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1021 Words
Su mano tembló contra la piel de ella. La bajó lentamente hasta su cuello, sosteniéndola con una delicadeza que no correspondía a un guerrero como él. —Natasha… —murmuró, incapaz de apartar la mirada—. Si supieras lo que me haces sentir… Ella inclinó la cabeza hacia su mano, cerrando los ojos un momento. El viento se calmó. El bosque quedó en silencio. El lago brilló como si respondiera a lo que estaba naciendo entre ellos. Kael se acercó inconsciente hacia ella. Ella no retrocedió. Estaban tan cerca que el agua del lago apenas se movía entre sus cuerpos. Dos respiraciones. Un solo latido. Y Kael, por primera vez, no quiso luchar contra lo que sentía. El agua les rodeaba los tobillos, tibia por el sol. Los árboles inclinaban sus ramas como si quisieran escuchar. Nyxara mantenía su mano sobre la de Kael, su mejilla apoyada en su palma. Kael respiró hondo, tratando de calmar el temblor que recorría su cuerpo. Pero no pudo. Las palabras salieron como un susurro roto… como si hubieran estado atrapadas en su pecho durante años. —Nunca había sentido algo así por nadie, Natasha —dijo, apenas audible. Nyxara abrió los ojos lentamente. El azul de los ojos de Kael estaba diferente, más suave, más vivo… más vulnerable. Él continuó, como si hubiera perdido la habilidad de ocultarse: —Y me asusta perder el control. Me aterra. No sé cómo manejar lo que siento cuando estás cerca. Su mano en la mejilla de Nyxara tembló. Y aun así… no la soltó. —Pero no quiero… —tragó saliva, su voz quebrándose— no quiero dejar de sentirlo. Nyxara sintió un calor dulce en el pecho, una luz que se extendía por todo su cuerpo. Respiró temblando. Kael dio un paso más, quedando a solo un suspiro de ella. Y entonces, sin planearlo, sin pensarlo, sin detenerse… —Déjame cortejarte —le pidió, con una mezcla explosiva de nervios y sinceridad—. Como te mereces. El silencio cayó suave entre ellos. Nyxara lo miró con los ojos tan abiertos y brillantes que parecían llenos de estrellas. Kael parpadeó, como dándose cuenta demasiado tarde de lo que acababa de decir. Se tensó, como si quisiera retroceder, pero su cuerpo no obedecía. —Yo… —se corrigió, intentando recuperar el control— perdón, no quería decirlo así. No planeé— Nyxara lo interrumpió. No con palabras. Sino poniendo su otra mano sobre el pecho de Kael. Justo sobre su corazón. Un corazón que latía fuerte, rápido… por ella. —Kael… —susurró, su voz más suave que el viento—. Yo quiero que lo digas. Quiero escucharlo. Kael se quedó inmóvil. El guerrero, el líder, el hombre implacable… se convirtió en un joven que no sabía cómo manejar sus emociones. Los ojos de Nyxara estaban llenos de una dulzura que lo desarmó por completo. Ella levantó la mirada hacia él. —Si tú quieres… yo quiero que me cortejes. Kael inhaló bruscamente. —¿En serio…? —susurró, con una incredulidad hermosa en la voz. Nyxara asintió despacio, con una sonrisa tímida, casi temblorosa. —Sí, Kael. Yo… quiero que seas tú. Kael cerró los ojos un instante. Cuando los abrió, la dureza había desaparecido. Solo quedaba emoción pura… y un cariño profundo. Sus manos se movieron por su propia voluntad, tomando el rostro de Nyxara entre sus palmas. —Natasha… —su voz se quebró— no sabes lo feliz que me hace escuchar eso. Nyxara sintió que el mundo brillaba. Que el lago cantaba. Que su corazón despertaba. Kael bajó su frente hasta apoyarla contra la de ella. Un gesto íntimo, suave, lleno de algo que apenas empezaba a nacer… Pero que ya era imposible de ignorar. Kael mantuvo su frente contra la de Nyxara unos segundos más, respirando con ella, como si sus latidos se quisieran sincronizar. Luego, muy despacio, bajó las manos desde su rostro. Sus dedos rozaron la línea de su mandíbula… Subieron por su mejilla… Hasta llegar a la trenza gruesa que Elin había hecho esa mañana. Kael la tomó con cuidado reverente, como si fuera algo demasiado precioso para sus manos toscas. —No sabía que… —acarició la trenza suavemente— que podías lucir aún más hermosa. Pero hoy lo eres. Nyxara sintió que el aire se escapaba de su pecho. Su piel ardía bajo el toque casi tembloroso de Kael. Él soltó un pequeño suspiro, uno tan suave que parecía que llevaba años guardándolo. Entonces, con movimientos lentos, cuidadosos, Kael acomodó la trenza sobre el hombro de Nyxara… como si el simple hecho de tocarla fuera un privilegio. Con un dedo siguió el recorrido del peinado, deteniéndose justo detrás de su oreja para apartar un mechón suelto. Ese contacto fue… Suave. Íntimo. Casi sagrado. —Siempre que estés conmigo —murmuró Kael, sus labios muy cerca de su sien—. Nunca tendrás que temer nada. Ni al bosque, ni a los monstruos… ni a tu pasado. Nyxara cerró los ojos. El calor de su voz, la firmeza de sus palabras, la delicadeza de su toque… Era como si Kael envolviera todo su ser. —Kael… —susurró ella, apenas audible. Él no dijo nada al principio. Solo bajó su mano desde la oreja hasta su cuello, apoyándola ahí un instante para sentir su pulso. Ese pequeño punto de contacto la estremeció entera. Kael tragó saliva. —Te prometo —dijo al fin, con una sinceridad que la estremeció— que mientras yo exista… estarás a salvo. Nyxara abrió los ojos lentamente. Y lo encontró mirándola de una forma que jamás había visto en él: suavidad absoluta. Adoración contenida. Algo que podía romper un reino entero. Él se inclinó apenas un poco más. Pero no la besó. No aún. En cambio, dejó un beso muy lento… muy suave… en su mejilla, cerca de donde había acomodado su trenza. Un gesto íntimo. Personal. Profundo. Y cuando se separó, Nyxara sentía su piel arder como un amanecer. Kael sonrió por primera vez ese día. Una sonrisa pequeña… pero real. —Vamos, Natasha. Quiero mostrarte algo más.
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