Capítulo 5 - La Reina sin Corona

511 Words
Capítulo 5 - La Reina sin Corona Tokio era su tablero de ajedrez. Helena lo recorrió con la confianza de quien conoce cada rincón, cada secreto escondido tras los rascacielos relucientes y las sombras de los callejones. Cinco años atrás, la ciudad la había tragado. Ahora, la devoraría ella. En el interior de la limusina que la transportaba por la avenida Roppongi, se quitó la chaqueta de cuero y la dejó a un lado. Ya no necesitaba ocultarse. Su reflejo en el vidrio le devolvió la imagen de la mujer en la que se había convertido: bella, poderosa, letal. Vestía un conjunto elegante de diseñador, con tacones de aguja y un maquillaje impecable que acentuaba la intensidad de su mirada. Los tiempos en los que fue una víctima habían terminado. —¿Lista para hacer una entrada triunfal? —preguntó Markus desde el asiento del copiloto, ajustando su corbata. Helena sonrió con calma. —Siempre. La Búsqueda del Primer Aliado El auto se detuvo frente a Leviathan, un club nocturno exclusivo que no figuraba en mapas ni en guías de la élite, pero donde los más poderosos de Tokio cerraban acuerdos en privado. Al bajar, el guardia de la puerta la reconoció de inmediato y apartó la cuerda de terciopelo sin preguntar. Sabía quién era. Adentro, la música envolvía el aire con un ritmo sensual y peligroso. Helena avanzó entre la multitud sin prisa, captando miradas a su paso. Nadie la ignoraba. Su objetivo estaba en la zona VIP: Kaito Renji. Empresario, inversionista, y lo más importante… enemigo de Alexander. Cuando Helena llegó a su mesa, Kaito alzó la vista con una sonrisa intrigada. —Si esto no es una alucinación —dijo, recostándose en su asiento—, entonces estoy ante un fantasma. Helena tomó asiento frente a él y cruzó las piernas con elegancia. —Un fantasma con asuntos pendientes. Kaito bebió un sorbo de su whisky y la observó con interés. —Dicen que moriste. —Dicen muchas cosas —respondió ella, con un destello de diversión en los ojos—. Pero lo que importa es lo que voy a hacer ahora. —¿Y qué es eso? Helena se inclinó ligeramente sobre la mesa, bajando la voz. —Voy a desmantelar a Alexander pieza por pieza. Y necesito a alguien que disfrute verlo caer tanto como yo. Kaito sonrió. —Interesante. Pero dime, Helena… ¿qué ganas tú si le quito su imperio? Ella apoyó el codo sobre la mesa y deslizó los dedos por el borde de su copa, con un aire de absoluta seguridad. —Gano lo mismo que tú. Poder. Libertad. Justicia. Kaito la miró en silencio durante un instante. Luego, una carcajada baja escapó de sus labios. —Eres más peligrosa de lo que recordaba. Helena sostuvo su mirada. —Soy la mujer que nadie pudo enterrar. Y créeme, Kaito… ahora soy imparable. Kaito alzó su copa. —Brindemos entonces, por el principio del fin de Alexander Drake. Helena sonrió y chocó su copa contra la de él. La partida había comenzado.
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