Las aguas tempestuosas se han calmado cuando nuestros besos formaron un pacto clandestino. Dejándonos tomar el desayuno sin arrancarnos la ropa y poseer nuestros cuerpos como bestias al frente de una Pamela algo incómoda. Esbozo una sonrisa ante la formalidad y la falta de miradas hacia Alejandro de su parte. ─Deberías de ser mi guarda espalda. Te deshaces de las miradas de las mujeres hacia mí, con un profesionalismo innato─ acota Salvatore, llevándome a darle una mirada detrás de la taza de café. La dejo en la mesita, culminando con el desayuno. ─Salvatore, te deberías es de cuidar de mí. Te puedo arrancar las bolas de un solo tajo...─ hago ademán con mis manos arrancando una especie de masa─... de un solo tirón. Y eso solo si llegas a mirar a una mujer como me miras a mí. Él abre la

