En fin, era una mañana agitada. Los labios de Alex seguían torturando mi piel cada vez que cerraba los ojos. Sus manos se apoderaban de mis senos y una de ellas torturaba mi centro y me exploraban como nadie más, ni siquiera yo, lo había hecho. Seguía recordando los roces de su pene en mis glúteos y como parecía que me estaba penetrando aún cuando nos distanciara la ropa. No, lo podía dejar de pensar en eso, no podía cerrar los ojos y dormir para dejar de recordarlo, porque las sensaciones se volvían más intensas a medida que lo hacía. El delicioso olor de su loción masculina de lavanda y musk alteraban mis sentidos, y no podía dejar de abrazar su saco. Esto debía terminar ya. Tenía que Olvidarlo. Me removí en la cama,giré de medio lado, luego giré al otro, me senté de nuevo. Una

