Era sábado. La gran noche. La noche en la que se suponía, las cosas con Mariano se arreglarían. A Mario no le había avisado, de hecho, estaba buscando excusas para no responder a sus numerosos mensajes. 'Que estaba trabajando' 'Que había reunión' 'Que tenía el teléfono en silencio', entre otras mentiras. La verdad, es que debía inventar otra pequeña mentira para decirle que no podría ir con él a la junta. Por otro lado, mis compañeras de curso, incluyendo a Karen, no habían dejado de atosigarme con preguntas que no quería responder, sobre mi supuesto extra guapo novio, con el que asistiría el sábado. Es decir, hoy. '¿A qué hora paso por ti? Otro mensaje de Mario. Cuando vi la hora, y calculé que quedaban alrededor de tres, decidí que ya no podía evadir más el tema, así que hice lo qu

