te pido que me ayudes

1037 Words
Bianca avanza en la bici, estaba a punto de llegar a casa cuando de pronto unas potentes luces blancas la iluminan desde la parte de atrás, la joven frunce un poco el ceño puesto que eran muy fuertes. Hace a un lado su vehículo de dos ruedas para dejar pasar a ese molesto coche, en cuanto lo hace el automóvil se detiene abruptamente frente a ella que la obliga a frenar de golpe. Pero termina por perder el equilibrio y cae al suelo con un poco de violencia. —¡Ahh! —Bianca se queja al mirar su pierna enredada con la bici. En eso la joven alza la mirada para ver al coche y es cuando nota que dos hombres de trajes negros se bajan del mismo encaminándose directamente hacia ella, Bianca frunce el ceño, se aproximan tanto a ella que trata de salir de la bici. Pero no lo consigue y es cuando esos dos hombres la toman por los brazos. —¿Qué están haciendo? —los mira con expresión de miedo y al cabo de unos segundos ella mira como ellos la conducen hacia el coche—. No, ¿Qué hacen? ¿Quién son ustedes? —¡Cállate! Cuando ella oye aquella palabra hace amago de gritar con todas sus fuerzas, pero uno de esos hombres cubre su rostro con un pañuelo que poseía un olor desagradable y adormecedor. Ella parpadea varias veces y trata de resistirse, peor termina por cerrar los ojos. […] Vittorio sonríe al mirar algunas de sus bailarinas moverse, ese día era importante para él ya que recibiría una visita bastante importante. Se cruza de brazos e inclina su cuerpo hacia atrás, a lo lejos puede ver a su pequeña perra preferida. Sus ojos brillan cuando la observa, por supuesto que esta ni lo voltea a mirar. Lo odiaba. —Señor Vittorio —la sonrisa de esta se apaga cuando oye la voz de Fabian. —¿Qué demonios quieres? —lo mira de reojo. —Señor —habla con miedo —. Su pedido está hecho. Vittorio regresa la vista al frente y sonríe una vez más, luego asiente y se pone en pie para ver a Fabian. —¿Y bien? ¿Dónde la tienes? —Fabio asiente rápido. El rubio es llevado a la parte de atrás del antro, ingresan en una habitación y en cuanto la luz se enciende Vittorio observa a una joven rubia acostada en la cama. Sus manos y pies estaban atados con una cinta blanca al igual que su boca. Vittorio observa las facciones de esa chica que lo hace parpadear varias veces, se acerca a ella para verla un poco mejor y es cuando percibe que ella estaba despertando. Al mirar sus ojos azules él se sorprende. —¿Es ella? —musita, y justo allí la joven levanta la mirada para verlo y cuando lo hace ensancha más la mirada. —Lo que pidió mi señor…—él sonríe con malicia, se agacha a la altura de la rubia para mirar su rostro. —Eres justo lo que pedí—Bianca hace amago de retroceder, pero no lo consigue y empieza a negar una y otra vez—. Muy hermosa y con cara de niña. —Si señor, así se la he conseguido. Vittorio afina la mirada para ver esos ojos azules cargados de inocencia, no cabía dudas que esa chica era virgen. —Serás la virgen del italiano —los ojos de Bianca se nublan cuando oye aquellas palabras—. Y serás una buena chica, obediente y complaciente —ella niega mientras que él aparta un mechón de pelo de su cara—. Lo serás, o te ira muy mal con el italiano. Bianca deja de luchar y simplemente se queda inmóvil. Traga saliva y piensa en sus abuelos y lo preocupados que estarán cuando amaneciera. ¿Quién iba a cuidar de ellos? Algunas lágrimas escapan de sus ojos al pensar que los dejo solos y con el alma destrozada. —¿Cómo se llama? —Sus documentos dicen que se llama Bianca. —Bien, Bianca, bienvenida… Vittorio se pone en pie, observa a la rubia en cuerpo entero notando que era bastante delgada para su gusto, pero era seguro que a su amigo si le iba a encantar esa chica. Se da la vuelta para salir del cuarto. —Tenla lista para esta noche. —Si señor… La puerta se cierra y Bianca solo puede ver como su libertad se esfuma. Parpadea puesto que sus ojos estaban inundados de lágrimas. Empieza a gemir y trata de soltarse de los amarres de sus manos, pero los nudos estaban muy ajustados. En eso la puerta se abre y por esta ingresa una joven castaña, ambas se miran y es cuando Bianca empieza a gemir enloquecida. —Shhh… es mejor que te comportes, no estés alterada, ¿entendiste? —Bianca la mira y parpadea varias veces —. Voy a quitarte esto, pero no debes gritar o el jefe se cabreará y te golpeará. La joven castaña le quita la mordaza y luego le muestra una leve sonrisa. —Por favor, por favor, ayúdame a salir de aquí —la joven la ve con asombro —. Me secuestraron, debo volver a casa con mi familia. —Cálmate, si te alteras no conseguirás nada. —Ayúdame. —Me llamo Isabella, ¿tu cómo te llamas? —pregunta mientras afloja los nudos de sus pies. —Bian… Bianca. —Muy bien Bianca, será mejor que te acostumbres a este lugar. No eres la primera ni la única en este sitio, no hay privilegios para ninguna, así que si te portas bien nadie te lastimara. Bianca comienza a negar puesto que no entiende nada de lo que estaba diciendo esa muchacha, le estaba pidiendo ayuda y ella le salía con ese chorro de estupideces. —¿De que estas hablando? Te estoy pidiendo que me ayudes a escapar de este lugar, ¿Por qué me dices todas estas cosas? —A las chicas buenas las premian, así que si haces lo que te piden seguro que serás premiada por tu comprador o quien sea que quiera follar contigo.
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