71

1058 Words
El sol entraba suave por las cortinas cuando Elin empujó la puerta con una sonrisa habitual. Traía ropa limpia, agua tibia y un aire alegre… que se evaporó al instante en cuanto vio a Nyxara sentada en la cama, con la mirada perdida en el vacío. —Mi lady… —preguntó con cautela—, ¿le sucede algo? Nyxara parpadeó, como si recién regresara de muy lejos. —No… no lo sé —respondió apenas, bajando la mirada. Elin dejó de sonreír. Conocía ese tono. Nyxara había dormido mal; sus ojos estaban ligeramente hinchados y no tenía el brillo usual en la mirada. Pero decidió no presionar. —Permítame ayudarla a prepararse —dijo con suavidad—. Quizá un baño tibio y un buen desayuno la hagan sentir mejor. Nyxara solo asintió. Elin la peinó con una trenza suelta, le puso un vestido ligero color crema y la acompañó hasta la puerta. Nyxara caminaba despacio, como si su mente siguiera atrapada en un sueño que no podía entender. Cuando Nyxara entró al comedor, el ambiente se sentía distinto. Nada se había dicho en voz alta, pero todos sabían que algo había cambiado desde el paseo con Kael. Lady Nymera sonrió cálidamente al verla. —Buenos días, hija —la invitó a tomar asiento a su lado—. ¿Dormiste bien? Nyxara dudó, luego dijo una verdad a medias: —Tuve… un sueño extraño. Lucian levantó la vista un instante, preocupado, pero desvió la mirada de nuevo hacia su plato. Apenas había tocado la comida. Su expresión estaba apagada. Draegor, con una sonrisa traviesa, apoyó el codo sobre la mesa. —Los sueños extraños suelen venir después de días… intensos. ¿Verdad, Natasha? Nyxara bajó la mirada, sonrojándose sin querer. Kael, sentado al otro extremo de la mesa, le fulminó una mirada asesina a Draegor… pero no dijo nada. Sin embargo, sus ojos se suavizaron cuando rozaron a Nyxara. Era la primera vez que se veían desde la cascada. Y ambos sintieron un vuelco en el corazón. Lord Solvard aclaró la garganta y sirvió jugo en la copa de Nyxara. —Lo importante, Natasha, es que estés bien. ¿Te sientes mal? ¿Tienes fiebre de nuevo? —No, no… —respondió rápidamente—. Solo fue… extraño. Lucian apretó los labios, queriendo preguntar, queriendo acercarse… pero no pudo. El corazón todavía le dolía demasiado. Draegor se estiró en su silla. —Bueno, si me preguntan, yo sueño cosas extrañas todo el tiempo. La otra noche soñé con un dragón gigante que me decía que yo era el más guapo de Eldora. —Eso no fue un sueño, hijo —respondió Lord Solvard sin inmutarse—. Eso es lo que dices dormido. Draegor puso una mano en el pecho, dramatizando una ofensa falsa. Nyxara soltó una risita, aunque pequeña, y Kael la miró como si fuera una melodía que solo él podía escuchar. Lady Nymera observó toda la mesa. Cada uno estaba en silencio, lidiando con sentimientos complicados: Draegor, divertido, pero atento a cada gesto. Lucian, callado, intentando no mirar ni a Kael ni a Nyxara. Kael, tenso pero suave cuando sus ojos encontraban los de ella. Nyxara, perdida entre su sueño, su corazón y algo que no entendía. Elin entró con pan recién horneado. El aroma llenó el comedor. Pero la tensión era tan palpable que incluso el pan parecía sentirla. Lady Nymera dio un sorbo a su té y dijo en voz alta, con la sabiduría de una madre que ve más de lo que dice: —Parece que será un día… interesante. Todos supieron que era una advertencia. Y una promesa. Cuando el desayuno terminó, la familia Solvard se dispersó por los pasillos del castillo, cada uno arrastrando sus propios pensamientos. Lucian desapareció primero, Draegor se fue tarareando alguna canción ridícula, y Lord Solvard volvió a sus mapas. Nyxara estaba por levantarse cuando sintió una sombra acercarse. Era Kael. Se inclinó apenas hacia ella, lo suficiente para que su voz no la escuchara nadie más. —Estaré entrenando —murmuró, y su voz sonó como un roce cálido en el oído de Nyxara—, pero… mi corazón ya te extraña demasiado. Nyxara abrió los ojos sorprendida. Ese tipo de dulzura en Kael era poco común, casi un tesoro. Él bajó un poco más la voz, su mirada fija en la de ella: —Quizá más tarde… podamos tomar algo juntos. Fue una invitación, pero también una confesión. Nyxara sintió cómo el calor le subió desde el pecho hasta las mejillas. No pudo ni hablar; solo asintió, torpemente, con una sonrisa tímida y preciosa. Kael se enderezó, pero antes de alejarse, sus dedos rozaron la mano de ella por un instante. Un toque breve, pero suficiente para que ambos sintieran ese pequeño impacto eléctrico que siempre había entre ellos. Luego se dio media vuelta y caminó hacia el campo de entrenamiento. Nyxara se quedó viéndolo irse, sintiendo que sus pasos latían al mismo ritmo que su corazón. Aún con las mejillas encendidas, Nyxara respiró hondo para calmarse y decidió ir a su habitación. Había algo que la inquietaba desde anoche. Ese sueño extraño, lleno de luz y emociones que no comprendía, le había dejado una sensación punzante… como si una respuesta le rozara los dedos y luego escapara. Entró a su cuarto, abrió su pequeño baúl de madera, y tomó el libro antiguo de dragones. La tapa estaba gastada, y las letras doradas parecían parpadear como si tuvieran vida propia. —Debe haber algo aquí… —murmuró. Lo abrió lentamente. Las páginas viejas crujieron. Buscó símbolos, historias, fragmentos de mitos que pudieran darle alguna pista… algo que se pareciera a lo que vio en su sueño: la luz dorada, las figuras enormes, la sensación de pérdida, esa palabra inaudible que parecía querer despertarla. Pero cuanto más leía… más inquieta se sentía. Un dibujo llamó su atención: una silueta de luz rodeada de criaturas antiguas. Nyxara pasó la yema de los dedos sobre la imagen. Le era familiar. Demasiado familiar. Un escalofrío le recorrió la espalda. —¿Por qué siento… que yo conozco esto…? Pero las respuestas seguían sin aparecer. Se sentó en la cama, con el libro abierto en su regazo, y siguió leyendo, esperando que, en algún rincón del pasado, encontrara la verdad de quién era…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD