¿Había dicho si? ¡Había dicho sí! Y es que si lo pensaba bien…, ¡Nah! Sí, sí lo pensaba bien, volvería a decir que sí. Quería ser su esposa. Terminó con un gruñido gutural, en mis adentros, dejándome descompuesta por completo, acabando conmigo una vez más, rompiendo mi interior sin reparo, llenándome de su semilla tibia. Ya con esta era nuestra tercera vez y cada nueva sesión supera a la primera, y aunque la primera vez la recordaría de manera permanente, las demás quedarían enmarcadas en mi cuerpo, el cual lo reconocía solo a él como su dueño. —¿Qué le diremos a mi familia?. —Pregunté entre jadeos Respiró igual de acelerado y descompuesto que yo y sonrió. —¿Importa?. —Respondió con una pregunta. Lo pensé durante unos segundos, imaginando la reacción de mi madre, la cara de K

