Junio Marcelo se limitaba a esperarle para empezar. Había ordenado al azotador que parara de dar latigazos en el aire y había dicho al interrogado: —Hemos sabido que, para conseguir una recompensa, indicaste a tu primo Pirro, llamado Elimas, la tumba de Jonatán Pablo para que pudiera violarla: ¡Confiésalo! —No —había emitido con voz postrada el atemorizado Anaximandro. —¡No te he oído! —¡No! —había repetido el atado con un tono forzadamente más alto. Luego dijo a Marcos, de nuevo sumisamente—: Sabes que no te he dicho eso. El decurión: —¡Entonces haré que te azoten inmediatamente! El dolor de Marcos había aumentado hasta un sentimiento de culpa. Se había acercado a Junio Marcelo y le había dicho al oído, susurrando para no humillarlo delante de sus subordinados, pero con tono de ord

