Las tres nos metimos bajo las sábanas. Priscila advirtió que eso no era lo que me caracterizaba. Huir de las batallas. Tenía razón. No es lo que mi mamá me enseñó Olivia nunca … Olivia no había huido de muchas batallas, solo la de darle la noticia a su casi esposo de que habían tenido un hijo, pero en los otros retos, como los terribles dos de Sergio o mi adolescencia se había parado por mí. Despertamos entre besos de Olimpia, Isabela la tenía encima mientras le acariciaba los colochos y mi hermana le contaba que le habían cambiado de grupo. —Mi amor, quieres que vaya a envenenar a esa mujer. —Le grité cretina. —Mi amor, eres la más inteligente del planeta—dijo Isa mientras le felicitaba. —Buenos días, Milena, ya te despertaste—Preguntó Jana con una bolsa de la cafetería. —Les traje

