14-Ecos del pasado

985 Words
La mañana llegó con una calma engañosa. Eleanor estaba sentada en la mesa del comedor con una taza de café entre las manos. No lo estaba bebiendo. Solo lo sostenía, sintiendo el calor filtrarse lentamente entre sus dedos. Richard estaba en la cocina revisando correos en su teléfono. El silencio entre ellos era distinto esa mañana. Más pesado. Más consciente. Eleanor sabía que él estaba pensando en lo mismo que ella: la conversación incompleta de la noche anterior. Richard dejó el teléfono sobre la encimera. —Hoy no trabajas, ¿verdad? —No —respondió ella. —Bien. Eleanor levantó la mirada. —¿Bien? Richard caminó hasta la mesa y se sentó frente a ella. —Porque vamos a hablar. No había agresividad en su tono. Solo determinación. Eleanor apoyó lentamente la taza sobre la mesa. —Te escucho. Richard la observó unos segundos antes de continuar. —Desde que saliste del hospital… algo cambió. Eleanor sostuvo su mirada sin pestañear. —Eso suele pasar cuando alguien casi muere. Richard ignoró el comentario. —No me refiero a eso. Se inclinó ligeramente hacia adelante. —Me refiero a que ya no sé qué estás pensando. Eleanor dejó escapar una pequeña sonrisa. —¿Alguna vez lo supiste? Richard no respondió de inmediato. Había algo en ella que le resultaba nuevo. No era debilidad. Era algo más difícil de definir. Control. —Eleanor… —dijo finalmente— esa noche. El silencio cayó de nuevo. —¿Qué noche? —preguntó ella con calma. Richard la miró fijamente. —La noche de las pastillas. Por un segundo, Eleanor sintió el recuerdo cruzar su mente. El frasco. El suelo. La sensación amarga en la garganta. La oscuridad. Pero lo que realmente recordaba no era eso. Era algo anterior. Una conversación meses antes. —A veces siento que mi vida ya está escrita —había dicho Eleanor mientras miraba por la ventana de su oficina. Richard había levantado la vista de su computadora. —Eso se llama estabilidad. Ella no había respondido entonces. Ahora tampoco respondió. Richard esperó unos segundos. —Quiero entender qué pasó esa noche. Eleanor entrelazó las manos sobre la mesa. —¿De verdad? —Sí. —Entonces tal vez deberías preguntarte por qué nunca lo notaste antes. Las palabras quedaron flotando en el aire. Richard frunció ligeramente el ceño. —¿Notar qué? Eleanor se levantó de la mesa. —Nada. Caminó hacia la ventana del apartamento. La ciudad se extendía frente a ella, llena de movimiento. La vida de miles de personas continuando sin detenerse. Pensó en Alexander. En el hotel. En la manera en que todo se sentía diferente cuando estaba con él. —Tengo que salir —dijo finalmente. Richard se levantó también. —¿A dónde? Eleanor tomó su bolso del sofá. —A respirar. Y salió del apartamento antes de que él pudiera hacer otra pregunta. El aire de la calle era frío. Eleanor caminó varias cuadras sin rumbo fijo. Necesitaba pensar. O tal vez solo necesitaba sentir que todavía tenía el control. Su teléfono vibró. Alexander. "¿Dónde estás?" Eleanor dudó unos segundos antes de responder. "Caminando." La respuesta llegó casi de inmediato. "Ven." Eleanor sonrió levemente. Había algo en la forma en que Alexander decía las cosas. Directo. Sin preguntas innecesarias. Sin expectativas sociales. Solo deseo. Y peligro. Ella levantó la vista hacia la calle. Sabía exactamente a dónde iba a ir. Alexander estaba esperando en su apartamento esta vez. No en el hotel. Cuando Eleanor entró, él estaba apoyado contra la barra de la cocina con una copa de whisky en la mano. —Pensé que tardarías más. Eleanor dejó su bolso sobre la mesa. —Richard empezó a hacer preguntas. Alexander levantó una ceja. —Eso no me sorprende. Ella se quitó el abrigo lentamente. —A mí tampoco. Alexander caminó hacia ella. Había algo en su mirada esa tarde. Curiosidad. Pero también algo más profundo. —A veces me pregunto algo —dijo él. Eleanor inclinó la cabeza. —¿Qué cosa? Alexander apoyó la copa sobre la mesa. —Si realmente quisiste morir aquella noche. El silencio llenó la habitación. Eleanor lo observó durante unos segundos. —¿Por qué preguntas eso? Alexander se acercó un paso más. —Porque no actúas como alguien que quiso desaparecer. Eleanor dejó escapar una pequeña risa. —¿Y cómo actúa alguien así? Alexander se detuvo frente a ella. —No lo sé. Sus ojos no se apartaban de los de ella. —Pero estoy bastante seguro de que no se ve así. El aire entre ellos se volvió más denso. Eleanor sintió el corazón latir un poco más fuerte. —Tal vez no sabes tanto como crees —dijo ella suavemente. Alexander levantó una mano y apartó un mechón de cabello de su rostro. —Tal vez. Sus dedos rozaron su cuello. El contacto fue suficiente. El beso llegó casi de inmediato. Más intenso que las veces anteriores. Más urgente. Como si ambos sintieran que el tiempo se estaba acortando. Eleanor lo empujó suavemente contra la pared mientras sus manos recorrían su espalda. Alexander soltó una pequeña risa contra sus labios. —Cada vez eres más peligrosa. —Tal vez siempre lo fui. Sus respiraciones se mezclaban. El mundo exterior dejó de existir por unos minutos. Pero cuando finalmente se separaron, Alexander la observó con una expresión distinta. Más seria. —Hay algo más en tu historia, Eleanor. Ella lo miró. —Todos tenemos algo más. Alexander negó con la cabeza. —No. Se inclinó hacia ella. —Lo tuyo es diferente. Eleanor sostuvo su mirada. Por un instante pensó en decir algo. Algo verdadero. Pero luego simplemente sonrió. —Tal vez un día lo descubras. Alexander no respondió. Pero algo en su expresión le dijo que ya había empezado a buscar. Y cuando Alexander empezaba a buscar algo… no se detenía fácilmente.
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