El pasado resurge.

1815 Words
Resbalaba la tarde en el horizonte. El sol se ocultaba lentamente detrás de las montañas, tiñendo el cielo de tonos anaranjados, rojizos y dorados. Un paisaje poético e inspirador. En el corazón del bosque oscuro, los dos reyes alfas lobos se encontraban frente a frente. Sus miradas eran intensas y llenas de un pasado doloroso. El Viejo Rey, había sido el responsable de arrebatarle, quizás sin mala intencion su mate a su hermano, Golnet, quien perdió al amor de su vida, pero en el corazón no se manda, y fue Lidia, quien decidió que su vida la compartiría con Demetry, el hermano de este. Golnet tenía el pelaje oscuro y brillante, sus ojos azules reflejaban la tristeza y el resentimiento guardado, que había llevado durante años, martillándole la conciencia. Demetry, por otro lado, era más grande y musculoso, con un pelaje gris plateado y ojos ámbar llenos de dolor y arrepentimiento por todo lo que habían experimentado en el pasado, así como la tristeza de saber que su hermano y él, habían dejado de ser inseparables, a causa del amor de una loba. —Golnet, hermano, sé que no hay palabras suficientes para describir lo que sucedió pero... —comenzó Demetry con voz temblorosa—. Solo necesito que me escuches, necesito explicarte cómo sucedieron las cosas. Golnet gruñó, mostrando sus afilados colmillos, pero no interrumpió a Demetry. Sabía que debía escucharlo, aunque el dolor del recuerdo lo atormentara y la rabia lo consumiera. —Cuando éramos jóvenes, ambos éramos alfas prometedores, teníamos el apoyo de nuestros padres, sobre todo de papá, él sabía que ambos seríamos reyes de nuestras propias manadas, pero lo que no sabía era que ibas a actuar de esa forma tan negativa, al punto de ser desterrado de la manada Luna Plateada. Recuerdo que nos entrenábamos juntos, compartíamos nuestras esperanzas y sueños, éramos nuy unidos y eso, ahora me duele más de lo que puedes imaginar, pues todo cambió de la noche a la mañana. Golnet tenía la mirada oscura y gruñendo una vez más, dio dos pasos hacia adelante como intentando intimidar a su hermano, no obstante, este solo se limitó a callar y escuchar lo que tenía para decirle. —Cuando conocí a Lidia... No imaginé jamás que el amor pudiera envolvernos de la manera en que lo hizo. Ella era hermosa y valiente, y me enamoré perdidamente de ella. Pero ella te había elegido a ti, Golnet. Sin embargo, la situación tuvo un cambio inesperado. La dulce Lidia, de pronto, se enamoró de mí, como yo lo estaba de ella. El lobo de mirada oscura se tensó al escuchar el nombre de Lidia. Ella había sido su mate, la compañera de su vida, hasta que Demetry se interpuso en su camino, sin haberlo premeditado. —No puedo negar que sentí una profunda envidia hacia ti, hermano. En mis momentos de soledad, anhelaba tener una mate como ella. Me preguntaba si en algún momento, yo hallaría una loba tan maravillosa como ella. Aquella noche, sentí un profundo deseo por tenerla, pero al saberla tuya, pensé alejarme, sin embargo, Lidia no permitió que lo hiciera. Tú estabas lejos de la manada, y... —Demetry, no sabía si continuar su confesión, pues los ojos de Golnet, casi desprendían fuego por la rabia y la decepción. —Ella fue acercándose a mí, compartimos aquel instante, lleno de magia y de sentires. Parecía que nuestro vínculo era mucho más fuerte del que tenían ustedes. —¡No sigas! Ya no quiero escucharte, eres un mal nacido, desgraciado, me quitaste lo que más quería. El amor de Lidia, que era lo que me mantenía en pie, por eso los odio, a ti y a todos los que son como tú. —Por favor, hermano, esas son cosas que ya pasaron pero siento que debo explicarte, de pronto, de esa manera puedas comprender que no fue adrede. —No me importa ya... la oscuridad que dejaron en mí, ya hizo su parte. Ahora estás solo, sin ella, sin ese amor que has profesado por siglos. Pero Denetry, no hizo caso a las palabras de Golnet, y siguió con su confesión. —Por un momento, estuve cegado por el amor y los sentimientos que ella despertaba en mí. Así que hice algo que te puede parecer terrible, pero ya estaba enamorado. Me acerqué a Lidia cuando te fuiste, y, entre besos y caricias, la convencí de que nuestro vínculo podría ser más fuerte que el que parecían tener ustedes dos. Ella cedió a mis palabras, me confesó que era a mí a quien amaba y me eligió a mí como su nuevo compañero. Golnet sintió cómo su corazón se rompía nuevamente al escuchar las confesiones de Demetry. El recuerdo de Lidia eligiendo a otro lobo sobre él había sido una herida que nunca sanó por completo y que le había hecho tanto daño, que actuó muy mal en el pasado, al punto de ser desterrado de la manada y de su propio hogar. —¿Te das cuenta el daño que me hiciste? ¿La forma en la que heriste a tu hermano, Demetry? Desde ese momento, mi vida se convirtió en una mentira. Lidia nunca fue mi verdadera mate, era una mentirosa, una cualquiera. —No te permito que hables así de ella y ensucies su memoria. —¿Qué es lo que no me vas a permitir? ¿Que diga la verdad? Una loba decente, no habría hecho lo que ella. Pero lo pagó muy caro... debía ser así. De mí nadie se burla y menos una loba, por muy maravillosa que pude creer que era. En aquel entonces, cuando ella te eligió a ti, yo estaba demasiado cegado por la envidia y el deseo de tener lo que tú me habías arrebatado. Demetry se quedó en silencio durante unos momentos, procesando las palabras de Golnet. Sabía que había actuado bajo los efectos de la ira y el resentimiento, que aún bullían en su interior, pero también había una pequeña chispa de compasión. Sabía que muy en el fondo, Golnet no era un lobo malvado, tal vez, en sus adentros podría estar arrepentido, así como también sabía que este, ya había pagado un alto precio por su error, el destierro. —Golnet, por favor, sé que has sufrido. Yo también lo he hecho durante muchos siglos, pero, es necesario que hagamos las paces, por el bien de nuestros hijos y su futuro, por el bien de esa niña... la Luna destinada para mi hijo, porque ha sido la misma Diosa quien la eligió para él, debes devolvérmela, y pueda cumplirse la profecía. De otro modo, todos desapareceremos, incluso tú y la manada que lideras. —No Demetry, lo que hiciste fue imperdonable. Me quitaste a mi mate, traicionaste nuestra amistad, nuestra hermandad, nuestro código y rompiste el vínculo sagrado entre lobos. Puedo ver el dolor en tus ojos y siento que has sufrido pero no lo suficiente. No puedo olvidar lo que pasó, y tanpoco estoy dispuesto a dejarlo en el pasado, me vas a seguir pagando esa traición. Las palabras de Golnet, no sorprendieron a Demetry. Sabía que su hermano no daría su brazo a torcer tan fácil. Quizás creyó que hablando de ello, obtendría alguna respuesta compasiva, pero estaba equivocado. Las lágrimas brotaron de sus ojos y se arrodilló frente a Golnet, mostrando su sumisión, tratando de hacer las paces, siendo él quien se doblegara ante su hermano, con el fin de saberse triunfador y le devolviera a Sarah, pero no era tan fácil. —¿Qué creiste viejo ridículo? ¿Que me doblegaría ante ti? O ¿Que iba a caer en tu juego? Olvídate de eso, no mereces mi perdón, ¡Nadie lo merece! El error aquí lo cometiste tú, por violar nuestros códigos sagrados, ahora seguirás pagándolo como en el ayer. Ya Lidia lo pagó, ahora voy por ti y por tu manada Luna Plateada. ¡Todos me las pagarán! —¡Por favor, hermano! Olvidemos todo, comencemos de nuevo, ya no tiene sentido que sigamos en esta situación. Tú haciéndonos daño. Sin darte cuenta que la Diosa Luna todo lo ve y lo sabe. —¿Qué me importa la Diosa? Ella está de tu lado desde el destierro de mi manada origen, por ello, todos lo pagarán, hasta la misma Luna. Y más atrás, la pequeña Sarah, quien, cuando obtenga lo que quiero, no volverá a ver la luz del día. —¡No, Golnet!, No la maltrates, haz conmigo lo que quieras, pero no le hagas daño a la Luna destinada, de lo contrario, no solo mi manada pagará las consecuencias, también la tuya. Estoy conciente d que no merezco tu perdón, pero te prometo que haré todo lo posible para enmendar mis errores y ser mejor. Nunca olvidaré lo que hice, pero puedo asegurarte que nunca volveré a dañarte. —Por supuesto que no lo harás, pero no será porque te perdone, sino porque tu manadita desaparecerá porque yo me encargaré de aniquilarlos uno a uno, mientras que la mía, ¿Adivina qué? Prevalecerá. —No entiendes, Golnet. La pequeña Luna está destinada a mi hijo, no al tuyo. Es un mandato de los ancestros y de la misma Diosa. No puedes ir en contra de lo que ella ha decidido. —¡Claro que puedo ir en contra de ella y de quien se me pegue la gana! ¡Soy un Rey Alfa, ¿Se te olvida que soy poderoso? —No más que la Diosa Luna. Por favor, hermano, ¡Arrepiéntete! Aún estás a tiempo. Golnet asintió, aceptando las palabras de Demetry, pero en su corazón, no podía perdonar y por ende, tampoco daría su brazo a torcer. Sabía que el camino hacia la reconciliación sería largo y difícil, pero no estaba dispuesto a darle una oportunidad a su hermano ni a nadie. Tenía un odio infinito en su corazón que no le permitía cambiar de opinión. —Entonces, hermano. Dejarás ir a Sarah, ¡Devuélvela! —Como se ve que no me conoces... En primer lugar, no acepto tu verborragia ni tus excusas baratas y en segundo lugar, olvídate de que el bastardo de tu hijo cumplirá la profecía, eso no pasará, porque a la Luna Sarah, ¡Nunca la volverán a ver!. Con el sol completamente oculto detrás de las montañas, el Rey Golnet, se perdió entre la penumbra del Bosque Oscuro, dejando a su hermano Demetry, acobardado y sintiéndose culpable por no saber qué sería de su manada y su reino. —¡Devuélvela, Golnet! ¡Te lo suplico! —decía el Viejo Rey Dimitry, en su mente, tratando que su hermano lo escuchara. —¡Imbécil! ¡Despídete de tu Reino! Porque será yo, quien lidere la única manada que quedará, la mía. Y tú y los tuyos, se harán polvo. —respondió su hermano a Demetry telepáticamente.
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