EL QUE NO QUISO LUCHAR FUI YO —¡¿Por mí?! —susurró—. ¿Qué tengo que ver yo? Se alejó un poco desviando la mirada. Cerré los ojos y dije lo que jamás pensé; —Porque me enamoré de ti. Me miró como si no asimilara mis palabras. Se llevó las manos cubriéndose la boca, el brillo de sus ojos hermosos se hizo presente, con la voz temblorosa susurró; —¿Estás hablando en serio? Asentí, me acerqué lentamente y acaricié su mejilla. —No sé como pasó, ni en que momento, pero tú hiciste que acabara con una relación de más de un año. Esto no está bien. Sonrió con dulzura, acarició mi mejilla; —¿Tú cómo estás? —indagó. —Bien, era lo mejor. —Te confieso algo —giró sobré sus pies y caminó hasta la puerta—. Siento un fresquito, lo siento por ella. Sonrió, abrió la puerta. »Mañan

