Capítulo 7 - El Primer Golpe
El amanecer en Tokio trajo consigo una tormenta, pero no de lluvia.
Helena se encontraba en la suite de su penthouse, vestida con un traje n***o impecable, el cabello recogido en una cola alta y la mirada fija en los informes que Naomi le había enviado esa madrugada. Cada documento era un ladrillo que iba a arrancar de los cimientos del imperio de Alexander.
—Es ahora o nunca —dijo Markus, apoyándose contra la pared con los brazos cruzados.
Helena deslizó un dedo por la pantalla de su tablet.
—Kaito ya se infiltró en su junta de accionistas. En una hora, desestabiliza su empresa desde dentro.
—¿Y Naomi?
—A punto de lanzar una demanda multimillonaria. Los fiscales estarán sobre él antes del anochecer.
Markus sonrió.
—Alexander va a volverse loco.
Helena alzó la vista.
—Ese es el punto.
Caos en el Imperio de Alexander
Mientras la mañana avanzaba, la noticia estalló en los medios financieros: las acciones de Drake Industries comenzaron a desplomarse.
Alexander, furioso, irrumpió en su oficina, arrojando su teléfono contra la pared.
—¡¿Qué demonios está pasando?! —rugió a sus abogados y asesores, que se removían incómodos en sus asientos.
Uno de ellos tragó saliva antes de responder.
—Las cuentas offshore que usamos para desviar fondos han sido filtradas a la prensa. El gobierno está investigando.
Alexander sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—¿Quién hizo esto?
Silencio.
Hasta que Victoria, su mano derecha, exhaló lentamente.
—Solo hay una persona que tendría acceso a esa información…
Alexander apretó los puños.
—Helena.
Su peor pesadilla había comenzado.
La Estocada Final
Esa noche, Helena recibió un mensaje de Naomi.
“Hemos ganado la primera batalla. Su junta está en crisis.”
Helena apagó la pantalla de su celular y se miró en el espejo.
Era solo el comienzo.
El tablero estaba en movimiento, y Alexander apenas entendía que estaba jugando a su propio funeral.
Pronto, él no solo perdería su fortuna. Perdería todo.
Incluso, su poder.
Capítulo 8 - La Respuesta de la Bestia
El reloj marcaba las tres de la madrugada cuando el teléfono de Helena vibró sobre la mesa de cristal.
Un mensaje.
"Te creíste intocable. Ahora verás lo que significa desafiarme."
Sin remitente. Sin firma. Pero no hacía falta.
Helena sonrió con frialdad.
—Alexander ha decidido jugar sucio —dijo en voz baja, deslizando el dedo sobre la pantalla para borrar el mensaje.
—¿Qué planeas hacer? —preguntó Markus desde el sillón, observándola con cautela.
Helena tomó una copa de vino y la sostuvo con elegancia.
—Dejar que crea que tiene el control.
El Ataque en la Oscuridad
La limusina de Helena se detuvo frente a la sede de Tanaka & Associates, la firma de abogados de Naomi. La lluvia repiqueteaba contra los ventanales del edificio, y dentro, el ambiente estaba cargado de tensión.
—Intentaron hackear nuestros servidores esta noche —informó Naomi con expresión seria, girando su laptop hacia Helena—. Alguien quiere borrar todas las pruebas contra Alexander.
—¿Lo lograron? —preguntó Helena sin alterarse.
Naomi sonrió con satisfacción.
—Por supuesto que no. Pero este ataque confirma algo: sabe que lo tenemos acorralado.
Helena cruzó las piernas y exhaló con calma.
—Entonces, es hora de empujar un poco más.
Un Movimiento Peligroso
Esa misma noche, Helena