El agua se movió apenas cuando Kael extendió el brazo desde la bañera y tomó el de Nyxara con suavidad sorprendente para un guerrero tan brutal en batalla. —Ven aquí —susurró él con una sonrisa ladeada que ella nunca le había visto—. Me haces falta. Antes de que Nyxara pudiera protestar, Kael tiró de ella con firmeza, y ella cayó suavemente dentro del agua, salpicando sin elegancia. —¡K-Kael! —exclamó entre sorpresa y risa nerviosa. Kael soltó una carcajada baja, limpia, la primera en días. —Perdón… —dijo sin nada de arrepentimiento—. Pero si no te traía así, jamás te ibas a meter conmigo. Nyxara abrió la boca para replicarle, pero la cercanía la dejó sin palabras: Kael estaba justo frente a ella, el agua apenas entre ambos, la respiración de él mezclándose con la de ella. Su coraz

