que estaba sola en el cuarto y siente alivio de saberlo. Suelta el aliento al mismo tiempo que baja la mirada, luego mira todo a su alrededor.
Ve una enorme puerta de cristal y corre hacia ella, pero estaba cerrada, no iba a poder escapar por allí. Luego camina hacia otra puerta dando con el baño, en este yacía un enorme espejo en el que pudo ver su cuerpo entero.
Todas esas marcas…
Las aborrecía, odiaba estar marcada de esa manera. Niega y sale del baño para volver a vestirse y pensar en la forma de escaparse.
[…]
Antonio se sirve un trago el cual se bebé de inmediato, luego enciende un cigarro para darle una gran calada, libera el humo por sus labios mientras que se reclina hacia atrás.
—Mierda… ¿Qué diablos le paso?
En eso piensa en Vittorio, se pregunta cuanto tiempo esa imbécil tenía secuestrada a Bianca, ¿él sería el causante de todas esas marcas? Era consciente de que ese hijo de puta le gustaba lastimar a las mujeres mientras que se las follaba.
Pero, Bianca era virgen. Y a juzgar por la forma en la que lo beso era evidente que nunca había sido tocada por nadie.
Pero, si no fue Vittorio, ¿Quién lo hizo?
El CEO se queda pensando mientras que fuma su cigarro, por otro lado, no le parecía desagradable esas marcas ¿Por qué? Era un hombre que le gustaba las mujeres finas, de clase, y Bianca era todo lo contrario a eso.
Bebe un poco más de su copa y es cuando gira el rostro hacia un lado debido a escuchar un ruido. Se pone en pie rápidamente y desenfunda su arma. Camina en silencio a la salida con la misma en la mano.
Afina la mirada al escuchar más insistente el ruido, se aproxima rápidamente a él y apunta el arma y es cuando observa que era Bianca la que intentaba escaparse. Ella se da la vuelta y al mirar el arma se paraliza.
Antonio le estaba apuntando directo a la cara. Ella solo lo miro con miedo mientras que no dejaba de llorar.
—¿Intentas escapar? —pregunta aun apuntando su arma a su cabeza.
—Si.
—¿No crees que eres muy cínica?
—¿Qué?
—¿Fuiste a buscar trabajo a la casa de Vittorio por tu propia cuenta? —ella niega.
—Me secuestraron.