—Alex… —No. —Vamos, Alex, discúlpame ¿Sí?. —Emma ¿le puedes decir a la mujer que está a tu lado que ahora no puedo y en definitiva no quiero verla a los ojos?. —Al menos préstame a John… —Y dile de paso que no dejaré que cargue a mi hijo para que no le pase sus malas influencias. Sin dejar de beber de mi jugo volteo a ver a Sam, quien está roja, pero no sé si de vergüenza o de ira; luego miro a Ryan, quien juega incómodo con su cubierto y mira de vez en cuando a Alex y a Sam, y… ¿Qué decir? Esto es un caos. Para introducir un poco de contexto a esta locura, después de que Alex bajó a la cocina y soltó un grito de conmoción, salí corriendo apurada, dejando a mi bebé en la cuna, llegando hasta el lugar donde estaban sucediendo los hechos, y de donde había provenido el grito de

