Habían pasado varios días desde que Lidia había llegado a su nuevo trabajo; a una nueva vida. Estaba bien, todo estaba saliendo de maravilla en su trabajo y en la casa ya estaba instalada. La empresa le había dado también un auto, así que no tenía nada de que quejarse, todo era genial. Una ocasión al llegar del trabajo la entrada de su casa estaba ocupada; justo al lado estaba un pequeño edificio de departamentos. Bajo del auto esperando encontrar al dueño del automóvil que obstruía su entrada. - No puede ser...¿porqué demonios no respetan la entrada de las casas ajenas?. Lidia hablaba sola mientras escuchaba bullicio justo en el departamento que estaba hasta arriba. - ¿De ahí sera este auto?. Lidia se dispuso a buscar al dueño del carro, así que subió al edificio para preguntar s

