Capítulo 8. Una tarde encerrada.

2369 Words
Utilice toda mi fuerza de voluntad para no regresar al lado de William, me agarre del brazo que su amigo me ofrecía y me enfoque en ver hacia adelante mientras una parte de mi quedaba atrás, estaba preocupada por cómo su padre reaccionaria, asustada por dejarlo solo en una situación potencialmente peligrosa, y.... Sin querer admitirlo celosa. La furia y el odio que sentí al momento de ver a su padre, el instinto asesino que se apoderó de mí por algunos segundos se vio rápidamente eclipsado cuando la princesa entró a la habitación, esa chica era aún más hermosa de lo que mi propia imaginación me había hecho creer, tan perfecta y hermosa que dolía el solo verla, quizá era como el sol y si te le quedabas viendo por un tiempo terminaría cegándote, o quien sabe quizá eran solo mis celos hablando. Suspiré pesadamente un par de veces, ganándome un vistazo de reojo de Marco, no entendía del todo por qué me veía así, pero tampoco comprendía del todo el porqué el príncipe ahora se atrevía a besarme frente a todos, el día de hoy me sentía mareada de la montaña rusa de emociones que me habían atacado, desde el pavor de alejarme del bosque, de arruinar la historia y de perderlo, hasta la sed de venganza y sangre que sentía, pertenecían a Morgana, y ahora para acabar, unos celos irracionales a la que se supone sería el amor de su vida, unos celos inconscientes que siempre le tuve. Traté de distraer mis pensamientos y emociones admirando el lugar, lo había visto en mi imaginación pero caminar por estos largos y de cierta forma lúgubres pasillos era una experiencia más allá de lo imaginable. El gran palacio era más parecido a una fortaleza medieval, que aunque hermoso y lujoso, también resultaba de cierta forma, aterrador y obscuro, cada pasillo tenía una larga alfombra color rojo sangre que amortiguaba nuestros pasos, grandes cuadros pintados a mano trataban de iluminar un poco cada rincón, y los candelabros de velas parpadeaban a nuestro paso, se notaba el toque femenino en cada esquina, alguien había tratado de convertir este en su hogar a toda costa. Me dejé llevar pasillo tras pasillo, hasta el punto de sentirme mareada, mientras analizaba lo que sabía de la familia de William, detalles que en su momento pensé que había solo imaginado, que incluso me sentía cruel al escribirlos, sabía que su madre había fallecido cuando él aún era muy pequeño, en un accidente del cual se culpó a la bruja, y una extraña emoción me atacó al pensar en ello, un anhelo mezclado con nostalgia y tristeza, quise analizar un poco más a profundidad en ello pero la voz de Marco me sacó de mis pensamientos. -Bueno mi lady, tal como lo estipuló su alteza real, esta será su alcoba.- Habló con un tono un poco más alto del que creí necesario, pero observe de reojo a mi alrededor, quizá si no hubiese estado tan perdida en mi ensoñación me habría dado cuenta antes de que alguien nos estaba siguiendo. -Entra a la habitación y párate cerca de la chimenea, no te muevas de ahí.- Susurro muy cerca de mi oído mientras hacía una reverencia tras abrir la puerta. -Gracias, maravilloso y noble caballero.- Susurre imitando su inclinación, él me observó un instante sorprendido con mis palabras y ambos nos sonreímos con complicidad ante mis palabras, casi con picardía. Entre por la puerta y lo vi alejarse con una disimulada sonrisa, estaba tensa y estresada y mi única forma de deshacerme de esa incomodidad era bromeando, siendo sarcástica y haciendo reír a otros, no era algo que planteará, simplemente me salía natural. Respire con profundidad cerrando la puerta y me recargue sobre ella unos instantes, puse el seguro y camine hasta la chimenea, espere pacientemente observando la habitación, no sabía que debía esperar, las recamaras de invitados no es algo que pasara por mi mente mientras escribía, me sentía asombrada de que fuera más que una simple recamara vacía, o algo en tono sepia por el descuido del autor, por el contrario era una bella aunque un tanto sofocante habitación, cada rincón poseía un detalle decorativo y la gigantesca cama de cuatro postes con dosel estaba decorada con pesadas telas de color rojo y n***o, era hermosa, a su manera, aunque el pensar en dormir aquí noche tras noche me sofoca a un poco, los muebles eran muy grandes, las decoraciones excesivas y las telas pesadas, como alguien demasiado necesitado de demostrar algo sin poder detenerse ni tener un gusto real, simple necesidad de poseer y aparentar. Estaba observando la chimenea cubierta de material dorado, casi me río al darme cuenta que se trataba de oro real, la condenada chimenea estaba hecha de oro macizo. Pero mi frustrada risa ante la ridiculez se vio interrumpida con un suave "clic", di un paso atrás y vi moverse la chimenea a un lado, dejando ver un pasadizo detrás desde el cual Marco me hacía señas para que lo siguiera, sin dudarlo camine hasta él y me adentre en el obscuro túnel. -Perdona por eso,- me habló él en susurros -pero es mejor así, quizá a William no le importe tu reputación pero a mí si, y eso servirá para despistar a los espías de su padre, deberás fingir que te quedas en esa alcoba, el interruptor a este pasillo está a la derecha de la chimenea, tócalo para abrir este pasadizo que conecta hasta la torre del príncipe. Asentí con rapidez, pero al recordar la obscuridad decidí responder en susurros para que supiera que había entendido. Caminamos un poco más y unas escaleras después, ya agotada de la obscuridad y silencio, llegamos hasta otra puerta, él jalo de una palanca y una puerta igual se abrió, dejándome ver la luz otra vez, por unos segundos me deslumbra y sentí lágrimas salir de mis ojos mientras me acostumbraba a la luz del día que entre a intensa por las amplias ventanas. Cuando al fin pude abrir los ojos me admire del espacio que nos rodeaba, a diferencia de la otra habitación está lucia verdaderamente elegante, estaba bellamente decorada con tonos azules, blancos y plateados, era sencillo pero exquisito, una especie de sala de estar con amplios y cómodos sofás, ventanales amplios que dejaban ver una terraza que daba la vuelta a la torreta en la que se encontraba el espacio, unas escaleras disimuladas dejaban ver un segundo piso ocupado por una amplia biblioteca y justo detrás de estas en el primer piso se veían unas gigantescas puertas dobles adornadas con una gran luna y sol plateados entrelazados, rodeados de estrellas, sonreí al recordar a mi niño del cielo, ese príncipe que admiraba la noche y amaba observarla, desee más que nada ser una estrella para que él me viera de la manera en que lo imagine tantas veces recostado en una tumbona de su terraza hablando y observando maravillado al cielo. Marco cerró el pasillo detrás nuestro con otro botón oculto a un costado de la puerta y camino hasta estas puertas y las abrió de par en par separando a los dos grandes astros, cosa que lamente, deberían estar juntos al menos en esa habitación. -Deberá esperar aquí mi lady, es un espacio seguro, todo está a su disposición, el baño está dentro de la alcoba segunda puerta a la izquierda, la biblioteca es amplia y variada y estoy seguro de que el príncipe no tardará en volver. -¿Te irás?- Pregunté al verlo caminar hasta otra puerta doble que supuse llevaba de vuelta al resto del palacio. -Haré guardia en la puerta con el fin de asegurar su protección mi lady.- Aseguró y sin más me dedico una reverencia y salió cerrando la puerta detrás de él. Solté un suspiro pesado y me acerque hasta los sofás, pasé mi mano acariciando el suave terciopelo del tapizado, me senté por algunos segundos, pero me sentía ansiosa e insegura, canciones se reproducían en mi mente, daría mi brazo por poder tener mi celular en la mano, así al menos me podría distraer por horas viendo videos tontos. Rindiendo me subí a la biblioteca y pasé los dedos por varios lomos, pero ningún título lograba calmar mi agitada mente, sin embargo, todo raciocinio me abandono cuando atravez de una de las ventanas alcance a ver a William tomado del brazo de la joven y bella princesa, los celos me embargaron y los nervios me obligaron a correr abajo hasta la terraza y abriendo las puertas me asome desde el que calcule tercer o cuarto piso, haciendo imposible que me arrojará al vacío, con el corazón en la mano los vi caminar hasta lo que parecía un jardín de rosas, los vi sentarse muy juntos y so reírse mutuamente, dejé salir un sollozo y me deja caer poco a poco de rodillas. Pase algunos segundos así, sintiéndome la peor basura del mundo, no debía sentirme así y lo sabía, no tenia el derecho a estar celosa, no tenía el derecho a reclamarlo como mío cuando siempre debió ser suyo, como podía molestarme si mi corazón me decía que él iba primero, me esforcé tanto en describir lo maravillosa chica que era esa princesa por él, para que fueran un equipo y se amarán más que nada, para que ella viviera lo que yo jamás tendría, no podía permitir que mi egoísmo les arrebatara la que debía ser su historia, menos aún sabiendo que yo ni sí quiera pertenecía a este lugar, amarlo no era mi destino, era el suyo y yo debía devolvérselo. No me había dado cuenta de que estaba llorando hasta que unos brazos me cubrieron colocando una manta sobre mis hombros, voltee y vi a Marco observándome con una mirada de comprensión, volteo hacia dónde sabía que se encontraban y ayudándome a ponerme de pie me llevó hasta uno de los sofás, se sentó a mi lado y me dejó llorar sobre su hombro hasta que sentí que poco a poco mi resolución de mandarlo hasta su felicidad le ganó al dolor de perderlo. Me senté un poco más recta y le agradecí con la mirada por la paciencia conmigo, apenas me conocía y ya había visto lo peor de mí, una llorosa y rota versión de mí. -Lamento eso, no sé ni porque reaccione de esa forma.- Limpie mis ojos con la mano y sorbí mi nariz un poco, él sacó un pañuelo de su solapa y me ayudó a limpiar las traicioneras lágrimas. -No te disculpes, creo que hasta cierto punto logró entenderte. -Gracias.- Sonreí al notar que había dejado de hablarme de usted y se había instalado una complicidad, incluso cercanía, supongo que nada ayuda más a iniciar una amistad que un momento de apoyo. -No sé que pasó en el bosque, pero William está diferente y... - pensó por algunos segundos en sus palabras. - él te ve diferente, nunca había visto esa mirada en sus ojos, así que no sé que pase allá abajo pero... - fijo su mirada en la mía y tomó mi mano, transmitiéndome la fortaleza que por ahora me había abandonado -ellos son príncipes de poderosos reinos que tienen responsabilidades y obligaciones más allá de lo que jamás podríamos imaginar, y que necesitan a un igual para poder llevar con ellos esa carga. No iba a negar que sus palabras me habían golpeado, pero tampoco pude evitar observar su mirada anhelante cuando hablo, algo más había escondido entre lo que había dicho, algo que le dolía tanto como a mí. -Tú lo entiendes, ¿no es así?- Sonreí con tristeza cuando se sobresaltó un poco, pero me respondió con su propia triste sonrisa. -El corazón a veces desea cosas que no podemos tener, pero eso no evita que desee luchar por eso con cada latido. Baje la mirada ante sus palabras, me dolían pero comprendía la verdad encerrada en ellas, sabía que debía hacer lo correcto por más que eso me matara. -Mejor platicame un poco de ti... Mi lady...- Se sonrojó al darse cuenta de cómo me había estado hablando, pero esa corrección solo me hizo reír, cosa que me sorprendió al creerme incapaz de hacer justo ahora. -Por favor, llámame Hanna, me parece que aquí ya quedó establecido que somos iguales, dos soñadores con corazones suicidas. Sonrió ante mis palabras y me dio un suave apretón en la mano en señal de apoyo, le regale la sonrisa más sincera que pude y recargue mi cabeza en su hombro, al principio se tensó pero poco a poco se relajó, yo solo necesitaba sentir un abrazo amigo ante la difícil situación de mis sentimientos. -Soy Hanna, una huérfana que vive en el pueblo vecino, me dedico a cuidar y sanar animales.- Relate la historia que tenía preparada en mi mente mezclada con parte de la realidad. -Conque cuidas animales eh.. Me puso algo nerviosa su cuestionamiento, no sabía si los veterinarios aquí eran o no comunes, nunca me había preguntado eso, pero manteniendo la calma pretendí ser una simple campesina. -Así es, el hombre que me crio cuando perdí a mis padres me enseñó a curar a los animales de mis vecinos cuando se lastimaban y cuando falleció me quede haciendo su trabajo. A ti... ¿Te gustan los animales? Mantuvo el silencio por algunos segundos poniéndome nerviosa, pero recargo su cabeza contra la mía y se relajó a mi lado. -Me encantan los caballos, me gusta criarlos, tengo varios propios en las caballerizas del palacio. Si bien la respuesta no me sorprendió realmente pues ya sabía muchos datos de él, habían otros que me eran desconocidos y aproveche el resto de la tarde en una amena charla tratando de conocer un poco más de sí mismo, quería conocerlo bien para poder hacerle justicia a su amable personalidad cuando tuviese que volver, con lo que no contaba fue que terminaría forjando un lazo de amistad con ese joven que en mi peor momento, sin pensarlo me dio lo que más necesitaba, la fortaleza que por un momento me abandono, lo admire y agradecí, al menos un amigo había encontrado aquí, en el palacio lúgubre y repleto de dolor.
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