El ambiente en la torre se había vuelto sofocante a pesar del aire acondicionado. Parecía como si la tensión de la inminente amenaza de Ricardo hubiera impregnado cada rincón del edificio, haciendo que todos los presentes sintieran un peso en el pecho. Helena, sentada en su despacho con la espalda apoyada en varios cojines, respiraba con lentitud, intentando aplacar el dolor que subía y bajaba por su espalda. Su embarazo ya en el tramo final no le daba tregua, y el estrés constante empeoraba las punzadas que la sacudían a ratos. Sebastián revisaba informes en su tableta, de pie a un lado del escritorio. Su mirada se alzaba cada pocos segundos para posarse en Helena, comprobando si ella necesitaba algo. Cuando la vio acomodarse con un gesto de dolor, se acercó con preocupación: —¿Te encue

