duchate conmigo

1072 Words
Antonio baja el arma para ese momento. —¿Hace cuánto? —Poco tiempo… Significaba que Vittorio no tenía nada que ver con esas heridas, y es que tampoco podía, se podían ver que eran cicatrices bastante viejas. —Lamento decirte esto, pero de aquí no te iras. —¿Qué es lo que quiere? —Antonio camina hacia ella con su arma en la mano que la obliga a retroceder hasta golpear la puerta con su espalda. —Ya sabes lo que quiero —musita cuando ya está muy cerca de ella —. No creo que tenga que explicarte exactamente lo que deseo de ti. Bianca comienza a negar, no podía acostarse con ese hombre. No quería hacerlo, pero sus abuelos… —Si lo hago, si accedo a lo que me pide, ¿me dejara libre? —Antonio se queda callado ante esa pregunta, mira los labios de ella y luego sus cristalinos ojos azules. —Depende —a Bianca se le escapan algunas lágrimas. —¿De qué? —Antonio desliza el pulgar sobre los labios de Bianca mientras que sujeta su arma que la hace ponerse más nerviosa que antes. —Si me gusta, entonces será muy complicado que te deje ir. Al menos por un largo tiempo —susurra entre tanto observa la boca húmeda de ella. Bianca cierra los ojos justo para drenar las lágrimas acumuladas en sus ojos, ¿Qué era lo que iba hacer? ¿Entregarse y hacerlo mal para que la dejara libre? Pero, ¿y si la terminaba asesinando? —Soy virgen, que me garantiza de que si lo hago mal no me asesinara. —Soy un hombre de palabra, no te asesinare… te dejare libre Bianca —masculla casi junto a sus labios —. Pero debes entregarte a mí por voluntad propia, no pienso obligarte a nada. Besa sus labios a lo que ella abre los ojos para verlo. —¿Y si no? —Antonio también abre sus ojos. —Permanecerás aquí por mucho tiempo. Los labios de ella tiemblan, no podía quedarse tanto tiempo en esa casa, sus abuelos la necesitaban. Dejarlos solos significaba como dejarlos morir. Era imperioso que tomara una decisión, por el bien de su familia. La joven la baja la mirada y Antonio observa como ella empieza a caer, tarde o temprano iba acceder y él no tendría que obligarla a nada. Cuando hace amago de aceptar, Antonio la interrumpe. —No quiero una respuesta ahora, tomate tu tiempo. No está en condiciones para decirme nada, será mejor que subas, saques de tu cabeza la estúpida idea de escaparte y te metas en la maldita cama. Sí tan solo vuelvo a oír que intentas escapar mi propuesta se ira a la mierda y terminaras siendo violada y con un puto disparo en la cabeza. Bianca ensancha la mirada, ese hombre era peligroso y no podía confiar en él. Al principio parecía dócil, pero de la nada se convierte en un sujeto despiadado capas de cualquier cosa. —Largo—mira esa oscuridad en sus ojos y se asusta, luego sale corriendo hacia las escaleras para refugiarse en la habitación. Antonio mantiene la mirada sobre la puerta hasta que escucha como ella cierra la puerta de su habitación con fuerza, luego gira el rostro hacia las escaleras y afina la mirada. Guarda su arma en la funda y regresa a su despacho. […] Al día siguiente el estruendo de la puerta despierta a Bianca de golpe, la joven se sienta en la cama abruptamente para ver a ese sujeto parado al lado de la cama. Ella recoge sus piernas cuando lo ve. —¿Qué te parecido mi cama? —pero no responde, aunque la verdad era mucho mejor que el catre que ella tenía en casa —. Supongo que bien, veo que hablas cuando te viene en gana—añade caminando hacia el baño. Ella lo observa y de la nada mira como empieza a desvestirse. —¿Qué hace? —¡Vaya! Hablas cuando te conviene —su voz de sarcasmo era bastante fuerte —. Me voy a dar una ducha. Bianca hace amago de levantarse de la cama, pero Antonio la pilla por el rabillo del ojo y se da la vuelta rápidamente. —Quédate allí… nadie te ha pedido que te levantes de la cama —ordena con voz seria mientras que se quita la camisa. —No me quedare aquí. —Lo harás, o me veré obligado a pensármelo bien sobre esa propuesta estúpida que te he hecho —ella se queda mirándolo y termina por quedarse sentada en la cama —. Buena chica. Antonio se quita el pantalón y seguido de eso el bóxer, pero en ese instante ella gira el rostro hacia otra parte. —Mírame, si te quedas allí es para mirarme. —No lo haré… —Bianca, se buena chica —la voz de ese hombre enfundaba tanto miedo. Ella traga saliva al mismo tiempo que comienza a girar el rostro. Mantiene sus ojos puestos en los de él, pero la verdad es que le estaba costando muchísimo sostenerle la mirada sabiendo que estaba desnudo del cuello para abajo. —Tomemos una ducha, juntos. —¿Qué? —responde con aquella inocencia que acelera el corazón del italiano. Él camina hacia la cama para descubrir el cuerpo de Bianca mientras que ella observa con los ojos bien abiertos. Luego toma su mano para obligarla prácticamente a ponerse en pie. Con piernas temblorosas Bianca se pone en pie, muerde la carne interna de su boca mientras que camina hacia el baño. Su corazón no dejaba de latir, iba a toda prisa, la situación era muy incómoda, ese hombre la ponía nerviosa y bastante temerosa. Al llegar al baño traga saliva cuando siente que él empieza a levantar su camisa, pero el instinto de ella se lo impide. —No. —No puedes darte un baño con la ropa puesta, además tienes las mismas prendas desde que llegaste al club de Vittorio, necesitas una ducha. —Puedo dármela sola —musita contra su hombro. —Eso no será posible, porque resulta que esta mañana he amanecido con ganas de ducharme acompañado. Antonio posiciona sus manos sobre la desnuda cadera de ella que la hace tensarse. Vuelve la vista al frente y es cuando él le saca la camisa. —Ayudare a limpiarte como se debe.
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