Y ahí estaba, de rodillas, desnuda y puesta sobre la cama de una elegante habitación en el lujoso Diamond Palace. Dispuesta a todo. El poderoso magnate acarició mi trenza y me sacó un respingo, alteró mi respiración y provocó que un hipido saliera de mi cuerpo, al rodear la cama y subir a ella despacio, sin nada que cubriera su centro y… Era enorme, estaba duro, era Imponente y yo… yo era demasiado pequeña para él. Tanto que al ver su centro erecto lo primero que pensé fue: «Todo eso, ni en un millón de años, podría caber en mí» pero el lobo estaba ansioso, presente, listo y lleno de hambre y deseo, y yo, la oveja, quería conocer lo que era ser devorada por él. No obstante… —¿Lista? —tuvo la amabilidad de preguntar, acercándose cada vez a mi, tomando mis manos temblorosas para deja

