capítulo 4

1045 Words
La Sombra de lo Inevitable El eco de las llantas del auto de Sergei resonaba en las calles silenciosas, mientras la velocidad aumentaba con cada kilómetro. Emma observaba cómo las luces de la ciudad se desdibujaban a su alrededor, pero su mente estaba a miles de kilómetros de allí, atrapada en una tormenta de emociones que no podía controlar. La imagen de Alexander enfrentándose solo a lo desconocido la atormentaba. Sabía que él era fuerte, pero también sabía lo impredecible que era el mundo al que pertenecían. Sergei, siempre serio, no apartaba los ojos de la carretera, pero ella notaba cómo sus manos apretaban el volante con más fuerza de la habitual. Era un hombre acostumbrado al peligro, pero la tensión en el ambiente era palpable. Emma lo miró de reojo, queriendo romper el silencio. —¿Crees que estará bien? —preguntó finalmente, con la voz apenas contenida. Sergei no respondió de inmediato. Tomó un momento para elegir sus palabras, siempre calculador, como lo había sido desde que lo conocía. —Alexander siempre se ha enfrentado a cosas peores. —La voz de Sergei era grave y firme, como si intentara calmarla, aunque no podía ocultar del todo la preocupación en su tono—. Pero no deja de ser peligroso. Emma bajó la vista a sus manos, jugando nerviosamente con el borde de su abrigo. Alexander era un hombre acostumbrado a la violencia, a la brutalidad de su mundo, pero esta vez había algo diferente. Algo que la inquietaba profundamente. Ya no era solo el peligro físico, sino la barrera emocional que habían construido entre ellos. La distancia que los separaba era tan mortal como cualquier bala. —No puedo perderlo —murmuró, más para sí misma que para Sergei, pero él la escuchó de todos modos. El silencio en el auto se volvió más pesado. Sergei la miró de reojo antes de soltar un largo suspiro. —Alexander siempre ha sido así, Emma. Cerrado. Protegiéndose de todo y de todos. Especialmente de aquellos que pueden llegar a importarle. —Hizo una pausa, como si estuviera midiendo sus siguientes palabras—. Pero eso no significa que no sienta. De hecho, es todo lo contrario. —No lo sé, Sergei. A veces pienso que lo que siente por mí no es suficiente. —Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas, cargadas de dolor y duda—. Como si fuera más fácil para él dejarme ir que admitir lo que realmente siente. Sergei la miró por un instante antes de volver a concentrarse en la carretera. —Tú no lo ves, pero lo conozco. He estado a su lado durante años. Lo que siente por ti es tan fuerte que lo consume. Y eso lo aterra más que cualquier enemigo. Emma no supo qué decir. Parte de ella quería creer en esas palabras, quería aferrarse a la idea de que Alexander podía cambiar, de que podrían encontrar una manera de estar juntos. Pero la otra parte, la más herida, dudaba. El sonido del celular de Sergei interrumpió sus pensamientos. Él miró rápidamente la pantalla y luego contestó. —¿Alexander? Emma se tensó, su cuerpo inclinándose hacia Sergei mientras esperaba noticias. —Estamos en camino. Mantente alerta. —Colgó, y sin mirarla, pisó el acelerador. —¿Qué pasó? —preguntó Emma, su corazón latiendo con fuerza. —Alguien sigue tras nosotros. Alexander va a encontrarse con nosotros en la carretera. —Sergei apretó los dientes—. No sé quiénes son, pero esto no es un simple ataque. Hay algo más detrás. Emma sintió un escalofrío recorrerle la columna. Siempre había amenazas en su vida, pero esta vez parecía personal. Y eso lo hacía mucho más peligroso. Mientras el auto tomaba una curva cerrada, Emma pensó en Sofía, su hermana pequeña que no sabía nada de este mundo. Durante años, Emma había hecho todo lo posible por mantenerla alejada del caos, del peligro que siempre rodeaba su vida con Alexander. Pero ahora, todo estaba colapsando. Su vida, sus emociones, su familia… todo estaba al borde del abismo. —Sofía estará bien —dijo Sergei de repente, como si hubiera leído su mente. —¿Cómo puedes estar tan seguro? —preguntó Emma, con la preocupación cada vez más evidente en su voz. —Porque yo me encargaré de eso. —Los ojos de Sergei brillaban con una determinación que pocas veces había visto en él—. Nada le pasará a tu hermana mientras yo esté cerca. La forma en que lo dijo, con tanta firmeza y seguridad, le dio a Emma un pequeño respiro de alivio. Sabía que podía confiar en Sergei. Siempre había sido leal, siempre había estado presente, incluso cuando las cosas se complicaban. Pero esta vez, la amenaza parecía mucho más grande de lo que ninguno de ellos podía prever. El sonido de un motor rugiendo a lo lejos la sacó de sus pensamientos. Un auto oscuro se acercaba rápidamente en la carretera detrás de ellos. Sergei maldijo entre dientes. —Prepárate. Emma sintió que el miedo la invadía de nuevo. Sus manos se aferraron al asiento mientras el auto de Sergei aceleraba aún más. El otro vehículo seguía detrás, sin perder terreno. —¿Dónde está Alexander? —preguntó, intentando mantener la calma. —No lo sé, pero no está lejos. El otro auto comenzó a acercarse peligrosamente, y Sergei hizo una maniobra brusca para tratar de perderlo. Las luces del vehículo enemigo los seguían como una sombra, y Emma pudo sentir cómo la adrenalina recorría su cuerpo, su mente trabajando frenéticamente en busca de una solución. De repente, las luces de otro auto aparecieron por el frente, brillando intensamente mientras se acercaba a toda velocidad. —Es él —dijo Sergei, con un tono de alivio en su voz. El auto de Alexander se posicionó estratégicamente para bloquear al enemigo. Emma lo vio, su corazón saltando de emoción y preocupación al mismo tiempo. En cuestión de segundos, los disparos comenzaron a resonar en la noche, y Emma se dio cuenta de que estaba una vez más atrapada en el fuego cruzado del mundo que nunca pudo dejar atrás. Mientras el caos estallaba a su alrededor, una sola certeza invadió su mente: ya no había escapatoria.
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