Aquel había sido un almuerzo un poco extraño, en el que nadie dijo nada y yo menos, porque, ya era suficiente raro estar sentada frente al novio de mi mejor amiga y quien me había mentido por ordenes de mi magnate tramposo: sin ella; como para, además, ahora saber que también había tenido su historia con la castaña que estaba a mi lado, mirándolo de reojo mientras llevaba uno que otro bocado de lasaña a su boca. Lo había dicho antes: La tensión apenas y se podía soportar, y es que el ojiverde también aprovechaba sus momentos entre bocados para darle una inspección rápida a ella. Alex trataba de ignorar el asunto, yo le daba pequeños bocadillos de pasta con salsa a mi bebé para que probara la receta de su abuela, y bueno, el ambiente se estaba volviendo un poco hostil. —Vamos al parque

