Capítulo 14. La Reina vive.

1777 Words
Estaba que hervía en ira mientras caminaba hasta el escenario, debía admitir que me había sorprendido con la petición de la princesa, pero decidí usarlo como una oportunidad, le iba a declarar la guerra, le gritaría en la cara que estaba viva y que lucharía hasta mi último suspiro, sabía cual canción iba a cantar, la canción de “Alive” de la cantante Sia resonaba en mis venas, sería perfecta para la ocasión. Me paré frente a la princesa y le tomé las manos, use la magia para transmitirle las notas y la canción con el fin de que pareciera que ella también la sabía a la perfección y me preparé para cantar, me sabía las letras y dejé que tomaran vida a través de mi, siempre he estado orgullosa de mi potente voz, aunque había decidido ser escritora, toda mi infancia soñé con ser cantante y era realmente muy buena en ello, incluso me las arreglé para transformar mi conocimiento del piano en un uso adecuado en su instrumento parecido, esta sería la forma perfecta de iniciar y lo iba a demostrar. Comencé mi canción demostrando mi propia rabia, dejando salir mis emociones mezcladas con las de Morgana, observé fijamente al rey mientras casi le gritaba en la cara “¡Estoy viva!”, deje salir la magia de mi cuerpo hechizando a todo aquel que me escuchaba, sabía que me enfrentaba a un monstruo y también sabía que me había convertido en el demonio que lo iba a derrotar, que en una batalla entre seres de la obscuridad, la guerra la ganaría yo. Cuando cante la última parte y me quede callada, la sala entera guardo completo silencio, por un segundo escuche el latir de mi corazón apresurado y el apabullante silencio reinante, sin embargo, fue roto con los aplausos y clamores de cada invitado a la fiesta, parecía que mi interpretación había logrado su cometido, la mirada repleta de ira del rey me decía que el sabía más de lo que admitirá, pero no me importaba, acepto el juego, acepto el reto y esta vez, yo ganaré, no sé está enfrentando más a una indefensa niña, esta vez luchará contra la reina de la magia y del bosque, una reina enfurecida y hambrienta, una reina lista para derrotar al emperador. William subió al escenario a mi lado y me abrazo, sorprendiendo a todos, lo cubrí con mis propios brazos mientras observaba como su padre se ponía de pie y se acercaba a nosotros, me safe del abrazo y tomándolo de la mano lo insté a seguirme lejos del alcance de la ira del rey, podía sentir su propia y maligna magia latiendo, invocando a la mía, tratando de descubrirme, traté de salir de la sala, pero la potente voz del rey sonó por cada rincón cuando grito “!Atrapenla!”, traté de correr pero sabía que no podía llevar al príncipe conmigo o lo pondría en las riesgo por lo que solté sus manos y corrí, llegue hasta las puertas donde unos guardias me detuvieron el paso, me preparé para a****r juntando esferas de luz mágica en mis manos, estaba lista para luchar por mi vida ignorando los gritos que se comenzaban a escuchar de todos los asistentes. -¡Detente si no quieres que los mate!- Me congele en mi lugar cuando escuche la voz del rey tan cerca de mi, deje salir mi magia mostrando el rostro de Morgana poco a poco y me eleve algunos centímetros del piso mientras me daba la vuelta para enfrentarlo, sentí como se me helaba la sangre en las venas una vez que lo enfrenté cara a cara, tenía a su propio hijo agarrado con una espada al cuello, y con guardias amenazando también a los príncipes de Aragat, e incluso a mi nueva amiga Saraí. -Estoy seguro de que no querrás que sus muertes pesen en tú conciencia, no se que les has hecho, ni como lograste que te dejaran entrar en mi hogar, pero no dejarás que algo malo les pase, o acaso ¿me equivoco?- Dijo mientras pegaba más la espada al cuello del príncipe dejando una ligera marca que comenzaba a sangrar. -Asi que este es el verdadero rostro del héroe, del rey sol- Dije dejando escapar una sonrisa irónica y acercándome lentamente hasta él, -aquel que pretendió salvar a la humanidad de una bruja que no le había hecho nada, un rey que está dispuesto a sacrificar inocentes para lograr su objetivo, un rey que admite que ese demonio que él mismo acusa de ser capaz de destruirlo todo, se detendría a salvar gente de su propio enemigo. Guarde silencio por algunos segundos dejando que mis palabras calaran en aquellos que nos veían, sentía la duda flotar de los soldados al ver amenazado a su príncipe por aquel que decía proteger el reino, el rey estaba poniendo demasiado en juego con este movimiento, pero esta vez no sería tan fácil cubrir ni culparme por ninguna muerte, y tampoco era como si fuera a permitir que alguno de ellos saliera herido. -Esos que detienes ahí son tus aliados, tu aldeana y tu hijo, dime si yo soy el demonio a vencer -me acerque hasta dejar mi rostro justo frente al suyo mientras tomaba la espada y la alejaba un poco del cuello de mi príncipe y entrecerrando los ojos continué -¿qué me haría detenerme de matarlos a todos y huir? ¿O es que piensas matar a todos estos nobles también para cubrir que me amenazaste con la vida de tu propio hijo para detenerme? ¿Te volverás a deshacer de los testigos de tu propia sed de sangre y poder? Admite que no he sido yo la que ha querido destruirlo todo, admite que esas vidas fueron arrebatadas por tus manos y no las mías, admite que robaste la magia de mi familia y la transformaste en la peste que ha azotado a tu pueblo.- Un jadeó colectivo se escuchó por todas partes, todos los nobles invitados comenzaron a murmurar en medio de su incredulidad y terror, había logrado sembrar la semilla de la duda entre todos ellos, los representantes de todos los reinos de este continente. -¡Cállate maldita bruja! ¡Nadie caerá ante tus mentiras!- La cara del rey se veía roja de rabia, sus venas saltaban de una forma tanto desagradable como graciosa, sabía que se estaba controlando ya que si desataba su propia magia sería probar que yo decía la verdad. -No soy yo la que amenaza con una espada el cuello de su propio heredero, del príncipe amado por el pueblo, yo jamás lo puse en riesgo y como bien has dicho, detuve mi propia huida en pos de su bienestar.- Por primera vez dediqué un vistazo a su hermoso rostro y con delicadeza puse mi mano sobre su mejilla y le susurré “Gracias, te amo” dejando que una lagrima bajara por mi mejilla, sabía que me estaba despidiendo quizá para siempre, pero era más importante mantenerlo a salvo, deje que un rastro de luz tocara donde había sido herido curándolo instantáneamente y provocando un ataque de ira del rey, que soltando un gruñido feroz arrojó a su hijo a un lado y blandió la espada contra mi. -¡No se que le has hecho a mi hijo y a los regentes de Aragat pero jamás permitiré que te salgas con la tuya maldita bruja! ¡Jamás dejare que sigas lastimando a este pueblo!- Gritaba casi fuera de si mientras trataba por todos los medios de atacarme con la espada, solo para verse bloqueado una y otra vez por mi magia, retrocedí lo suficiente para ver como William se ponía a salvo y ordenaba a los guardias que soltaran a los demás, solo cuando los vi lejos de las espadas que los retenían pude respirar tranquila, había sido suficiente distracción, era momento de irme. -Yo no hice nada más que decirles la verdad- dije lo suficientemente fuerte para que todos los que nos rodeaban lo escucharan, haciendo que el rey perdiera todo el color del rostro y trastabillara al punto de caerse sobre sus rodillas soltando su espada, sin dudarlo la tomé en mi mano y le apunté directo al pecho. -He vuelto su majestad, he vuelto a tomar aquello que robó y me pertenece, he regresado a terminar lo que usted empezó, voy a terminar esta guerra.- Estaba lista, podía haber tomado la vida del rey justo ahí, Morgana quería que lo matara sin piedad, pero sabía que no recuperaría la magia si no arrancaba su corazón y lo comía aún latiente, lo cual solo les haría creer que de verdad era el mal a vencer y me encerraría en una nueva batalla contra otro reino, debía detener esto de raíz, y para eso, debía jugar un poco más. -¡Mátame bruja! A eso has venido ¿no es así?- Sabía que el rey preparaba una trampa y no estaba dispuesta a caer en ella. -¡Morgana!- La voz del príncipe casi logra distraerme, sin dejar de apuntar al rey volteé por un segundo a verlo, demostrando que lo estaba escuchando. -Se que tú lo vez como el monstruo que destruyó a tu familia, se que tú vez la maldad que en él habita, pero por favor, es mi padre, no hagas esto, demuéstrales a todos que eres mejor de lo que les han hecho creer, déjales ver a la mujer que me mostraste a mi, déjalo vivir Morgana, por favor. Pude escuchar su voz suplicante, sabía que ese príncipe era luz pura, que es un alma bondadosa y pura, pero yo no lo era y si no lo mataba aquí y ahora era solo porque no quería verme envuelta en una guerra eterna contra cada reino que decidiera destruirme, esperaría y lo haría de forma justa, dejando que sea el quien invada, dejando que fuera ese rey el que sellará su propia muerte. -¡Bien pues!- Sonreí alzando la espada y dejando que la magia se apoderara de ella haciéndola brillar como una linterna muy potente. -Que la cacería comience, acepto tu reto rey, trata de cazarme, veamos quien queda al final. Utilice la espada para cortar un portal que me llevaría a lo profundo del bosque y deje que la obscuridad me tragara mientras soltaba una risa macabra tapando de mis propios oídos el grito desgarrador de William, pidiendo que me detuviera, que no me fuera. Lo siento príncipe, por mucho que yo te pudiese amar, hay cosas que se tienen que resolver y para las cuales el corazón solo estorbaría.
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