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1261 Words
La puerta se abrió sin ningún tipo de delicadeza. —¿¡YA DESPERTÓ MI ESTRELLA DORADA!? —tronó una voz exageradamente dramática. Draegor entró como si fuera el dueño del mundo, con una bandeja enorme de fruta, pan dulce y dos botellas de vino (aunque nadie le había pedido eso). Lucian frunció el ceño. Kael apretó la mandíbula. Lady Nymera puso los ojos en blanco. Nyxara simplemente lo miró… confundida pero divertida. —¡Oh, mi lady Natasha! —exclamó Draegor arrodillándose teatralmente a su lado—. El reino de Eldora recupera su luz con tu presencia. ¡Mi corazón casi implota de angustia al pensar que podríamos haber perdido tu perfección! Kael soltó un gruñido tan fuerte que hasta la lámpara tembló. Draegor, por supuesto, lo ignoró. —Te traje fruta fresca, pan dulce y dos botellas de vino para celebrar tu glorioso despertar. —Le guiñó un ojo a Nyxara—. Pero si Kael te mira así otra vez, quizá me vea obligado a comérmelas yo. Kael dio un paso, listo para arrancarle la cabeza. —Draegor —dijo Lady Nymera con tono de madre que ya perdió la paciencia—. Sal de aquí. Ahora. —¿Ni siquiera un brindis? —intentó Draegor. —¡Fuera! Draegor suspiró dramáticamente, dejó las frutas y el pan junto a la cama, y se inclinó hacia Nyxara. —Si te cansas de este par de gruñones —señaló a Kael y a Lucian—, yo sigo disponible, mi diosa. Kael dio un paso más y Draegor salió disparado de la habitación antes de que su hermano lo alcanzara. Lucian negó con la cabeza. Lady Nymera suspiró en resignación. Nyxara se rió bajito. Y esa risa valió más que cualquier magia. Después de un rato, Lady Nymera tomó a Lucian del brazo. —Vamos, hijo. Natasha necesita descansar un poco más. Lucian miró a Nyxara con una sonrisa triste pero dulce. —Volveré luego, ¿sí? Nyxara asintió. —Gracias por estar conmigo. Lucian se sonrojó un poco y salió de la habitación con su madre. La puerta se cerró. El silencio se instaló. Kael seguía junto a la cama, mirándola con una mezcla de alivio, preocupación y algo más… algo profundo y suave que Nyxara apenas comenzaba a comprender. Ella movió su mano hacia él. —Kael… —susurró—. ¿Dormiste? Él negó. —No podía. —Debiste descansar… —No. —Kael tomó su mano entre las suyas—. Mi lugar era aquí. Nyxara sintió su pecho calentarse. Él se inclinó un poco más, rozando su mejilla con el dorso de los dedos. —Cuando dijiste que “la luz volvió”… ¿qué quisiste decir? Nyxara bajó la mirada, nerviosa. —No lo sé… no del todo. Soñé con… cosas. Con el cielo, con alas… con un rayo. Y… contigo. El corazón de Kael dio un salto. —¿Conmigo? Ella asintió, sonrojándose. —Tu voz me guiaba. Tu luz… me ayudó a regresar. Kael apretó su mano suavemente. —Natasha… si hay algo despertando en ti, si hay algo que te asusta, lo enfrentaré contigo. No importa qué seas. No importa lo que venga. No te voy a dejar sola. Los ojos de Nyxara se humedecieron. —No sabía… que alguien podía hacerme sentir tan… segura. Kael tragó saliva, controlándose. —Quédate conmigo —susurró ella. Kael se inclinó aún más, su rostro a escasos centímetros del de ella. —No pienso irme. Y con un gesto lento, suave, lleno de devoción… Kael tocó su frente con la suya. Nyxara cerró los ojos. El mundo se sintió correcto. Por un instante, la luz dorada brilló bajo su piel… pero esta vez no asustó a Kael. Más bien, lo maravilló. —Natasha… —murmuró él—. Te encontré en un bosque. Y ahora no sé qué sería de mí si volviera a perderte. Nyxara sintió su corazón latir fuerte, doloroso y dulce. —Entonces no me sueltes. Kael la abrazó con cuidado, sin romper el contacto. —No lo haré. Kael la ayudó con extremo cuidado a levantarse de la cama. Nyxara estaba débil, pero al mismo tiempo… había algo distinto en ella. Una luz suave, casi imperceptible, que vibraba debajo de su piel, como si cada latido suyo llevara un eco de poder antiguo. Kael la sostuvo por la cintura mientras caminaban hacia el balcón. El aire fresco de la mañana los recibió, cargado del aroma de flores y tierra húmeda. El sol iluminaba sus cabellos blancos, haciéndolos brillar como hilos de luna. Nyxara se sentó en una banca acolchada. Kael permaneció a su lado, sin soltar su mano. Ella respiró hondo. —Me siento… diferente —dijo con una sonrisa tímida pero real—. Como si algo dentro de mí hubiera… vuelto. Como si… estuviera viva de verdad. Kael la observó en silencio, fascinado. Cada expresión de ella, cada parpadeo, cada gesto… lo desarmaba. Entonces Nyxara giró el rostro hacia él. Sus ojos brillaban de forma que Kael jamás había visto: un dorado cálido, profundo, lleno de significado. —Kael… —murmuró ella. Él inclinó su cuerpo hacia ella, preocupado pero atento. —¿Qué sucede? Nyxara apretó su mano con más fuerza. —Sé que… soy un dragón milenario. —Sus palabras temblaron, pero no de miedo—. Sé que algo dentro de mí está despertando. Puedo sentirlo… en mis sueños… en mi cuerpo… en mi magia. Kael tragó saliva. No se apartó. No retrocedió. Nyxara bajó la mirada, vulnerable como nunca. —Pero tengo miedo. Kael entrecerró los ojos, el pecho apretándose. —¿De qué? Ella levantó el rostro. Y esta vez su voz quebró. —Tengo miedo de perderte. El corazón de Kael pareció detenerse. —¿Perderme? —repitió él, incrédulo. Nyxara asintió, sus ojos llenándose de lágrimas suaves. —Si despierto por completo… si lo que soy cambia lo que piensan de mí… si me convierto en algo que tú no puedas… —su voz se cortó— …amar. Kael no la dejó terminar. Se movió sin pensarlo. Tomó su rostro entre sus manos, con una firmeza cálida, sin dureza, sin rabia… solo amor contenido. —Natasha —dijo, con una intensidad que hizo vibrar el aire—. Escúchame bien. Ella lo miró, temblando. Kael acercó su frente a la de ella, cerrando los ojos un momento, sintiendo su respiración. —No me importa si eres humana, dragón, tormenta o estrella. No me importa si el mundo entero tiembla cuando despiertes. No me importa si tu luz es tan grande que me deje sin aliento. Nyxara parpadeó, una lágrima cayendo. Kael abrió los ojos. Y ahí estaba: la promesa, la lealtad, el amor más feroz y sincero que jamás había mostrado. —No voy a dejarte. No voy a perderte. Y no voy a permitir que tengas miedo de lo que eres. Si estás despertando… yo despertaré contigo. Nyxara llevó una mano a su boca, ahogada por la emoción. Kael sonrió apenas, una sonrisa suave, vulnerable, casi desconocida en él. —No voy a dejar que nada… ni tu magia, ni tu pasado, ni tu destino… te aleje de mí. Y entonces, sin romper el contacto, murmuró: —No me pierdes, Natasha. Nunca. Nyxara apoyó su cabeza en el pecho de Kael, escuchando los latidos fuertes, seguros, humanos… y por primera vez desde que cayó del cielo, se sintió completa. Él la rodeó con sus brazos, sosteniéndola como si fuera su mundo entero. Y tal vez… lo era.
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