William sonríe ante mi aceptación y pasamos por un breve momento de completo silencio en que ambos nos observamos a los labios fijamente, quisiera besarlo, anhelo hacerlo, pero me detengo, no se que sienta o piense él, pero daría toda la magia del mundo por poner mis labios sobre los suyos, afortunadamente el momento de tensión es roto cuando la pequeña zorrita se interpone entre nosotros en busca de la atención del príncipe y haciéndonos reír a ambos.-Claro, claro, también a ti te protegeré pequeñita, también seré tu caballero.- Le promete él mientras la acaricia y se pone de pie.
Para el momento en que puse los platos en la pequeña mesa y ocupamos cada uno las dos sillas disponibles, la conversación se había vuelto un poco más amena, la tensión había disminuido varios grados aunque aún se sentía íntimo y personal el compartir el reducido espacio de la cabaña. Con un movimiento de la mano abrí las cortinas que cubrían las dos paredes del cristal mágico dejando entrar la luz y la magia del bosque al interior y permitiéndonos ver hacia el exterior donde un par de animales paseaban pastando cerca.
-Este lugar es verdaderamente hermoso.- Su voz retumba en mi interior provocándome mariposas de emoción, esta cabaña es un lugar del que me siento muy orgullosa y del que sé Morgana se siente igual.
-Gracias.- Respondo tímidamente mientras llevo un bocado de comida hasta mi boca y la explosión de sabor provocó que exclamara un gemido sin poder evitarlo, llamando la atención del príncipe que llevándose un trozo de comida hasta la boca abrió los ojos en sorpresa y comenzó a comer con mayor ahínco, algo me decía que la comida en este lugar no solía saber así, por lo que debía tratarse de comida mágica, que aunque se había cocinado igual, tenía una procedencia más exótica, estrujé en los pensamientos de la bruja y vino a mi todo lo que tenía que hacer durante el día, que iba desde alimentar a las gallinas en la parte trasera de la casa, hasta dar rondines por el bosque en búsqueda de animales mágicos heridos y hierbas para usar en diversas pociones que una vez al mes baja a vender a los pueblos cercanos y que usa para re abastecerse de todo aquello que le pueda ser necesario, dejándome ver que la bruja es un ser menos solitario de lo que había imaginado en un principio.
-¿Quien construyó este sitio?- Por primera vez el joven ponía atención al hecho de que la joven parecía estar sola, al menos sin otra persona viviendo con ella, y se preguntó si habría por ahí algún amante, esposo o compañero secreto.
-Yo lo hice.- La sorpresa que reflejaron sus ojos no me pasó desapercibida pero yo solo sonreí tristemente y continué. -La cabaña original se encontraba al borde del acantilado que ahora ocupa el castillo de tu padre, después de la invasión me refugié en la cueva que mi abuela habitaba, pero por miedo a que me encontraran decidí construir esto.- Abro las manos abarcando el pequeño espacio. -Utilizando la magia y el permiso del bosque deforme algunos árboles hasta crear una especie de cúpula y con el frío del invierno llegando, aproveche el agua a mi alrededor para crear estos cristales,- paso la mano suavemente sobre la fría superficie a mi izquierda admirando el brillo tenue que desprende -me ayuda a camuflar la construcción ya que si lo vez desde afuera solo reflejará el paisaje del bosque y veras poco más que un montón de árboles juntos, cree mi pequeño refugio lejos de la vista de cualquier posible invasor y la niebla me ayuda a mantener este lugar por completo oculto.
-Vaya, eres realmente impresionante, desearía poder aprenderlo todo de ti y ver cada una de las cosas que eres capaz de hacer, espero me permitas poder hacerlo, empezando ya mismo.- Exclamó mientras terminaba el último bocado y se ponía de pie llevándose los platos de vuelta a la cocina, para después observarme fijamente recargado en la encimera. -Asi que, ¿qué es lo que haremos hoy?
-Disculpa, ¿haremos?- Pregunto mientras alzo una ceja y cruzo tanto los brazos contra mi pecho, como una pierna sobre la otra, dividiendo la atención del príncipe entre mis pechos y la parte descubierta de mi pantorrilla.
-Ya me oíste, pretendo aprender lo más posible, me pareces fascinante y divertida, así que como buen caballero pretendo pasar tiempo con mi damisela, y no hay nada que puedas hacer o decir para evitarlo.- La diversión se dibuja en su mirada mientras cruza los brazos sobre su pecho imitando mi propio gesto haciéndo que nos sea imposible mantenernos serios.
-Me parece que deberías volver a casa William, estoy segura de que todos allá están histéricos con tu desaparición, y lo último que quiero es que prendan fuego al bosque en tu busca.- En realidad no se porque lo digo, cuando todo lo que quiero es lo exacto opuesto, desearía que se quedara aquí a mi lado para siempre, desearía poder observar esos ojos grises turbulentos, el cabello n***o ligeramente rizado y esa mandíbula cuadrada por el resto de mis días, quisiera más que nada tocarlo, besarlo y amarlo, y es precisamente por eso que se debe ir, la historia debe continuar, y encerrarnos en esta cabaña no ayudará a eso.
-Eso sería lo último que harían, me necesitan vivo y si prenden fuego a todo corren el riesgo de dañar me en caso de que algo me hubiera sucedido, seguro están con grupos muy reducidos de búsqueda solo entre personas de alta confianza, mientras que mi desaparición se mantiene en secreto por miedo a la desastabilidad que eso podría ocasionar, al menos así será hasta que encuentren una forma de culparte. Cosa que voy a evitar. -Declara firmemente.- Ademas, no dejarías que tu paciente convaleciente regrese por su cuenta cuando aún requiere de tus atenciones y cuidados ¿no es así?
-Eso es chantaje.- Exclamo sorprendida mientras ambos disimulamos nuestras sonrisas y el solo encoje los hombros. -¡Bien! Un día, puedes quedarte aquí hasta mañana, pero después volverás al castillo, lo último que quiero es que se aventuren a mi bosque y lo pongan en peligro.
-Con una condición.- Me sonríe misterioso.
-¿Cuál?- Inquiero curiosa. Por primera vez lo veo moverse algo nervioso, casi inseguro de continuar.
-Quiero… ammm… quiero que nos sigamos viendo cada día, para asegurarme que estes bien, diario fijaremos una hora y un lugar para vernos, nunca deben ser los mismos y no vas a desaparecer en el interior de tu bosque, al menos no de mi, ahora que te encontré y te conocí, no quiero perderte.
Su petición me sorprendió bastante, y su mirada un tanto esquiva y nerviosa, los movimientos inquietos de sus manos y su propia pose un tanto muy relajada para ser real me parecieron tiernos, tanto que me hizo sonreír. -Tienes un trato caballero mío.- Me acerco y estrecho su mano en acuerdo.
Sin esperarlo el jala de mi acercando nuevamente mi mano a sus labios, pero justo antes de que su boca toque mi piel, le da la vuelta a mi mano y termina depositando un beso en la suave piel del interior de mi muñeca, enviando corrientes eléctricas por todo mi sistema nervioso, bruscamente retiro la mano y la pego contra mi cuerpo, no me quiero engañar de que quizá el se siente atraído hacia Morgana, aunque es una mujer realmente muy atractiva y me daría la oportunidad de vivir el romance idílico con mi personaje favorito, uno de muy corta duración.
Interrumpiendo mis pensamientos me alejo un paso de él, y rebusco entre mi ropa algo que ponerme. -Sera mejor que ambos nos cambiemos, hay un largo día por delante y ya que estás dispuesto a quedarte por el día, me vendría bien un poco de ayuda.- Observo al príncipe con detenimiento, sus prendas están algo sucias y quizá rotas en algunas partes, por lo que me enfoco a repararlas con magia, no tiene caso desperdiciar ropa que es buena y cómoda, ya pensaré en algo para que pase la noche, con una noche entera de pasar completamente vestida me era suficiente, siempre me resultó incómodo y no lo iba a repetir. Después tomé algunas prendas y me dirigí al baño, la única habitación con puerta separada del resto de la estancia, pero justo antes de que cerrara la puerta Mika entro detrás mío.
Con su paso decidido y audaz se sube de un brinco al retrete y me observa fijamente mientras comienzo a desvestirme. -Has cambiado bastante tu historia.- Comienza en una voz firme y sin juicios, simples hechos.
-Eso parece.- Me decido por unos pantalones ajustados de un manterial similar a la piel y una blusa de algodón color crema, un poco más holgada, pensando en el largo día que me espera.
-¿Y que opinas del nuevo curso de acción?- Menciona pretendiendo despreocupación mientras se lame una pata perezosamente.
-Creo que me gusta, la bruja jamás se queda con el príncipe, podría ser algo más interesante, ya veremos qué hacer con la princesa cuando está aparezca.- Mika asiente con un gesto seguro y simple.
-Bien, me mantendre cerca por si requieres ayuda, pero dejare que te tomes cuantas libertades desees, es lo que Morgana deseaba, que así como la dotaste de mucho de tu propia personalidad, te sientas libre de expresarla aquí.
Me visto a toda velocidad, emocionada por empezar este día junto al chico de mis sueños y dándole un breve beso en la cabeza a mi gatita me preparo para salir. -Morgana y tú son las mejores, gracias por permitirme ser parte de esto.
-Vaya…- Un extraño suspiro, casi como un siseo, escapa del príncipe en cuanto me ve salir del baño. -Es la primera vez que veo a una mujer usando pantalones tan…. Ajustados…
Lo veo moverse incómodo mientras se acomoda en el pequeño sofá de la estancia y solo sonrió, camino hasta él y me doy una coqueta vuelta para que vea mejor. -Son muy cómodos, casi como una segunda piel, me resultará más fácil moverme en estos. Vamos pues. -Tomo su mano y lo guió hasta la puerta, casi podría jurar que su vista está fija en mi t*****o, así que tragándome los nervios lo guío hasta el exterior.
El día transcurre en relativa calma por un tiempo, comenzamos las rondas siguiendo la magia del bosque, ayudando a pequeñas criaturas que por alguna razón lleguen a necesitar asistencia, en general cosas simples, más que nada por cazadores furtivos cercanos que buscan elixires y magia cazándolos, ahuyentó a un par de ellos en la parte norte del territorio y prestó atención a los rumores de grupos pequeños de búsqueda cerca de las fronteras del bosque, probablemente buscando al príncipe, sin mayor problema hasta ahora. Me concentro en juntar diversas hierbas, raíces y frutos durante todo el viaje, hasta que llega el momento de recoger unas plantas marinas por las cuales debo viajar hasta casi la frontera con el castillo, en el lago azul, un Ojo de Agua gigantesco que nutre al bosque entero de vida, conectado a los ríos que bajan desde las montañas y que en algún punto más al sur conecta al mar y donde algunas leyendas cuentan habitan sirenas.
Esta es la última parada. -Menciono mientras me quito las botas, la ayuda del joven príncipe me ha parecido maravillosa, ha demostrado paciencia ayudándome a sostener animalillos nerviosos mientras los curaba, recogiendo las plantas más difíciles y hasta escarbando con sus manos para recolectar raíces y hongos directos del suelo, pero esta labor es un tanto más delicada y requiere práctica ya que debo meterme entre las piedras de que llegan del rio y algunas de ellas son tan grandes como un caballo, por lo que considero que esta vez el me espere en la orilla.
-Espera ¿debes meterte al agua? Este lago es helado te congelarás.- Tiene un extraño impulso de observar fijamente mis pies desnudos aunque trata de evitarlo.
-Soy una bruja del bosque, descuida estaré bien, pero será mejor que tú me esperes aquí.- Comienzo a caminar hacia el agua enfocada en el pequeño espacio entre las rocas donde crecen los lirios que vine a buscar.
-Eso ni pensarlo.- Rápidamente se quita los zapatos y sube sus pantalones tanto como puede. -No te he acompañado hasta aquí para dejar que entres ahí tú sola, sin decir nada más camina hasta llegar a las piedras y comenza a escalarlas. -Solo dime las que necesitas y te las daré.
Al verlo comenzar a subir acelero el paso ya que para poder acceder hasta donde crecen debes saber subir con un truco, pero antes de que pueda llegar hasta él lo veo subir la pierna a una de las rocas trampa que aunque parece plana tiene una textura babosa y resbaladiza, casi en pánico corro hasta allí. -¡Espera! Por ahí….- Pero antes de poder continuar lo veo caer desde la roca y darse de lleno en el agua, quedando por completo empapado, se levanta con mirada asustada y calado hasta los huesos, su aspecto de perrito mojado me hace soltar una carcajada.
-Aunque tienes una risa hermosa, no es gracioso, me estoy congenaldo aquí.- Me arroja agua de manera burlona empapando mi blusa.
-Bueno si no fueras tan desesperado te podría haber dicho cómo subir.- Me acercó sacándole la lengua y subiendo muy poco en la roca que parece más cercana a la orilla, con delicadeza saco el lirio y se lo muestro. -¿Vez? Todo es fácil si sabes como agarrarlo.
-Eso es trampa, me hiciste creer que te adentrarías en el agua.- Podría jurar que hace un ligero puchero y me arroja un poco mas de agua, gesto que respondo y antes de que nos demos cuenta estamos enfrascados en una batalla de agua y riéndonos a carcajadas, tanto Mika como la pequeña zorrita, las cuales nos han seguido durante todo el viaje jugando entre ellas y ayudando a ratos, se alejan del campo de batalla; rápidamente terminamos empapados y helados, pero con unas sendas sonrisas en la boca.
-Vamos, volvamos a casa y te prepararé una bebida caliente mientras nos secamos frente a la chimenea.- Extiendo la mano y lo ayudo a salir del agua, el entrelaza sus dedos con los míos y volvemos de esa manera a la cabaña.
Ni bien llegamos me acerco a prender la pequeña chimenea frente al sillón y lo dejo acurrucado frente al fuego envuelto en una toalla, preparo unos chocolates calientes y le acerco la humeante taza a las manos, pasamos algunos momentos así, en un como silencio observando el fuego y entrando en calor bebiendo de nuestras tazas.
-Debo admitir que fue un día muy interesante y diferente, no sabía que habían tantas especies de animales diferentes dentro del bosque, ni que habían personas que creen que pueden hacer elixires y amuletos con estas.- William deja su taza vacía en la mesita de café y se acomoda nuevamente en el sillón, para este punto yo estoy medio recostada del otro lado dándole cierto espacio personal, sin embargo toma mis pies sorprendiéndome y colocándolos sobre su regazo, dándonos una imagen de una pareja casada después de un largo día de trabajo, aunque me siento sorprendida, no me resulta incómodo y me llena de calidez, por lo que me quedo así.
-Tu padre ha instaurado una religión que prohíbe el uso de esos artefactos, no quiere arriesgarse a que nadie más que sus subordinados directos puedan usar magia y pongan en peligro su dominio, lo cual en parte me ayuda a mantenerlos a salvo de gente que en su ignorancia y avaricia les hace daño, pero me alegra que la hayas pasado bien, para mi fue muy divertido tener un compañero el día de hoy.- Le sonrío acurrucándome un poco más en el sillón y dándole un poco más de acceso a mis pies, confianza que el aprovecha, pone una mano sobre el arco de mi pie y le da suaves caricias mientras me observa fijamente, pidiendo autorización, con una sonrisa acomodo mi pie en su mano en afirmación, sin requerir otro incentivo toma la planta de mi pie y comienza a dar un suave masaje, casi arrancándome un ronroneo de gato.
-Es un trabajo muy arduo para una sola persona, me gustaría que me dejes ayudarte ya que aunque tus zapatos y atuendo lucen cómodos, debe resultar extenuante para ti sola encargarte de todo.
-Me gustaría que me ayudes cada que tengas tiempo libre.- La combinación del masaje, el fuego y el cansancio provocan que mis párpados se sientan pesados y somnolientos, lucho por quedarme despierta lo más posible ya que sé que el se irá por la mañana, y esta sensación de calidez y confort se irán con él. Pero a pesar de mis esfuerzo poco a poco me voy quedando dormida, puedo sentir cuando el príncipe se mueve y me lleva en brazos hasta la cama, escucho el susurro de ropa aún medio húmeda al ser quitada y siento cuando su peso hunde un poco más el colchón, estando más dormida que despierta me acerco hasta él y lo abrazo, pegándome a su cuerpo. -Desearía que te quedarás conmigo…- No se si dije las palabras o solo las pensé pero William se acomoda cubriéndome con sus brazos y me da un beso en la coronilla, antes de quedarse poco a poco dormido junto a mi