Capítulo 11. Un encuentro incómodo.

2970 Words
Tomada de la mano del príncipe lo dejé dirigirme hacia la puerta, pero justo antes de salir de la habitación me di la vuelta y observé a Saraí caminar para recoger sus cosas, volteé mi mirada hacia el príncipe y con ojos suplicantes lo observé, no entiendo como es que comprendió mi mensaje, pero solo me sonrío y asintió, permitiéndome hacer mi voluntad, con una breve sonrisa y un casto beso sobre los labios, le agradecí dándome la vuelta una vez más. -¡Saraí!- Le hablé, llamando su atención. -Te agradezco mucho este momento tan agradable, y por ayudarme a verme tan hermosa,- le di una rápida reverencia en agradecimiento dejándola asombrada y muda -pero me temo que no sabría que hacer sin ti si por accidente derramo algo sobre mí o… ya sabes, -hice un gesto dramático con la mano abanicándome- tendré que pedirte que me acompañes como mi dama personal esta noche si no te causa ningún conflicto, ¿me podrías ayudar? Pude observar como sus ojos se abrían cada vez más y más con mi pequeño discurso, sabía que las damas de compañía tenían permitido asistir al baile casi como invitadas, por lo general las señoras las mantenían pegadas a sus faldas atendiéndolas, pero yo quería que ella disfrutara un poco de la noche conmigo, por lo que decidí usar el pretexto para hacerla entrar hasta la fiesta, me preocupe un poco cuando sus mejillas perdieron el color y los ojos se le llenaron de lágrimas, sin embargo, todo valió la pena cuando una pequeña explosión de euforia salió de entre sus labios y una brillante sonrisa iluminó su rostro. -Sera un placer, mi señora,- tomo mi mano libre y se inclino ante mi, al principio me incomo un poco, pero sabía que era la forma tradicional de agradecimiento en este mundo, por lo que simplemente sonreí -estaré lista en menos de 10 minutos mi señora, no se preocupe, no la avergonzaré, seré la dama de compañía más perfecta de todo el baile, se lo juro. -Tú jamás me avergonzarías, descuida, por el contrario se que me ayudarás a mantener las formas de este lugar que me es desconocido, veras en mi hogar las reglas de etiqueta son algo diferentes, y me ayudarás a no avergonzar al príncipe, así que tú salvarás mi vida hoy, te espero abajo. -No tardaré mi señora, estaré ahí junto a usted justo antes de que haga su gran entrada.- Y sin decir más se apresuró a bajar las escaleras, por un segundo me preocupe que se fuera a tropezar, pero la adrenalina y emoción la ayudaron a desaparecer de nuestra vista sin incidentes. Di una ligera risilla mientras regresaba mi atención al príncipe que me observaba con admiración y adoración, una mirada que en parte me aterraba y fascinaba. -Desearía que se me hubiese ocurrido antes, espero no haberle puesto en un aprieto para arreglarse….- me callé preocupada. -Descuida mi reina, los invitados aún están llegando y mis padres los reciben en la puerta principal, aún tenemos algunos minutos para regalarle. Además…- se calló aprehensivo por unos instantes mientras presionaba su mano contra la mia, apretándola más sobre su brazo. -Me gustaría presentarte oficialmente con alguien, por lo que tendrá tiempo más que suficiente. -Me alegra.- Deje salir el aire poco a poco, disimulando mi nerviosismo, nunca me ha gustado ser el centro de atención y mis inseguridades estaban justo detrás, esperando para a****r, por lo que tomé un poco de la personalidad de Morgana, enderecé mi espalda, eche hacia atrás mis hombros y caminé con la seguridad de una emperatriz, seguridad absoluta en ella misma que la bruja poseía y me prestaba para ayudarme a mantenerme entera mientras caminaba por los largos pasillos agarrada del brazo de mi príncipe. -Creo que nunca había visto a Saraí tan contenta ¿sabes? Por un segundo pensé que le daría un ataque o algo así.- La suave y masculina risa de William hizo que mi corazón latiera apresurado, incluso ese detalle tan sencillo resultaba tremendamente sexy. -Bueno, ella mencionó que a la servidumbre no se le permite asistir, y sé que aunque dijera que su parte favorita es arreglar a otros, bueno… que joven mujer no querría poder asistir a un baile de la realeza al menos una vez en la vida, ¿no te parece? -Me parece que fue algo muy noble y considerado de tu parte cumplirle ese sueño al que ella misma había renunciado, en cuanto a la asistencia de los trabajadores a las fiestas, es un tema que podremos tratar más adelante si te place.- Sonreí ante sus palabras, William será un excelente rey algún día, uno que velará por el bienestar y felicidad de su pueblo, de eso estaba segura, así como también sabía lo afortunada que sería la mujer que pasará a su lado el resto de sus días, un sentimiento agridulce de analizar. -Sus hermanos nunca se creerán que por fin pudo cumplir el sueño de ser dama de compañía de una gran señora, se que sus padres se pondrán muy felices por ella. -Es una gran chica, me ayudo a sentirme cómoda y pasar una tarde muy agradable en algo que suele ser un tanto tedioso y aburrido, la verdad me agrada.- Sabia que de cierta forma continuaba con el tema para evadir hacer preguntas sobre nuestro destino, para distraerme un poco de lo que se avecinaba, pero el tiempo se estaba acabando, en pocos minutos llegamos hasta las grandes puertas dobles que separaban las áreas privadas de la familia real del resto del castillo y con un fuerte suspiro William puso sus manos sobre las puertas y comenzó a abrirlas. -Me alegra que empieces a llevarte bien con la gente que aquí habita, espero de corazón que así sea con todos, quiero que ellos vean en ti lo mismo que yo vi y que aprendan a amarte como yo lo estoy haciendo, que dejemos juntos atrás el miedo y el rencor.- ¿Se está enamorando de mi? La pregunta daba vueltas por mi cabeza sin poder creerme que fuera real, es decir, sabía que el hablaba de Morgana y ya me sospechaba que se sentía atraído hacia ella, pero acaso esto podría ser ¿amor real? ¿Aunque así no fuera el cuento y su verdadero amor fuese otra persona? Las dudas, el remordimiento y la culpa me azotaron de golpe y más aún al ver del otro lado de la puerta a la joven princesa Meryot, del brazo de Marco, esto no debería ser así, no debería estar pasando, sabía que debía corregirlo, pero en realidad no quería hacerlo, ni sabía cómo hacerlo. Di un paso dentro de la habitación mientras observaba cómo los dos jóvenes frente a mi se ponían de pie, abandonado el diván en que se encontraban sentados y el príncipe cerraba la puerta detrás de nosotros, recorrí con la mirada el lugar rápidamente, varias decenas de vidrieras dejaban ver diversos tipos de joyería, incluso varios modelos de coronas y tiaras, esta debía ser la habitación del tesoro, altamente resguardado y asegurado, más en un día como hoy, pero a pesar de ello, no había nadie más que nosotros a la vista. William me tomo posesivamente de la cintura, animándome a caminar hasta el centro de la habitación, donde nos esperaban los otros dos, llevándonos justo frente a ellos. -Hanna, te presento oficialmente a su alteza real, la princesa Meryot.- Sin saber que más hacer le hice una reverencia mientras trataba de no verme asustada manteniendo el contacto visual todo el tiempo. -Su alteza real, le presento a mi Hanna, la joven de la que le platiqué esta tarde.- Me tensé contra su mano y se que se dio cuenta de lo incómoda que me sentía, pues empezó a acariciar mi costado con el pulgar de su mano, tratando de transmitirme calma. -Vaya, así que tú eres la jovencita que ha robado al príncipe de mi lado ¿eh?- se acerco hasta nosotros quedando de pie a menos de un metro de mi, reconocía a la princesa, la había descrito, aunque siempre me pareció un poco más insípida de lo que estaba demostrando ser, en parte creo que era por mis propios celos, no la quería tan perfecta como en el fondo sabía que era. -Nadie es robado alteza, ellos deciden irse.- Dije antes de poder controlar mi boca, pude escuchar la fuerte inhalación de Marco y la risa contenida de ambos principes, estupida, estupida de mi, jamás aprendería a callarme, por todos los dioses Hanna contrólate. Termine mi regaño mental con una sonrisa de disculpa en mis labios. -Disculpe mi atrevimiento su alteza, no pretendo molestarla de ninguna forma. -No te disculpes.- Alzo la mano deteniéndome de seguir hablando. -Lo que has dicho son palabras sabias, tú no robaste a nadie, el te eligió a ti, y viendo el fuego de tu mirada, entiendo el porqué. -Dio un paso atrás y asombrándome tanto a mi como a los dos hombres hizo una profunda reverencia ante mi. -Es un placer conocerla finalmente señora Morgana, reina del bosque y de la magia. Senti cuando el color se fue de mi rostro, las manos se me pusieron heladas y comencé a temblar, el instinto me hizo dar un paso atrás, preparándome para huir, para evitar la emboscada, incluso sentía como la magia hormigueaba bajo mi piel en espera para ser desatada, sabia que me encontraba en una habitación por completo blindada, sin ventanas y con solo una puerta que daba hacía el interior del castillo, mi mente volaba al mil por hora hasta que se interrumpió al sentir la mano de William presionar mi costado, por un segundo se sintió como si alguien me encajara un puñal, con la traición escrita en mi mirada lo volteé a ver. -¿Porque?- Mi voz se escuchaba rota, mi corazón latía al mil por hora y todo mi cuerpo se preparaba para el impacto, para el dolor, hasta hacía un segundo creía que se estaba enamorando de mi, pero ahora me sentía por completo traicionada y esperando que los guardias de su padre irrumpieran y me arrancaran el corazón aún latiendo, tal y como había hecho con toda mi familia, que finalmente robara mi magia, la magia del bosque. Di un paso más hacia atrás, e instintivamente me prepare para luchar, pero con toda la calma del mundo William puso su mano libre sobre mi mejilla y me atrajo con la otra, casi pegándome a él. -Tranquila mi amor, todo está bien, los traje a esta habitación porque es la única que está por completo insonorizada y sellada a cualquier intruso, estamos a salvo, jamás dejaré que te ocurra nada, hablé con la princesa hoy para ganarme su favor en el plan de detener a mi padre, y a Marco le confío mi vida sin dudarlo. Regresé mi atención a nuestros espectadores, la princesa me veía con una sonrisa conocedora, esa chica sabía más de lo que jamás hubiese imaginado, pero Marco, el nos observaba pálido e incrédulo, con un terror innato que se notaba en cada poro de su ser, yo era el monstruo malo que desde niño le habían enseñado a odiar y temer, así que al menos no solo yo había sido sorprendida aquí. -Tenemos un trato su alteza real príncipe William, le otorgó mi favor y apoyo, así como el de mi reino, en su cruzada para proteger al bosque mágico y a su reina.- Era oficial, me iba a desmayar, así que de eso se trataba esto, ella quería conocerme para saber si nos apoyaría, no sabía en qué constaba el trato que habían llegado, tampoco me estaba gustando en realidad esta interacción, pero la risa histérica y aterrada que se escuchó me robó mi momento de pánico. -¿Pero que están locos? ¿Acaso han olvidado quién es ella y lo que ha hecho? ¡William, asesino a tu madre!- Gritó haciéndome molestar, solté un gruñido bajo molesta y asustada, sin embargo el me veía con cara de que se haría del baño encima en cualquier momento del miedo, haciéndome reír internamente. -Yo jamás he matado a nadie sin ser defensa propia.- Gruñí por lo bajo molesta, se que debería estar llorando y aterrada, pero algo me lo impedía, quizá el propio orgullo de Morgana, me transmitía la fuerza que necesitaba para sacar mi verdadero yo, y demostrarles quien era la bruja, estaba harta de tanta falsedad, de tanta calumnia, y le pondría un alto. -¡¿Acaban de oír lo mismo que yo!? ¡Admitió ser una asesina!- Gritó casi histérico, sintiendo como mi paciencia tocaba su fin me erguí a todo lo alto, vacié mi mirada de toda emoción y dejé caer un poco el disfraz, mostrando a la verdadera Morgana, dejando que su voz tomara el control dije aquello que siempre quise decir, y que sabía ella también lo anhelaba. -Lo único que he admitido es que he defendido mis tierras, a mis protegidos y al corazón de la magia, con cualquier medio a mi disposición, evitando así que los invasores lo tomen por la fuerza destruyendo todo aquello que por milenios ha existido bajo la protección de mi sangre, he hecho lo que ha sido necesario para cuidar y proteger aquello que amo.- Lo observé fría y distante, muy distinto al momento que tuvimos en la tarde, en que sentí que quizá podía llegar a ser mi amigo. -Marco, amigo, tú ya la conociste, ¿te parece que es todo aquello que nos han hecho creer? ¿Tu de verdad vez a mi padre como el héroe que derrota a la villana? ¿Qué es ella la villana?- William se interpuso entre ambos, quitando la atención de mi y dejándome respirar una vez más, calmándome, de verdad me estaba defendiendo, aún sin tener porque me había creído y me ayudaría a proteger todo aquello que debe ser protegido de la ambición de su padre. -Yo… yo no…- Marco titubeo dejándose caer nuevamente sobre el diván, se veía menos asustado pero la confusión tomaba su lugar. -Yo jamás herí a la antigua reina, ella fue una mujer admirable y valerosa, una protectora para su pueblo y amiga del bosque, lloré su pérdida al igual que ustedes, por lo que si quieres señalar al culpable de su muerte, estás apuntando al lado opuesto.- Sabía que era una confesión muy fuerte, casi se podría decir que estaba culpando al rey de este hecho, pero esas eran las palabras de Morgana, ella estaba intentando decir algo, y yo la dejaría hacer lo suyo. -¿Conociste a mi madre?- Me pregunto William tan esperanzado como dolido, sospechaba que porque no lo mencioné antes, pero la verdad es que yo me estaba enterando hasta ahora, dejando que la memoria de Morgana tomara el mando. -Ella solía llevar ofrendas a la linde del bosque y pedir disculpas por el daño ocasionado, creo que de alguna forma sospechaba lo que había pasado, llegue a cruzar palabras con ella un par de veces, incluso me pidió que cuidara de su pequeño hijo cuando supo que su marido se había perdido en su ambición, si la conocí, y la admiré profundamente, murio siendo una amiga del bosque y lamente, y lamentare hasta el día de mi muerte, que no pude protegerla.- No estaba segura de que reacción esperaba de su parte, pero William me besó, apasionadamente, algo que hasta ahora no había hecho con esa intensidad, la electricidad recorrió cada una de mis terminaciones nerviosas y el calor recorrió mis venas mientras sentía como sus manos acariciaban posesivamente mi cuerpo, solo separándose cuando nos faltaba el aire. -Mi madre me contaba cuentos, de antiguos guardianes y guerreros, de como la magia mantenía el color en el mundo, creo que ella siempre lo supo, que intento detener a mi padre, y eso fue lo que la mato.- Jadeábamos un poco, entremezclando nuestros alientos. -Ella me regalo la fe y tú me la has devuelto. Un carraspeo mezclado con risa interrumpió el momento, evitando el próximo beso que sabía me iba a dar, devolví mi atención a los demás, Marco tenía la cabeza entre las manos, agarrando el pelo con sus dedos y la princesa nos observaba divertida, aunque su mirada dejaba entrever un ligero toque de celos también. -De acuerdo, admitiré que tu padre jamás me ha agradado, detesto como te trata y como trata a todos los demás, el no es el héroe que nos quieren hacer creer, así que te daré el beneficio de la duda.- Dijo mientras me observaba fijamente.- Pero te estaré vigilando, prefiero pecar de precavido que de descuidado, es la vida de mi mejor amigo y hermano la que está en juego, y si le haces algún daño, pelearé contigo. Simplemente asentí con la cabeza, me dolía perder una posible amistad con él, era uno de mis personajes preferidos, pero lo entendía y respetaba, además de que jamás le haría ningún daño a ninguno de ellos adrede y lo iba a demostrar. -Bueno,- comenzó la princesa mientras caminaba hacia la puerta -una vez finalizado esto y acordando ser aliados, será mejor que vayamos a enfrentar lo que nos espera y que iniciemos el juego, mi hermano ya debe haber llegado, buscaré el momento para hablar con él, príncipe William, te dejo el resto, ¿Vamos?- Tomo a Marco del brazo, llevándoselo con ella en dirección al salón de baile, mientras mi príncipe me daba un rápido beso, y pasaba la mano por mi espalda, calmando mis conflictiadas emociones. -Esta bien, estoy lista, comencemos el juego.- Respíre ya más tranquila. -Esa es mi chica.- Me veía con orgullo y amo r mientras hablaba y me tomaba del brazo para seguir a los demás rumbo al salón.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD