Los siguientes cuatro días, se me hicieron largos. El jueves, me levanté temprano, porque quería ordenar la habitación de papá y empacar sus cosas. Estuve todo el día en eso, pero cuando la tarde ya estaba cayendo, la nostalgia me invadió y desarmé todas las cajas que había empacado. Volví a dejar todo en su lugar. No estaba preparada para sacar a papá de esa casa aún. El viernes, me volví a levantar temprano para salir a caminar por la isla. No la podría volver a recorrer en mucho tiempo. Ni siquiera sabía cuándo volvería a visitarla. Estaba decidida a conservarla y a cambiarle el nombre. Según había alcanzado a leer en el testamento, la isla estaba registrada con el nombre de “Isla Lena”. Mi papá nunca me había dicho aquello. Siempre me había hecho creer que no tenía nombre. Ahora, yo

