ALEXANDER —Entonces… ¿Se conocen?. La pregunta de mi hermana hace que salga del trance en el que he entrado. Mi mirada sigue puesta en la torpe pero hermosa chica que está al lado de Samantha, mi hermana. —Siendo ese el caso no te sentirás tan solo en este pueblo. El filo con el que sus ojos se mueven a los míos desaparece cuando se da cuenta de que la he reparado más de lo que ella se imagina, tapando con algo de incomodidad sus lindos senos redondos, los cuales se ciñen y se muestran ante mí por la tela transparente de su pijama. Aquellos que de no ser por Sam, hubiera probado y devorado. Con esta ya iban tres veces que aquella pequeña loca de cabello rubio y ojos claros se cruzaba en mi camino. La primera había sido en el pasillo de mi edificio. Iba saliendo del elevador cuand

