No quiero abrir los ojos. No quiero porque tengo miedo de que al abrirlos Miles esté frente a mí. El olor a musk y bergamota se mete por mi nariz y embriaga mis sentidos. Siento como unos cálidos brazos me cargan y escucho sus imponentes pasos. ¿Quién es? No tengo la menor idea, pero sé que por está sensación de seguridad que me envuelve, no estoy siendo cargada por Miles. Eso y que no ha dicho ninguna palabra estúpida, o que él no usa lociones tan caras. Con suerte y el ambientador en casa duraba unas tres semanas, porque estoy casi segura que él se lo echaba. —Sé que ya estás despierta. —Susurra una voz ronca y varonil en mi oído. —Solo dime si necesitas que te lleve a un hospital o si puedes caminar. Me dio un poco de vergüenza ser cargada en brazos por alguien que no siquiera

