Nyxara respiró hondo, aún con la garganta apretada por el llanto. Luego, como si algo dentro de ella la empujara suavemente, apoyó su cabeza contra el hombro de Kael.
El guerrero se quedó completamente inmóvil.
No respiró.
No parpadeó.
Sentirla tan cerca era como sostener una luz cálida entre las manos después de años de oscuridad.
Sin pensarlo, con un gesto torpe pero increíblemente tierno, Kael le acomodó un mechón de cabello blanco detrás de la oreja, dejando al descubierto su rostro suave, todavía húmedo por las lágrimas.
Nyxara cerró los ojos un momento, sintiendo una seguridad que jamás había sentido en su cuerpo humano.
—Kael… —susurró con voz temblorosa—
Quiero que me acompañes en todo.
Quiero que estés cerca de mí en esta búsqueda.
Sé que no quieres que me ponga en peligro… pero sin ti, no podré hacerlo.
Kael sintió que el corazón se le detenía.
Literalmente.
Un latido entero se saltó.
La petición, la voz de ella, su cercanía…
Era todo demasiado.
Pero también era lo único que quería oír.
Kael bajó un poco la mirada hacia ella, con un brillo intenso en los ojos.
Él sabía que no podía impedirle buscar su origen.
Sabía que no podía protegerla encerrándola en el castillo.
Sabía, muy en el fondo, que si Nyxara se iba sin él…
Él no sobreviviría a esa ausencia.
Así que, por primera vez en su vida, habló con el corazón antes que con el deber.
—No te dejaré sola ni un momento, Natasha —dijo en un susurro cargado de fuerza—.
Quiero saber todo lo que encuentres.
Quiero… ser parte de tu búsqueda.
Más que Lucian. Más que nadie.
Nyxara levantó la mirada, sorprendida.
—¿Tú también quieres buscar conmigo?
Kael soltó una exhalación que parecía romperle un peso antiguo dentro del pecho.
—Claro que es verdad —dijo con una media sonrisa suave, rara en él—.
Sé que parezco solo un caballero salvaje… pero también puedo ayudarte.
Solo pídemelo… y lo haré.
Nyxara sintió un calor desconocido extenderse por su pecho. Algo suave, dulce… y peligroso.
—Entonces… quiero que seas tú —susurró—.
Quiero que seas tú quien me acompañe.
Kael cerró los ojos un instante, como si las palabras fueran demasiado intensas para recibirlas de frente.
Y cuando los abrió, había una promesa firme, profunda, inquebrantable.
—Seré yo.
Kael sintió que el mundo se reducía al espacio mínimo entre ellos.
Muy despacio, con una delicadeza que nadie creería posible en él, pegó su frente contra la de Nyxara. Sus respiraciones se mezclaron en un punto cálido y frágil.
Con su mano buena, la acarició suavemente la mejilla, como si tuviera miedo de romperla con solo tocarla.
Nyxara cerró los ojos, dejándose envolver por esa cercanía que le hacía sentir segura… y algo más que no sabía nombrar.
Entonces Kael, con un gesto torpe pero decidido, tomó su barbilla, levantándole el rostro para mirarla de frente.
Sus ojos azules ardían con algo que él no sabía controlar.
—Natasha… yo… yo te a—
¡Toc, toc, toc!
Los golpes en la puerta rompieron el momento como un hechizo maldito.
Kael apretó los dientes, frustrado, y se separó un poco.
—¿Qué? —gruñó, irritado.
La puerta se abrió apenas y un sirviente asomó la cabeza, jadeando.
—Lord Kael, lo necesitan en la frontera norte.
Hay un ataque de monstruos. Es urgente, mi lord.
Kael cerró los ojos un instante, respirando hondo.
El peso del deber cayó sobre él con brutalidad.
—Enseguida voy —respondió con voz firme.
Luego miró a Nyxara.
La mirada que le dio fue tan protectora, tan intensa, que Nyxara sintió un calor en el pecho.
—Natasha… —dijo en un susurro ronco— no salgas del castillo.
Yo volveré. Lo prometo.
Ella asintió, sin poder hablar.
Kael se levantó de inmediato, pero antes de cruzar la puerta, se giró hacia ella.
Sus labios se separaron apenas, como si quisiera terminar la frase interrumpida.
Yo te a…
Pero el valor lo abandonó.
No en ese momento.
No con la guerra esperando afuera.
Así que simplemente asintió con un gesto que decía más que las palabras… y salió, cerrando la puerta tras él.
Ya en el pasillo, Kael empezó a correr a paso decidido. Cada sombra del castillo se movía a su alrededor, pero su mente solo repetía una frase que no pudo decir.
"Yo te amo…"
La rechazó con violencia.
No podía permitirse sentir eso.
No ahora.
No cuando ella podría desaparecer en cualquier momento.
—¡Busquen a Lucian! —ordenó mientras atravesaba el hall principal—. Esta vez llevaré a un mago. No me arriesgaré como la vez pasada.
El sirviente corrió en dirección opuesta. Subió las escaleras a toda velocidad y golpeó la puerta de Lucian.
—¡Mi lord! Lord Kael lo requiere. Ataque en la frontera norte.
Lucian abrió la puerta de inmediato, ya con la túnica de mago a medio ajustar y el bastón en mano.
—Voy enseguida.
Bajó las escaleras casi volando, se reunió con Kael afuera del castillo y lo vio montar su caballo con una urgencia feroz.
—¿Qué ocurrió? —preguntó Lucian mientras montaba el suyo.
—Monstruos. Muchos —respondió Kael con su típica seriedad de batalla—. Te necesito conmigo. Esta vez… no habrá errores.
Lucian asintió, sorprendido por la confianza en sus palabras.
Ambos espolearon a los caballos.
El sonido de los cascos llenó el aire nocturno mientras los dos hermanos Solvard cabalgaban hacia el peligro…
Sin saber que la frase que Kael no pudo decir…
sería el inicio de algo que ninguno podría detener.