Un Respiro Entre Batallas El sol se filtraba a través de las cortinas de lino blanco, acariciando la piel desnuda de Helena. La suave brisa marina entraba por el balcón, trayendo consigo el aroma del océano. Era un despertar distinto, lejos de las estrategias y las intrigas. Sebastián se movió a su lado, pasando un brazo por su cintura y acercándola a su pecho. Su piel aún estaba tibia después de la noche anterior, marcada por caricias y susurros que prometían eternidad. —Buenos días, mi reina —murmuró contra su cuello, su voz aún cargada de sueño. Helena entreabrió los ojos y sonrió. —Buenos días, mi rey. Por primera vez en meses, no tenían prisa. No había reuniones, amenazas, ni estrategias de guerra. Solo ellos dos, en una villa privada en Santorini, con el mundo a sus pies y el a

