Estaba intensamente feliz y emocionado, una charla que había comenzado con nerviosismo e inseguridad terminó siendo un completo éxito, yo sabía que tenía las de ganar con la joven princesa apelando a su propio sentido de justicia y curiosidad natural, finalmente la extensa investigación suya que mandé a realizar cuando mi padre me anunció sus intensiones daban frutos, si bien mi intensión era estudiar a la que suponía sería mi futura esposa, ahora me servían para buscar su ayuda y alianza en mi nuevo objetivo, detener a mi padre y su invasión.
Subí emocionado hasta mi alcoba, cargando una pesada caja con un regalo para la mujer que me había abierto los ojos y seguido de una doncella que llevaba más objetos en sus brazos, estaba emocionado de anunciarle e invitarla al baile, esta sería la primera vez que acudía por mi propio pie al baile que cada año me celebraban.
Me acerque a las puertas dobles y note la ausencia de mi amigo, me asustó en un primer momento pero la apagada voz de ambos me llegó desde el otro lado, y por primera vez en mi vida quise estrangularlo, le había pedido que la cuidara, no que se encerrara con ella.
Dejándome llevar por mi nueva y d*******e emoción abrí la puerta de golpe y casi mató a golpes a mi amigo cuando los vi alejarse el uno del otro del sillón en que estaban acurrucados, mi chica tenía las piernas recogidas sobre el sofá y estaba cubierta con una cobija, mientras que mi amigo sentado junto a ella la abrazaba por los hombros, ambos lucían íntimos y nerviosos, no quería dudar de ninguno de ellos, pero la mente se me nubló y vi rojo, queriendo lanzarme a los puñetazos contra Marco.
Pero me detuve, cuando de reojo, observe a la mujer que se levantaba del sillón con el fin de ponerse en medio, dejó caer la cobija y se puso de pie frente a mí, sus ojos aún seguían rojos, sus mejillas sonrojadas y la nariz se le notaba roja eh hinchada, ella había estado llorando y el aire salió de golpe de mis pulmones helado mi sangre, sin dudarlo atravesé el espacio que nos separaba y la cubrí con mis brazos.
-¿Qué ocurre mi princesa, porque lloras?
- Murmure preocupado mientras acariciaba su rostro.
-Porque en realidad no soy una princesa, y jamás lo seré.- Sorbió un poco su nariz aguantando el llanto una vez más y sin poder resistirme a la ternura que me generaba levante su rostro acunando su barbilla con mis manos y di suaves besos en sus mejillas y labios.
-Tienes razón, eres una reina por derecho propio.- Sonrió con tristeza mientras me observaba, pero antes de que dijera nada más el movimiento de la doncella detrás de mí llamó la atención de todos, la vi agacharse a recoger la caja que yo llevaba y había dejado caer en mi arrebato. -Te he traído un obsequio reina mía.- La tomé de las manos y camine hasta la doncella, tomando la caja se la entregue a mi mujer. -Quiero que seas mi acompañante durante el baile de esta noche.
Sonreí recuperando un poco de mi buen ánimo anterior mientras observaba a esa hermosa mujer tomar nerviosa y emocionada la caja y la llevaba hasta el sillón en que antes estaba, con manos temblorosas abrió el paquete y observe a esos hermosos y juguetones ojos volver a mi emocionada.
-¿Te gusta?- Pregunté nervioso de su reacción, sabía que me había basado por completo en mi gusto personal para encargar el vestido adecuado para ella, pero desde que lo vi en el aparador del sastre real oficial, supe que quería que mi futura esposa lo luciera algún día y por eso había mandado traerlo para esta noche.
-Es más que hermoso, va más allá de lo que mi imaginación y palabras podrían describir.- Hablo mientras lo sacaba poco a poco de la caja observándolo con admiración, si bien sus palabras me parecían extrañas, con verla feliz me era más que suficiente.
-Y eso no es todo, quiero que uses por favor estos accesorios.- Me acerque una vez más hasta la doncella y tome la caja que me ofrecía, para llevarla hasta mi chica, aun algo temblorosa abrió poco a poco la caja que le ofrecía y abrió mucho los ojos cuando observó lo que contenía. -Sé que no es lo más nuevo y si quieres podemos cambiarlo y comprarte algo mejor.- Nervioso dude de mi propia elección.
-¡Por supuesto que no!- Dijo quitándome la caja de las manos y pasando con delicadeza sus dedos por encima de los diamantes. -Esto es lo más hermoso que he visto en mi vida.
-Esto perteneció a mi madre- comencé a decir mientras tomaba la tiara y la colocaba con delicadeza en su cabeza - y ha estado guardado por mucho tiempo esperando a la nueva portadora adecuada.
No sé si sabía lo importante que esto sería no solo para mí, sino para el reino entero, pero algo en su mirada me decía que así era, esto resultaba en una declaración absoluta pues mi madre había sido adorada más allá de las fronteras de este continente, fue la hija de un rey muy adorado en su tierra, y ella siempre tuvo aún en su corto reinado la fama de la protectora de su pueblo, era una mujer noble y apasionada, libre y guerrera, personalidad que de cierta forma veía en la mujer frente a mí.
-Portaré con orgullo tu regalo mi príncipe.- Con una sonrisa deslumbrante se puso de puntillas y me dio un casto beso en la mejilla, pero sin querer dejarlo así la tomé de las mejillas y me apoderé de sus labios.
-Sé que si reina mía- Sonreí ante su sonrojo y el cómo veía de reojo tanto a mi amigo como a la joven y sorprendida doncella. -Ahora quiero que te ayuden a cambiarte y ponerte aún más hermosa para presentarte durante el baile, quitarás el aliento a todo el que te vea.
Sonrei sincero mientras le hacía señas a la doncella que con paso apresurado tomó a mi mujer de la mano y se la llevó hacia el cuarto de baño, mi mujer me dedico una mirada enigmática justo antes de que se cerrarán las puertas tras ella.
Un carraspeo me sacó de mi ensoñación haciéndome dar cuenta que veía hacia la puerta con añoranza en la mirada, sin dudar me di vuelta para enfrentar a mi amigo.
-Me puedes explicar ¿que hacías abrazándola? Te ordené que la cuidaras pero no que la tocaras.- Habían celos encerrados en mis palabras y lo sabía, pero él solo me Sonrió y me dio una palmada en el hombro.
-Espero que sepas lo que haces amigo mío, porque esa mujer es especial y con esto la pondrás en el ojo del huracán.- Sonriendo solo camino hasta la puerta y volteo la mitad de su cuerpo. -Cuídala bien, porque lo merece.
-Lo sé, lo haré.- Susurre justo cuando cerraba la puerta tras él.