Me retuerzo debajo de él, sintiendo su peso. ─Lo que eres es un resentido que siempre quiso lo que tuvo Alejandro─ suelto, viendo cómo sus ojos se intensifican en los míos. ─¡Eso no es cierto!─ Exclama ofendido. ¿Ofendido, si me lleva diciendo trozo de carne ya un rato? Aprieto mi mandíbula al sentir más su cercanía, su aliento palpa mi cuello, erizándome la piel con rechazo en modo alerta. ─Si supieras que sé todo... eres una tonta─ escupe de repente, llamando mi atención. ─¿A qué te refieres? ─Alejandro no te estaba engañando, ilusa. Eres su más gran tesoro. Me pusiste las cosas fáciles. ─¡Deja de hablar así y ve al grano!─ Le exijo, moviéndome debajo de él para tratar de escaparme. ─El último trabajo que me dio tu querido Salvatore, fue investigar el sofocamiento de Sonia, que f

