Caminamos hasta la frontera del bosque y una vez ahí la veo dudar por unos segundos, la dejo tomar su tiempo hasta que esté lista y con un gran suspiro da un paso fuera del bosque, hasta donde se podría considerar territorio enemigo, la siento temblar ligeramente, pero solo cierra los ojos, endereza los hombros y se prepara, admiro su valor, le sonrió con ternura, animándola y agradeciéndole su valentía, una vez fuera seguimos el borde del bosque hasta que podemos ver el palacio y el pueblo que lo rodea, la gente nos ve pasar tomados de la mano, me sonríen y saludan, he logrado ganarme el cariño de mi Pueblo enfocándome en ayudarlos cuando lo necesiten y asegurando su bienestar con trabajos permanentes y bien remunerados, quizá mi padre podrá ser un maestro en la manipulación política, pero yo me he perfeccionado en el servicio público y eso se nota en el afecto que la gente a nuestro alrededor me profesa; otros días me hubiese quedado a mostrarle el pueblo, hay muchas cosas que me gustaría compartir con ella, pero por ahora hay cosas más urgentes que atender con mi padre, ella trata de liberarse un par de veces pero no se lo permito, mantenemos el silencio hasta las puertas que dividen al pueblo con el castillo, los guardias reaccionan de inmediato al verme llegar, el alivio en la mirada de todos me dice que la noticia se había propagado, por lo que sin dudar un segundo me abren las puertas y nos hacen una reverencia, no detengo mi paso y me adentro, listo para afrontarlo todo.
No pasa mucho tiempo hasta que Marco mi mejor amigo y casi hermano, llega corriendo hasta donde estoy, sabía que podía contar con los soldados para correr la voz de que su príncipe había vuelto, sin detener el paso llega hasta mi y me abraza, respondo sin soltar la mano de mi mujer, y si, mi mujer porque eso es exactamente lo que es. Observo a mi hermano y le doy un par de palmadas en el hombro, puedo notar su alegria y alivio al verme bien, pero su sonrisa duda ligeramente cuando observa a la mujer a mi lado, que logra mantenerse firme y serena aún cuando es analizada por estar agarrada a mi mano.
-Marco, ella es Hana, la mujer que salvo mi vida.- Me adelantó a hablar dejando a mi amigo perplejo, pero se recompone rápidamente cuando mi chica le hace una breve reverencia.
-Es un placer al fin conoceros milord.- Sus modales me impresionan, siempre la vi como alguien más bien salvaje y temeraria, pero cualquiera que la viese ahora, a pesar de su atuendo de campesina ordinaria, diría que actúa como una princesa por derecho propio.
-Es… umm… el placer es mío, joven doncella.- Mi amigo me observa y arquea una ceja interrogante, nunca he cuestionado a mi padre aún cuando él lo ha intentado y le asombra saber que este podría ser el primer paso a la rebeldía. -Deberán disculpar mis modales, como sospecharan han sido días realmente difíciles, y eso sin mencionar que ayer por la tarde llego la princesa Meryot.
Siento como mi chica se tensa al momento de oír ese nombre, sospecho que ella sabe porque esta aquí, y también que no le gusta, sonrio discretamente y acaricio su mano con el pulgar, dándole relajantes caricias, hasta que la siento respirar y recuperar el control. -¿Qué hace ella aquí? Se suponía que llegaría hasta hoy en la tarde.- El cambio en la agenda es extraño y me hace fruncir el ceño, tendré que modificar mi plan con la marcha.
-No lo sé.- Dice soltando un fuerte y cansado suspiro y frota con fuerza su cara. -Pero ha estado preguntando mucho por ti, al parecer le ha molestado que no estuvieras para recibirla, por fortuna le pude decir que siempre haces un viaje de caza a una cabaña cercana y regresarías antes de la hora prevista para su llegada.
-Sabia que podía contar contigo.- Le sonrio sinceramente mientras palmeó su hombro. -Ahora vayamos a enfrentar todo esto y ver que se traen entre manos.
-Escucha amigo, William espera…- Marco me adelanta y se pone frente a mi, con preocupación dibujada en su rostro. -No me mal entiendas, me alegra que hayas vuelto, y más que nada que estés entero, pero… no se si sea buena idea… -lo veo observar de reojo a Hana y me muevo un poco cubriéndola con mi cuerpo, haciendo que él suspire con pesadez. -No te quiero ofender, ni a la amable dama la cual debo mi vida por salvar la tuya, hasta me alegra ver que finalmente estás tomando decisiones propias, y te atreves a revelarte. Pero tu padre ya está hecho una furia, la llegada temprana de la princesa y tu desaparición han puesto las cosas realmente muy tensas, debes andarte con mucho cuidado.
-Es por eso que voy a necesitar de tu ayuda, voy a enfrentar a mi padre, no podré evitar que la vean pero quiero que la lleves hasta mi alcoba sana y salva- mis palabras me ganan miradas atónitas de parte de ambos pero ignorándolos continuo -y que no permitas que nadie más que yo entre a esa habitación, enviaré una doncella con un atuendo para ella, revisa el paquete y asegúrate de que es lo que envié y a las 6 acompáñala hasta el vestíbulo, ahí los veré, ella irá como mi acompañante personal en el baile de esta noche, quiero dejar en claro que ella está bajo mi protección, incluso ante mi padre.
-William yo…- Escucharla por primera vez en todo este tiempo me emociona, aún cuando detecto el miedo en su voz, me acerco y poso mis labios en los suyos, sorprendiendo a todos aquellos que nos observan. -No me gusta dejarte solo.- Termina, ganándose una sonrisa mía.
-Estaré bien, no te preocupes por mi, iré por ti lo más pronto que pueda, solo debo asegurarme de que todo esté listo, además me acompañarás en la fase 1 y 3, que son las más importantes.
Para cuando finalmente llegamos hasta las puertas del palacio estoy algo nervioso, pero no me permito tener miedo, tengo a mi lado a la bruja más poderosa del mundo y es mi deber protegerla, afrontaré todo con la frente en alto y la espada lista. La primera que viene corriendo es Shaira, mi pequeña y adorada media hermana, hija de mi padre y su segundo matrimonio, la abrazo ferozmente cuando se arroja a mis brazos.
-Te extrañe pequeño torbellino.- Le despeino un poco mientras nos sonreímos alegres.
-Estaba muy preocupada por ti, cuando me dijeron que no salías del bosque me asusté mucho.- Sus ojos llorosos me enternecieron mucho.
-Esta bien, si sufrí un accidente pero esta hermosa chica salvo mi vida, se llama Hana y le debo estar aquí hoy.
-Muchas gracias por salvar a mi hermano, desde ahora eres mi persona favorita.- Mi efusiva hermana me suelta y corre a abrazarla a ella, sé que cuando las cosas se calmen se llevaran muy bien.
-El placer a sido mío su alteza, el príncipe es alguien que valía la pena salvar.- Me sonríe tímidamente mientras responde al afecto de mi hermana.
Un carraspeo molesto nos interrumpe y el fuerte pisar de mi padre llega hasta donde estamos, me observa molesto por algunos segundos y siento como mi bruja se mueve, ocultando nuestras manos entre su vestido y haciendo un movimiento similar a una reverencia, inclinando el cuerpo hacia adelante, retrocediendo un pie y bajando un poco la cabeza, pero cualquiera que observase un poco, notaría que sus ojos seguían fijos en mi padre y que su pose era más parecida a una pantera acechando su presa que a una reverencia como quería hacernos creer. Tratando de evitar un momento incómodo y que mi padre la viese más de lo debido conociendo sus “debilidades” ante las mujeres hermosas y los retos, doy un paso adelante y me inclino.
-Su Majestad- Lo saludo tratando de imitar la reverencia que solía tenerle, tratando de ocultar mi recién descubierta repulsión a sus actos.
-Vaya, así que por fin te decidiste a aparecer pequeño inútil.- Su tono de reproche y regaño era obvio ante cualquiera que lo escuchara, pero no me importaba, siempre había sido así conmigo, pero sus siguientes palabras me provocaron un escalofrío que me hizo dudar de mi plan. -Pero al menos no llegaste con las manos vacías, trajiste un regalo.
Levante mi mirada y mi torso con velocidad, cubriendo a mi mujer con mi cuerpo mientras veía fijamente la mirada hambrienta que le dirigía mi padre. -Tengo una deuda de vida con esta mujer, y dedicaré la mía a proteger la suya.
Todos en el recibidor se quedaron en silencio, vi a mi pequeña hermana observarme con asombro y dirigir rápidos vistazos tanto a la chica, a mi, y a mi padre, pero antes de que alguien pudiese decir nada más un rápido taconeo lleno la sala y la esposa de mi padre entro a la habitación junto a una joven rubia.
-¡Oh Willy! ¡Me alegra tanto que estés bien!- Alison, la esposa de mi padre, se arrojó a mis brazos y me dio un cálido abrazo, la mujer era aún joven y desde que llegó me ha querido como si fuese mi madre, sus lágrimas llenaban su bello rostro y la gratitud se notaba en su mirada.
-Gracias madre.- Respondí limpiando su rostro de las lágrimas. Pero dirijo mi vista a la joven tras ella y le dedicó una reverencia. -Debe ser la princesa, bienvenida al reino alteza y lamento no haber podido estar para recibirla.- Procuró que mi tono sea Cortez pero distante, debo primero calar a la mujer antes de poder dar el siguiente paso.
-Descuide alteza,- me responde en el mismo tono aunque noto la esperanza en sus ojos. -me alegra al fin conocerlo.
-El placer es mío,- Sonrío displicente y busco con la mirada a mi amigo. -Marco, te encargo lo que te he pedido.- Camino hasta él y le entrego la mano de mi mujer. -Cuídala con tu vida, los iré a buscar en un rato más.
Siento la reticencia de ella al alejarse y la mirada que nos dirige tanto a mi como a la princesa, creo ver un destello de celos, pero antes de que pueda observar con atención acompaña a mi amigo y la veo alejarse, es la primera vez que estaremos separados desde que la conocí y ya puedo sentir su ausencia, ya la extraño, pero debo resolver algunos asuntos antes del baile de esta noche, y para eso debo mantenerla segura mientras lo hago.