Mi hermana se va de la habitación feliz de la vida y veo el brillo que ha dejado en mi mano. Ser Olimpia Caine es un privilegio porque el labial que me prestó es todo menos barato. Me paso un poco, me arreglo el pelo y busco un brazier a juego con las bragas que me puse, me acomodo de nuevo el camisón para dormir. Estoy lista para ir al encuentro de mi amor cuando veo uno de mis perfumes viejos, pero la habitación está muy cerrada. Escucho unos golpecitos en la ventana y voy corriendo hacia ella y la abro. Drake tiene una inconfundible sonrisa y sus ojos tienen un pequeño brillo de emoción. Le acaricio las mejillas y le peino un par de segundos el pelo, él me guiña un ojo y se aclara la garganta antes de decir: —Servicio a domicilio. —¿Qué sirve usted?—Drake sonríe y me extiende una

