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864 Words
Kael le entregó la copa y Nyxara la tomó con ambas manos, tratando de ocultar que le temblaban un poco los dedos. Él se sentó frente a ella, pero no apartó la mirada ni un segundo. Era como si necesitara grabar cada gesto, cada pestañeo, cada respiración de ella. Nyxara llevó la copa a sus labios, bebió un sorbo… y cuando bajó la mirada, vio algo inesperado: La mano de Kael sobre la mesa… acercándose a la suya. Al principio, lento. Casi tímido. Pero decidido. Nyxara sintió el corazón acelerarse. Él finalmente posó su mano sobre la de ella. No apretó. Solo la cubrió, como si la protegiera de todo lo que pudiera herirla. La piel de Nyxara se estremeció al instante. Kael inhaló hondo, como si por fin reuniera el valor para decir algo que llevaba guardándose demasiado tiempo. —No he dejado de pensar en ti… —murmuró, y su voz tembló apenas— desde la cascada. Nyxara levantó la mirada. Sus ojos brillaban con sorpresa y algo más profundo. —Kael… —susurró. Él continuó, sin soltarla: —No sé qué hiciste conmigo ese día, Natasha. Pero desde entonces… —trató de encontrar las palabras correctas, pero su pecho parecía luchar contra ellas— no puedo sacarte de mi cabeza. El viento movió una hebra blanca del cabello de Nyxara, y Kael la miró como si fuera un milagro. —Me despierto pensando en ti. En cómo sonreíste. En cómo dijiste mi nombre… —su mandíbula se tensó, como si recordarlo le quemara por dentro—. Y me estoy volviendo… —bajó la voz como si temiera ser escuchado por el mundo entero— completamente tuyo sin quererlo. El corazón de Nyxara dio un vuelco tan fuerte que tuvo que apoyarse en la mesa. Kael acercó su silla apenas un poco más. La fruta, el jugo, el jardín… todo desapareció para ella. Solo existía la mano cálida de Kael sobre la suya. Y sus ojos. Esos ojos que por primera vez no estaban fríos ni tensos… …estaban abiertos …vulnerables …esperando. Nyxara, con suavidad, volteó su mano para entrelazar sus dedos con los de él. Kael contuvo el aliento. —Yo tampoco puedo dejar de pensar en ti… —dijo ella, apenas audible, pero lo suficientemente claro para que el mundo cambiara. Kael cerró los ojos un instante. Como si esas palabras lo liberaran de una batalla interna que llevaba días peleando. Al abrirlos nuevamente, todo en él ardía: Deseo. Protección. Cercanía. Algo parecido al amor… aunque ninguno lo dijera aún. Sus dedos apretaron los de Nyxara con cariño, no con fuerza. Con un tipo de ternura que él mismo parecía descubrir por primera vez. —Natasha… —murmuró, y su voz se quebró solo un poco—. No sabes lo que me haces sentir. Y Nyxara, con las mejillas encendidas, sintió que algo dentro de ella encajaba. Como si su corazón hubiera estado buscando este momento desde antes de tener memoria. Kael, incapaz de contener más lo que ardía dentro de él, se inclinó hacia Nyxara. La luz que se filtraba entre las hojas del jardín iluminaba su rostro endurecido por la batalla, pero ahora suavizado… completamente rendido ante ella. Su mano grande y calurosa se elevó lentamente hasta posarse sobre la mejilla de Nyxara. Ella cerró los ojos un instante al sentir el toque. Era cálido. Protector. Tierno de una forma que no conocía en él. Kael deslizó el pulgar con suavidad por su piel, como si la memorizará. Como si necesitara ese contacto para respirar. Con voz baja, ronca, vulnerable, dijo: —Quiero darte todo lo que mereces… Nyxara abrió los ojos. Su mirada temblaba con emoción y sorpresa. Kael continuó, buscando sus palabras con un cuidado que jamás había usado en su vida: —Quiero darte lo mejor de mí. Lo que soy. Lo que tengo… —tragó saliva, acercándose aún más, sus labios a un suspiro de los de ella—. Quiero que lo recibas. Nyxara sintió que su corazón latía tan fuerte que le dolía. Sus dedos, que aún sostenían los de Kael entrelazados, se cerraron con más fuerza. —Kael… —susurró apenas, sin saber cómo contener la oleada de emociones que la envolvía. Sus rostros estaban tan cerca que podían sentir la respiración del otro. El aire se volvió denso, eléctrico, casi magnético. Kael parecía debatirse internamente entre besarla y controlarse. La mirada de él bajó por un instante hacia sus labios, luego volvió a subir a sus ojos. Y en ese momento, Nyxara entendió algo: Kael no solo quería protegerla. No solo quería estar con ella. Kael la estaba eligiendo. Completamente. Desesperadamente. Kael exhaló despacio, como si estuviera entregando un pedazo de su alma. —Déjame estar contigo… —dijo, no como una orden, sino como un ruego suave—. Déjame darte algo que nunca le he dado a nadie. Nyxara sintió que se derretía entre sus manos. Sus labios se abrieron un poco, pero no habló. Solo acercó su rostro al de él, rozando apenas su nariz, su aliento, su existencia. El mundo desapareció. Solo quedaron ellos dos. La luz del jardín. Y una promesa ardiendo entre ambos.
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