Cuando llegamos al departamento, Alvar me acompañó a dejar mis maletas hasta la habitación que iba a ser mía durante esos días, la de invitados del primer piso y luego fuimos a cenar. Conversamos de muchas cosas sobre la empresa y lo que se hacía en ella. Alvar era un chico muy inteligente, eso me había fascinado, debía reconocerlo. Y lo mejor de todo, es que sabía todo lo que sucedía en la empresa y en los laboratorios. Había sido una cena muy agradable y aparte de conversar, nos habíamos reído mucho. Me sentía extrañamente cómoda a su lado. Cuando terminamos de cenar y de lavar los platos, cada uno se fue a su habitación y yo comencé a desempacar mi ropa. No había llevado mucho desde la casa grande, pero era suficiente, al menos, por esa semana. Estaba guardando mi ropa en el armario e

