EL QUE NO QUISO LUCHAR FUI YO Capítulo 26. Cuando término de leerla terminé con los ojos cristalizados, una vez más me dejó sin palabras, la miré fijamente y sus ojos también estaban tristes, le dediqué una sonrisa forzada; —¿Eso es una declaración de amor? —traté de bromear para romper la tristeza que nos rodeaba—. No sabía que escribías, te quedo muy bonita. —Digamos que es mi declaración —acarició mi mejilla—. Yo tampoco sabía que escribía, ya ves lo que hace la inspiración de una persona enamorada. Soltó una risita. —¿Cuándo pensabas dármela? —pregunté. —La escribí cuando volví de tu casa, guardaba la esperanza de algún día poderla entregar. —¿Si no te hubiese confesado mis sentimientos me la darías de igual manera? —inquirí. —No lo sé, tal vez —inspiró profundamen

