Fabio observa a su jefe seriamente mientras que este se sirve un trago y se lo bebe de inmediato, el traga saliva al mismo tiempo que frunce los labios.
—En fin, no me importa de donde las sacas, lo único que me interesa es que sigas trayendo carne fresca.
—Claro señor…
—¿Has encontrado el pedido que te he hecho?
El hombre se tensa y niega rápidamente… Vittorio lo observa con aquella típica mirada afilada y peligrosa.
—¿No? ¿acaso es muy difícil conseguir lo que te pedí? Pasado mañana será miércoles, ¿sabes lo que significa los miércoles en este lugar?
—por supuesto señor, lo sé muy bien. Pero no es tan fácil señor, es un asunto un poco complicado, a decir verdad.
—Me importa una mierda tus asuntos complicados, quiero ese pedido para mañana mismo y no quiero quejas ni excusas.
—Si señor.
—Ahora lárgate…—le ordena mientras que se bebe otro trago.
[…]
Bianca sonríe mientras que maneja su bicicleta para dirigirse a casa, la joven pedalea mientras que observa todo a su alrededor, intentaba ser precavida ya que la bicicleta no era suya y lo que menos deseaba era estropearla y tener que pagarla.
La joven frena de golpe al ver una pila de coches avanzar por una avenida muy transitada, no le gustaba meterse por esos lugares, pero era necesario para llegar más rápido a casa. Además, era más seguro.
Mientras que espera que los coches avancen la joven mira al frente sintiéndose deseosa por seguir avanzando.
Entre tanto Bianca espera, muchos carros avanzan apresurados, y entre muchos de esa pasa uno y dentro del interior de este una mirada se posa en ella muy rápidamente debido a la velocidad del auto. Sin embargo, no la siguen mirando más y el coche se pierde por la avenida.
Bianca al ver que ya era su turno de pasar, se pone en marcha y continua su recorrido a casa… se demora unos pocos minutos y finalmente llega. Sonríe al ver aquella pequeña casa casi en ruinas. En cuanto ingresa en la misma lo primero que ve es una sonrisa algo cansada.
—Niña linda, has llegado a casa.
—Abuela, ¿Qué haces fuera de la cama? —la joven besa la frente de su abuela con dulzura.
—Tu abuelo se ha dormido ya, pero yo me quede a esperarte para calentarte la comida.
—Yo me puedo encargar de eso perfectamente, recuerda que ya soy una mujer y tú no estás aquí para ayudarme, yo estoy para ayudarlos.
Desde que su madre murió por una sobre dosis, Bianca paso a ser cuidada por sus abuelos maternos, como nunca supo nada de su padre, sus abuelos se hicieron cargo de ella desde pequeña.
Y creyó que había sido lo mejor que le había pasado en la vida, recordaba poco de su madre, lo que más rememoraba de ella era que gritaba mucho y hacia muchas fiestas con personas horribles que ya ni recuerda.
Pero aquellos tiempos quedaron atrás ya que su vida era mucho mejor desde que sus abuelos la estaban cuidando, o bueno, ahora era ella quien los protegía y cuidaba de ellos. Como no trabajaban era ella quien había sacrificado su vida por ayudarlos.
Y no se arrepentía de nada, no tenía el mejor de los empleos, pero al menos ganaba buenas propinas para poder sustentar el día a día de sus abuelos. Lo más importante era que ellos tuvieran sus medicamentos.
—Ni hablar, si puedo hacer algo útil lo haré mientras pueda. Se que vienes muy cansada del trabajo, por lo menos déjame ayudarte en algo mi niña.
—Está bien abuela, hoy he ganado muchas propinas, mañana comprare muchas cosas antes de irme a trabajar.
—Te esfuerzas mucho —los ojos de la anciana se nublan de inmediato y ella automáticamente la abraza para impedir que llorase.
—Basta abuela, no quiero que te pongas triste por esto. Yo estoy bien.
La anciana asiente y palmea la espalda de su nieta.
—Te haré de cenar, tu ve a ducharte.
La joven rubia observa a su abuela caminar con pesar hacia la cocina y suspira, lo que ella daría porque sus abuelos estuvieran más cómodos y en un lugar mucho mejor que ese. Pero su madre había hecho un desmadre con su vida, y hasta la casa que tenías la perdió por culpa de los vicios.
Sus abuelos tuvieron que conservar su vieja casa para poder sobrevivir con una niña de 7 años. Los ojos de Bianca se nublan, pero ella niega, no era momento de ponerse melancólica. Si los tres estaban bien, todo estaría bien.
Sube al piso de arriba yendo directo al cuarto de su abuelo, al verlo dormir tranquilo en la cama sonríe de alivio que esa noche no estuviera quejándose por sus dolencias. Se encamina a su cuarto para ver únicamente una cama envejecida.
Camina hacia ella para sentarse en la misma, no era la más cómoda, pero prefería que sus abuelos durmieran cómodos. Ella era joven y podía soportarlo.
Después de comer una buena cena hecha por su abuela, Bianca se despide de la misma para dirigirse a su habitación. Al acostarse en la misma mira por la ventana abierta, su habitación era muy calurosa.
Cierra los ojos y piensa que el día siguiente iba a ser un mejor día.
[…]
—Vamos abuelo, sabes que debes tomar estos medicamentos para sus dolencias.
—Gastas tu dinero en estas tonterías, no debes comprar estas cosas, es tu dinero, úsalo y diviértete como una chica de tu edad —le dice el anciano enojado.
—Si, es mi dinero y lo gasto como quiero. Por eso he comprado tus medicinas, sé que ya se agotaron.
Bianca deja la bolsa con las pastillas en la mesa mientras que pelea con su abuelo, siempre era el mismo problema con él. Pero debía entender que ella era feliz si ellos estaban a su lado.
—He comprado comida, así que estaremos bien por un par de días. Y con estas medicinas, no sentirás dolores por las noches —ella besa la frente de su abuelo, era gruñón, pero dulce —. Toma tus medicamentos y no hagas enojar a mi abuela.
—Haces mucho por nosotros, hija, nosotros ya estamos viejos.
—Y yo quiero que estén conmigo por mucho tiempo, ¿Qué podría hacer sin ustedes dos?