“El orgasmo es el gran comedor de palabras. Solo permite el gemido, el aullido, la expresión infrahumana, pero no la palabra. Valérie Tasso. —Adivina —le dije a Román con una sonrisa. Él me miró con curiosidad. —Creo que adivinar nunca ha sido una de mis virtudes. Entorné los ojos. —¡Voy a volver a estudiar! —solté emocionada. Abrió los ojos sorprendido y sonrió. —¿Cómo lo convenciste? A mi mente vinieron las imágenes de lo que hice para convencerlo, pero solo me encogí de hombros. —Se lo pedí solamente —contesté. Me observó con una ceja alzada. —¿Solo así? Bueno, la verdad no me sorprende. Ya le vendiste tu alma. No dije nada. Para muchos era venderle el alma al diablo, pero yo no tenía pensado quedarme toda la vida ahí. Quería ir a la universidad y vivir mi propia vida, no q

