Mi resolución de ayudarlo no había disminuido, pero a los pocos pasos me di cuenta de que sería más difícil de lo que esperaba, y las voces de sus compañeros comenzaban a ponerse muy nerviosas, llamándolo con cada vez más fuerza, comenzando a acercarse, mi tiempo era poco antes de que finalmente se decidieran a entrar a buscarlo llevados por el miedo a lo que a su único príncipe le hubiera pasado.
Analizando mis posibilidades ante el cuerpo inerte en mis manos, me quite la pesada capa y la puse en el suelo, colocándolo sobre esta e improvisando una camilla que me ayude a evitarle nuevas heridas en el viaje de vuelta, recordando la bolsa que Mika me había sugerido usar, decido probar mi suerte y meto la mano en búsqueda de una cuerda que me ayude. Por fortuna la bolsa de verdad contiene de todo y pronto llega hasta mi mano una cuerda lo suficientemente larga para atarlo a la capa y amarrarlo a mi cintura, cuando por fin me doy la vuelta para iniciar mi viaje veo los hermosos y azules ojos de la pequeña zorra observándome atentamente, me inclino para darle una caricia en la cabeza con ternura.
-Eres libre amiguita, vuelve a casa.- Con un breve chillido similar a una risa la pequeña peluda frota su cabeza contra mi mano disfrutando de la caricia y con alegres brinquitos la observó acercarse a los pies del príncipe y agarrar la capa con su hocico pretendiendo ayudarme con el peso. - Pero bueno, mira nada más, alguien ha decidido ayudarme aquí.- Escucho el resoplido de mi gata y con una risa disimulada comienzo a caminar.
El viaje de vuelta me resulta muchísimo más largo y pesado, al punto de que para cuando puedo ver la cabaña mi respiración es ya un jadeo pesado y cansado, hasta la pequeña zorrita tiene un aspecto de cansancio mientras se esfuerza por mantener su cabecita alzada ante el peso de los pies del joven.
Llegó a la cabaña resoplando y al borde de arrastrarme el resto del camino mientras Mika simplemente se lava la pata en la entrada observando nuestro pesado regreso.
-Ese fue un gran desperdicio de una buena capa- me reclama al chocar contra la puerta, apenas aguantando el temblor de mis piernas. -No sé que parte de que eres una poderosa bruja no has entendido, puedes usar la magia incluso para cargar cosas pesadas.- Su último comentario me hace observarla con malos ojos y con ganas de estrangular su pequeño y peludo cuello.
-¿No podías mencionar eso antes?- Le reclamo mientras desató mi cintura y me acerco a cerrar la puerta de la cabaña, para finalmente dejarme caer en una silla. -¿Cómo lo hago? No se puede quedar en el piso y no tengo la fuerza para alzarlo hasta la cama, así que aprender a usar magia sin perder el control me sería muy útil.
-Es muy sencillo- de un salto Mika se sube a la mesa junto a mí y se sienta viendo hacia el príncipe a pocos centímetros de mi brazo. -La magia vive en tu interior y te obedecerá, solo basta con pedirlo, cierra los ojos y proyecta la imagen de aquello que quieres lograr, eres nueva así que ayúdate con las manos para canalizar la magia hacia donde la buscas, imagina al príncipe levitando y ponlo sobre la cama.
Sigo los consejos de la pequeña gatita diligentemente y cierro los ojos, ahueco las manos frente a mí y me concentró en su peso sintiendo de inmediato como este llena mis palmas, lo alzó en el aire y me enfocó en moverlo hasta la cama, casi puedo sentir las sábanas rozando mis nudillos y lo bajo con suavidad, abro los ojos y me encuentro con el príncipe acomodado sobre el colchón y sintiéndome orgullosa dejó salir una brillante sonrisa.
-¿Vez? Naciste para esto, la magia es algo sencillo de usar, solo debes dirigirla adecuadamente- A pesar de su tono serio puedo ver la mirada de orgullo y la discreta sonrisa en su pequeña carita.
-Gracias por enseñarme y ayudarme, tu guía me ha sido muy útil, sin ti estaría perdida- me levanto y toco su suave cabecita con cariño. -Ahora utilicemos esta magia para sanar el daño que provoque y curemos a nuestro nuevo compañero.
Llevó la silla hasta un lado de la cama y me siento, quedando cómodamente junto al pecho del joven que sube lenta y trabajosamente, colocando mis manos sobre su piel comienzo a concentrarme en el corazón y le pido a la magia que me ayude a sanarlo.
No sé cuanto tiempo pasó de esta forma, pero trabajo lentamente, con seguridad y precisión, sanando cada parte, utilizó toda mi concentración y dejó que la luz sanadora fluya de mis manos y lo cubra por completo, sanando heridas que incluso eran antiguas, siento el sudor corriendo por mi frente y como el agotamiento se apodera de cada célula de mi cuerpo, dejándome totalmente agotada, sin embargo, no me detengo sino hasta que siento que mi trabajo está terminado. Cuando finalmente abro los ojos de nuevo la luz exterior casi se ha ido, tanto Mika como la pequeña zorrita duermen, una a los pies de la cama y la segunda sobre mi regazo, no sé cuando se ha subido ahí, pero acarició su pelaje despertándola, la llevo hasta la cocineta de la cabaña y le doy un poco de carne y algo de agua, parece que ha decidido quedarse así que deberé conseguir suministros adecuados.
Una vez me aseguró que mis compañeras peludas estén bien atendidas me dejo caer al otro lado de la cama y permito que el cansancio me lleve al mundo de los sueños, esperando que al día siguiente pueda retomar el curso de la historia.
Pasaron varias horas hasta que la tenue luz del amanecer y un suave y agudo ronquido despertaron al joven hombre, abrió los ojos y se sintió por completo desorientado, solo recordaba el miedo, el intenso dolor y después el n***o abismo, trato de mover el brazo y se encontró con que el suave ronquido provenía del animal que se encontraba profundamente dormido en su costado, reconoció al zorro que casi asesinaba ese día, aumentando su desconcierto, pero no fue sino hasta que volteo la cabeza que el aire salió de sus pulmones y abrió los ojos por completo por el impacto, ahí estaba ella, esa mujer que había visto brevemente antes de caer inconsciente, la bruja, completamente dormida a su lado, sintió el peso que detenía su pecho en su lugar, al bajar la vista noto que esa mujer tenía su brazo sobre él, en lo que podría parecer un abrazo, recordaba el miedo que se había apoderado de él en su último encuentro, pero por más que busco no pudo sentir nada de eso otra vez, la imagen de ella profundamente dormida y vulnerable a su lado le provocaba cierta y extraña calidez, casi como si fuera natural y perfecto despertar así, a su lado.
Con cierta timidez estiró el brazo libre, evitando despertar a sus extrañas compañeras de cama, y con delicadeza retiro un mechón de cabello que caía sobre el rostro de la mujer, dejando que sus nudillos acariciaran levemente su pómulo, ahora que podía verla mejor, desde una perspectiva sin riesgo notaba lo hermosa que era, observó con atención las múltiples pecas que cubrían sus mejillas, esos besos de sol que salen por pasar mucho tiempo fuera, la curvatura de su nariz, las pestañas largas y perfectas, esos labios que lucían en extremo besables y se detuvo dejando la mano en el aire, casi rozando nuevamente la blanca y suave piel de su rostro, sorprendido por el camino que empezaban a tomar sus pensamientos, y la extraña necesidad de besarla para saber si sus labios eran tan suaves como parecían, nunca había sentido una cosa así, nunca se había sentido tan atraído por una mujer y menos una que casi lo había matado poco tiempo antes.
Soltando un suspiro estiró se manera inconsciente sus piernas moviendo con el pie otro vulto y provocando que lo que parecía un simple gato doméstico de un color gris con rallas negras saltará desde su lugar y estirandose comenzará a pisar el cuerpo de la mujer a su lado, trato de moverla para evitar que esta se despertará pero al momento de moverse para lograrlo terminó moviendo toda la cama causando gran indignación en ambos animales que lo vieron con desaprobación. Pará cuando regresó a su posición original se encontró con unos hermosos ojos de un profundo color café observándolo con una sonrisa secreta, burlándose de él y su extraña situación.
-Me alegra que hayas despertado.- La sorpresa de mis propias palabras no me pasó desapercibida, al principio me había sentido nerviosa cuando los movimientos me habían despertado, pero no pude evitar sentirme divertida con la situación en la que mis amigas habían puesto al apuesto joven frente a mí. -¿Cómo te sientes?- La angustia y preocupación por su bienestar en seguida se impuso ante la diversión, sacándome un poco de mi estupor y evitando la íntima posición en que nos encontrábamos hasta hace pocos minutos.
Me muevo de la cama levantándome y camino hasta él, pongo una mano en su frente y después coloco mis dedos sobre su cuello tomando su pulso, mientras él me observa atónito y en completo silencio, no estoy segura de si me dirigirá la palabra o el porqué no me ha atacado tratando de huir, pero aprovecho la relativa calma para verificar mi tratamiento médico mágico.
Podía sentir sus ojos fijos en mí y en cada uno de mis movimientos, pero seguía sin dirigirme ni una palabra, lo que me hacía sentir nerviosa y algo incómoda, tenía al hombre de mis sueños justo frente a mí y él solo me veía como una amenaza, o peor, como un monstruo.
-Escucha... - comencé a decir algo nerviosa mientras me ponía de pie y caminaba hasta la cocineta. -Lamento lo que pasó ahí afuera, no pretendía causarte daño pero me molesto mucho ver a mi amiga herida y reaccione en consecuencia.
Mis palabras salían rápidas y nerviosas, huyendo a su mirada pero aún sintiendo sus ojos fijos en mí, afortunadamente mis dos amigas peludas me seguían de cerca, dirigiendo discretas miradas hacia la cama, pero felices ante la promesa de alimento.
-A modo de disculpa te daré algo de comer que te ayudara a recuperar tu fuerza y después podrás irte, estoy segura de que todos ahí afuera están realmente preocupados por ti, llevas una noche fuera y...
-Gracias.- Pronunció el joven antes de que pudiera continuar con mi nerviosa diatriba, dejándome congelada en mi lugar, dándole la espalda y agarrando una sartén por el mango.
-¿Qué?- La palabra me había salido en un susurro incrédulo y me obligue a voltear a verlo.
-Gracias por ayudarme ahí afuera, me siento en realidad mejor que nunca.- Suspiro pesadamente mientras se sentaba a un lado de la cama, sin dejar de observarme. -Y lamento mucho haber atacado a tu amiga, de haber sabido que estaba bajo la protección de la bruja del bosque jamás la habría perseguido, lo lamento en serio.
-Está bien, no es a mí a quien le debes una disculpa, sino a ella- señaló con la sartén a la pequeña zorrita que ahora brinca de regreso a la cama y se restriega contra el joven provocando me una sonrisa. -Y parece que ella te ha perdonado, así que por mí todo bien, pero deberás tener cuidado con las criaturas que merodean por este bosque porque no dudaré en defender a todas y cada una de ellas.
El joven no sabía que lo tenía más impresionado, si la situación, el animal que luchaba por sus caricias o aquella hermosa mujer que con solo una sonrisa le había robado el aliento. -Nunca lo olvidaré, descuida, jamás volveré a cazar ni remotamente cerca de tus territorios.
-Gracias por eso, y me alegra que podamos hacer una mejor primera impresión el uno del otro.- Dejando el sartén cerca de la estufa me acerco hasta él y extiendo una mano. -Mi nombre es Morgana, un placer conocerlo alteza.
-Llamame William, después de esto creo que es justo poder evitar todo titulo, así que solo llamame William.- Extiende su mano y toma la mía llevándola hasta su boca y dándome un beso en los nudillos, solo ese tacto mando una corriente eléctrica por todo mi cuerpo y me lanzó a las nubes, acelerando mi corazón como un loco, así que retire mis dedos de entre los suyos y con una sonrisa nerviosa regresé hasta la cocina.