-Me has arrebatado más de lo que jamás te podría perdonar.- Por algunos segundos sentí como la ira de Morgana crecía, impulsándome a a****r, a matar, sin embargo permanecí en mi lugar, no podría combatir la obscuridad con más obscuridad, debía mantener la calma y derrotarlo con algo que en este momento solo yo poseía. Respire profundamente y sentí una lagrima correr por mi mejilla, creo que ahora sabía porque Morgana me había traído. -No te dejare contaminarme, el miedo, el dolor y el odio no contaminarán mi corazón, jamás te permitiré tomar lo que queda de magia en mi.
Con un fuerte gruñido el viejo rey mostró su enfado, así como el odio alimentaba su poder, el amor alimentaba al mío, sabía que solo un corazón puro podría derrotar la maldad de uno corrupto, no sabía si yo sería capaz de lograrlo, pero estaba decidida a morir si era necesario por defender a Morgana y a las criaturas que protegía.
Respire despacio mientras lo observaba gruñir y enfurecerse cada vez más al notar mi poca reacción, intento atacarme un par de veces más, pero su propia espada lograba detener cada uno de los ataques que me lanzaba, esta espada realmente lograba absorber magia del atacante, sentía que su poder disminuía con cada golpe, sin embargo su tamaño comenzaba a crecer, suponía que de alguna manera su cuerpo se transformaba por la cantidad de odio que se veía sometido a contener.
Espere al punto en que sus golpes mostraban un punto de debilidad, cansancio, haciéndolos ligeramente más lentos y aproveché para agacharme sobre una pierna, estirando la otra y barrerlo con ella, haciendo un arco perfecto, provocando su caída, de prisa coloqué la punta de mi arma contra su cuello y lo observé con desprecio desde mi ventajosa posición.
-Esperaba mucho más de nuestra gran confrontación, la verdad.- Intentó levantarse, pero aprovechando su propio movimiento encaje más mi espada en su piel, cortando una fina línea que en seguida dejó salir un espeso y apestoso líquido de color negruzco, tan espeso que podía pasar fácilmente por petróleo.
-Maldita escuincla malcriada- Susurro con la mirada llena de odio viéndome fijamente a los ojos mientras usaba su mano para limpiar el asqueroso líquido de su piel. -Te voy a enseñar a respetarme, y verás como terminará gustándote.
Con un movimiento inesperado tomó el filo con su ensangrentada mano y creó un profundo corte en la palma de su mano, arrojando el líquido directo a mis ojos, observé su movimiento y logre esquivar parte del mismo, sin embargo una parte logró alcanzar a golpear el costado de mi rostro, el intenso ardor que sentí me hizo soltar un grito de dolor, era como si un fuerte ácido me hubiera golpeado, traté de quitarlo de mi piel con un pedazo de la capa que me cubría mientras regresaba mi atención al rey que se ponía de pie, pero con horror noté que la ropa comenzaba a desbaratarse también al contacto con la negruzca sangre.
-Como vez, el poder ha hecho cosas maravillosas conmigo, soy un arma mortal de principio a fin- se mofo acercándose a mi, retrocedí un par de pasos, pero notaba como el ardor y los vapores que comenzaba a expedir el líquido restante, se extendían por mi rostro y me hacía lagrimear dificultándome la vista.
-Tu siempre necesitarás de trucos baratos, jamás serás capaz de dominar la magia de esa forma, no tienes el valor para hacerlo.- El dolor comenzaba a reducirse mientras peleaba por mantenerme firme ante su renovado ataque, a la vez que evitaba a toda cosa que sus sangrantes heridas tuvieran contacto con mi piel nuevamente.
-Te jactas demasiado de tu supuesto honor, pero soy yo quien ha ganado hasta ahora cada batalla en que nos hemos enfrentado, fui yo quien asesino a tus padres a sangre fría, a tu anciana abuela y a la patética de tu hermana que con solo dos años trato de defenderlos, yo me trague sus aún latientes corazones- con su último comentario logró acercarse más a mi, los vapores irritantes salían de su cuerpo a gran velocidad nublando por completo mi vista, moví mi cuerpo tratando de evadir sus golpes, pero aprovechó su ventaja para inmovilizarme y haciendo algo que no esperaba, me abrazo por la espalda y pegó su cuerpo al mío, empapándome de su sangre, la cual de inmediato comenzó a lastimarme y a generar un ardor tan intenso que me obligó a gruñir al evitar soltar un grito -igual que ahora me comeré el tuyo, completando así el proceso que me convertirá en el ser más poderoso de todos los universos.
Un escalofrío recorrió mi espalda, no solo este mundo estaría en peligro si perdía, de alguna forma ese hombre sabía que habían más universos, otros mundos y si lograba asesinarme todos ellos estarían en peligro.
-Finalmente lo admites, no eres más que un monstruo que arrebató la magia de seres inocentes.- La voz que menos quería oír en estos momentos, pero que a la vez más anhelaba se escuchó en ese momento, justo frente a mis ojos apareció la borrosa figura de William, atravesando las llamas que había creado alrededor nuestro, se veía furioso mientras posaba sus ojos en mi, creí ver la preocupación brillar en su mirada, pero pronto el rey me brazo con más fuerza generando una nueva ola de dolor y finalmente arrancando un grito de dolor de mi garganta.
-Pero mira que nos trajo el viento, al bastardo traidor listo para ver a su amada morir.- Una risa maniaca salió de su garganta ensordeciendo me por algunos segundos.
-¡Quita tus asquerosas manos de ella!- Grito a todo pulmón, acercándose velozmente a nosotros, el miedo recorrió cada parte de mi ser, quería que él estuviera a salvo, necesitaba a ese hombre en un lugar seguro, sin embargo ahora estaba aquí y no permitiría que nada le hiciera daño.
-¿O qué niño ingrato?- Se burló su padre mientras detenía una envestida de su hijo.
-Te mataré yo mismo monstruo.- Mi príncipe atacaba con toda su fuerza al rey, obligándolo a aflojar su agarre sobre mi, caí de bruces sobre la tierra, enceguecida y tosiendo, me costaba recuperar la respiración mientras buscaba la magia dentro de mi para quitarme el dolor, rápidamente el bosque recurrió en mi auxilio generándome un alivio a través de la humedad del aire.
-Ella no te dejara asesinarme niño idiota- se burló, atrayendo mi atención -por si no te das cuenta necesita alimentarse de mi corazón un latiente para poder recuperar el poder de su familia, por eso se acercó a ti, te ha estado usando todo el tiempo para lograrlo.
Me preocupe por unos segundos de que le creyera, sin embargo noté como mi vista se recuperaba mientras más lograba alejarlo de mi, en ningún momento detuvo su ataque y en sus movimientos no hubo ni un segundo de duda, se quedó callado pero sonrió, logre ponerme de pie para ver como asestaba un golpe firme y profundo en la pierna del rey, haciéndolo caer.
-William.- Lo llamé acercándome a ellos, no quería que pesara en su conciencia el haber matado a su padre, sabía que en lo más profundo de su corazón no quería hacerlo.
-No me importa si comes su corazón Hanna, pero esta batalla es tan tuya como mía, y debemos pelearla juntos, no intentes alejarme por favor.- Sonreí de manera triste mientras tocaba su brazo.
-Gracias.- Sonreí genuinamente y tome la mano que sostenía la espada, sintiendo la calidez de su cuerpo a través de la palma de mi mano. -Creí que te mantenía a salvo de esto, no quería que vivieras con la culpa de dañar a tu padre amor mío, pero siempre has estado a mi lado, impulsándome a ganar esta batalla, lamento si pareció otra cosa, pero esta noche me has salvado y por eso te estaré por siempre agradecida.
-Nos salve a ambos amada mía, jure protegerte y lo haré con mi propia vida, y desde ahora hasta el día en que nos vayamos de esta vida deberás permitirme pelear a tu lado, no solo como un impulsor.- Acerco un poco su cuerpo al mío, el calor que de él salía logró calmar el dolor residual que aún lograba sentir, era casi como si una capa protectora me cubriera y curara.
-Desde hoy, hasta el final de los días.- Jure entrelazando mis dedos con los suyos.
En ese momento, justo cuando el rey trató de ponerse de pie, una inmensa fuerza mágica salió de nuestras manos entrelazadas, cubriéndonos con una potente luz de un blanco tan puro que iluminó todo a su paso y arrojó al rey al otro lado del claro, estrellándolo contra la pared de fuego que enseguida comenzó a consumir sus sombras mientras él luchaba desesperado por liberarse, provecho los segundos que esto nos regalaba y tomé el rostro de William entre mis manos.
-Sin importar lo que pase, te amo William, te he amado siempre y por siempre lo seguiré haciendo.- Junte nuestros labios antes de que el pudiese decir nada y absorbí todo el poder que un acto de amor sincero me podía obsequiar de manera libre y desinteresada, renovando mi poder y llevando mi propia magia nuevos límites, dándome el poder que necesitaba para terminar esta pelea.