La noche era oscura y fría, cubierta de niebla, el viento soplaba entre los árboles del n***o bosque, susurros que parecían llevar consigo un mensaje oculto a través de las hojas danzantes en el aire.
En medio de aquel paisaje, un grupo de hombres lobos de la manada oscura, se reunía en un claro, tomando decisiones acerca del paso que darían tras esconderse el satélite lunar entre las montañas... su aliento formaba nubes de vapor en el aire.
El líder de la manada, el imponente lobo de pelaje n***o Golnet Black, observaba a su manada con ojos penetrantes, extremadamente amarillos. A su lado, se encontraba una anciana con ropas raídas, de mirada sabia, conocida en la oscuridad como la Vidente Alas Negras, quien mantenía su atención en una bola de cristal, a través de la cual, veía a una pequeña niña de cabellos rubios que yacía en la habitación de la nana Dorys, en compañía de Ian, su hermano y algunos espíritus alrededor de ella.
—Hermanos lobos, ha llegado el momento de cumplir la profecía de la Diosa Luna. Esa niña que está en la mansión de Demetry, es la elegida, la que nos guiará hacia nuestro destino y con quién podremos cumplir la profecía para que mi heredero Ethan Black, alcance el mayor poder entre las manadas y nuestra r**a misma —declaró Golnet con voz grave y autoritaria.
La manada asintió en silencio, sus ojos amarillos-naranja brillaban con determinación. Todos conocían la antigua profecía que hablaba de una niña rubia de ojos azules como el mar más profundo, nacida en la noche más oscura, con el poder de unir a los hombres lobos a través de ella y, de esa manera, restaurar el equilibrio en el mundo humano y el mundo lobo. Haciendo de estas dos razas una misma.
—¿Cómo podemos estar seguros de que ella es la correcta, jefe? —preguntó uno de los lobos con su voz llena de dudas.
La Vidente Alas Negras, se trasladó hasta el aposento donde descansaba la niña, envuelta en magia y acarició su rostro con ternura. Sus ojos brillantes revelaban un conocimiento profundo e impresionante.
—Esta niña es especial, muy especial. Su linaje está marcado por la Gran Diosa Luna. Además, su corazón es puro como la bondad de su ser y su espíritu fuerte como un cedro. Solo ella puede cumplir la profecía, nadie más —respondió la anciana.
Golnet miró a su manada y asintió.
—Entonces, debemos llevarla a nuestro refugio en las montañas más altas del bosque oscuro. Allí, la prepararemos para su destino, el cual será casarse con mi hijo y dar descendencia, de esa manera, se cumplirá la profecía que tanto ansiamos y la protegeremos de aquellos que quieran hacerle daño o que quieran robárnosla. —Expresa el jefe de la manada, decidido.
—El jefe tiene razón, no podemos permitirlo, nadie debe permitir que la Luna destinada sea apartada de nosotros y de nuestra manada o de lo contrario, la maldición caerá sobre nosotros y desapareceremos de la faz de la tierra. Eso no puede... es más, no debe pasar, por eso debemos actuar con determinación —dijo uno de los subalternos del Rey Golnet.
La manada se movió con agilidad, viajando a través de la magia que les otorgaba la Vidente Alas Negras hacia la habitación donde se encontraba la pequeña Luna, el cual les permitía rodear a la niña, formando un círculo protector, en el cual nadie podría entrometerse si así lo quisiera o si existiera algún tipo de poder sobrenatural. La magia negra, podría ser más fuerte de lo que nadie imaginaría jamás. Sus ojos brillaban con una mezcla de ferocidad y lealtad. Juntos, se adentraron en el bosque, avanzando en silencio como sombras en la noche.
Mientras tanto, en la aldea de la manada Luna Plateada, se escucha el aullido de una loba desesperada, lo que conlleva a despertar, sobresaltados, a todos los miembros de la manada, así como a los niños. La niña Sarah, había desaparecido de la habitación de Dorys sin dejar un mínimo rastro. La desesperación se apoderó de ellos y, Lyam junto con Ian, inundados sus ojos de lágrimas, intentaron buscarla en los alrededores de la manada, aun sin conseguir si acaso una huella.
—¿Dónde podrá estar mi hermana, Lyam? ¿Quién se la habrá llevado? ¿Cómo la sacaron de la habitación de la nana Dorys, si se supone que ahí estaríamos fuera de peligro? —pregunta Ian al muchacho, una y otra vez. —Alguien debe responderme por mi hermana. Si no hubiésemos tenido aquel accidente y mis padres no hubieran muerto, estaríamos muy bien, felices en casa, con mamá y papá, su calor, su cariño, su protección.
Ian, vociferaba con mucho dolor y agitación su tristeza por la desaparición de su hermanita, una vez más, en la cual, nuevamente se culpa por ello.
—No es tu culpa. Ian, no es así. Alguien la raptó, pero ya mi padre y todos sus hombres están en su búsqueda. La vamos a encontrar, ya veras, y mañana nos estaremos riendo de este mal momento.
—No Lyam, algo me dice que mi hermana no va a aparecer tan fácilmente. Yo escuchaba que habían personas que estaban detrás de ella, no sé por qué razón, pero... querían que ella los salvara a no sé quienes, de algo que estaba escrito en el destino de ellos o de ustedes, No lo sé. Solo tengo el conocimiento de que, nosotros no legamos aquí por casualidad, ni porque ustedes o la señora Dorys y tu padre, nos socorrieron por tener buen corazón, sino por algo más.
—¿Qué dices, Ian? Estás equivocado —insiste Lyam, quien no tenía un conocimiento claro de lo que realmente estaría sucediendo.
—Déjalo, Lyam, tú no sabes nada, yo sé que tú no tienes nada que ver en esto... lo único que quiero es conseguir a mi hermana y la voy a buscar hasta por debajo de las piedras si es posible.
Una vez que la noticia se esparció por toda la aldea, un grupo de aldeanos se unió en la búsqueda de la pequeña Sarah. Recorrieron el bosque, llamando su nombre en vano, mientras el grupo de hombres lobos de la manada oscura, se mantenía oculta en las sombras, observando cada movimiento que sus rivales daban a favor de la búsqueda de la pequeña Sarah.
Pasaron toda la noche buscando a la pequeña por todos los alrededores del lugar, pero no la encontraron, nadie sabía del paradero de la jovencita, ni siquiera a través de su aroma a frutas silvestres, los lobos de la Luna Plateada, pudo dar con ella. Parecía que se la hubiera tragado la tierra o los árboles del bosque o hasta el mismo suelo, pues de la habitación donde se encontraba, no pudo haber salido... Al menos, eso pensaban Dorys, quien estaba hecha una mata de nervios y el Rey Demetry, a quien no se le iba de su cabeza, la idea de que su hermano, el Rey Golnet, estaba detrás de todo esto.
Finalmente, los aldeanos, así como hombres y mujeres lobas de la manada Luna Plateada se rindieron, exhaustos y desesperanzados. Ian, Dorys y Lyam se aferraron entre sí, incapaces de aceptar la pérdida de Sarah. Sin embargo, en el corazón de Ian, una chispa de esperanza se encendió.
—No podemos rendirnos. No hasta que encontremos a mi pequeña hermana, sé que ella está viva y está bien, hay algo que no sé explicar que me lo grita en mis adentros —dijo Ian con determinación.
Lyam asintió, su mirada reflejaba el mismo fuego y la misma emoción de hallar a la pequeña Sarah.
—Tienes razón, hermano. Haremos lo que sea necesario para encontrarla. Sarah debe volver, sea como sea, cueste lo que cueste. Cuenta conmigo Ian, tú eres como un hermano para mí y te voy a apoyar siempre. La buscaremos hasta dar con ella.
Mientras tanto...
La manada oscura de hombres lobos maquiavélicos, llegó a su refugio en las montañas al fondo del bosque n***o. Allí, rodeados de naturaleza salvaje, comenzaron a preparar a la niña para su destino, mientras que el Rey Golnet, traía a su hijo, para hacer que la profecía se cumpliera mucho antes de lo que se tenía previsto.
La Vidente Alas Negras le enseñó los secretos de la luna, la conexión con la manada y el control de su transformación.
Pero...
La pequeña Sarah, estaba confundida, no sabía lo que estaba pasando, sin embargo, no gritaba, no se quejaba, no pasaba nada. Era como si ella hubiera estado esperando ese acontecer, como si algo muy dentro, se lo decía desde mucho antes.
La Vidente, era una anciana sabia pero con facciones malévolas, que asustarían a cualquier niño de la edad de Sarah, pero ella no se sentía así, más bien, sabía que una fuerza interior la protegía desde el mas allá, algo inexplicable pero poderoso, además del amor que en ella iba creciendo por Lyam, aunque no estaba en edad de enamorarse, ya sabía que la unión con ese hombre lobo de pelaje blanco, era su destino.