Ese mismo día, mientras Nyxara descansaba en el balcón con Kael, en otra parte del castillo la familia Solvard se reunió en la sala de estrategia.
El ambiente estaba cargado.
Lord Solvard estaba de pie, con los brazos cruzados.
Lady Nymera se encontraba junto a él, inquieta pero firme.
Draegor, sentado con una copa de vino, mantenía una expresión seria por primera vez en mucho tiempo.
Lucian, con los ojos aún rojos por la preocupación, observaba el suelo.
Kael llegó último, cerrando la puerta detrás de él.
Lord Solvard fue el primero en hablar.
—Bien. Ya todos estamos aquí. Debemos discutir lo que anoche ocurrió en el bosque.
Lucian levantó la mirada.
—Padre… Natasha usó magia. Magia antigua. Magia que no debería existir.
Lady Nymera inhaló profundo.
—Lucian tiene razón. Esa luz… era imposible. No era magia humana. No era elemental. No era nada que yo haya visto antes.
Draegor apoyó la copa, serio.
—Y los invitados. Las cortes vecinas. Los reinos interesados en Eldora…
Si alguno llega a enterarse de lo que ella es realmente, podría significar una guerra.
O algo peor.
El silencio se volvió pesado.
Kael avanzó un paso.
—No dejaré que nadie se acerque a ella.
Lady Nymera asintió, con el corazón encogido.
—Hijo… no se trata solo de protegerla de enemigos externos.
Incluso nuestras propias alianzas podrían volverse peligrosas si descubren que Natasha no es humana.
Lord Solvard bajó la voz, su mirada grave:
—Los dragones… incluso solo su nombre provoca miedo.
Si la gente supiera que uno vive en Eldora, que habita en nuestro hogar… podrían pensar que queremos usar su poder.
O podrían intentar robarla.
Matarla.
O adorarlos como un arma divina.
Lucian apretó los puños.
—Natasha no es un arma.
Kael levantó la cabeza, la mirada encendida.
—Natasha es… —dudó, tragó saliva— …mi responsabilidad. Y mi corazón.
Draegor sonrió con un dejo de burla triste.
—Vaya, por fin el soldado perfecto admite lo obvio.
Kael lo ignoró.
Lord Solvard se acercó a la mesa y extendió un mapa del reino.
—A partir de hoy, la naturaleza real de Natasha quedará entre nosotros.
No habrá documentos.
No habrá rumores.
No habrá preguntas.
Lady Nymera completó:
—Y sobre todo, nadie de fuera del castillo sabrá que Natasha posee magia.
Diremos que cayó del cielo, que perdió la memoria, que es una joven especial… pero humana.
Lucian alzó la mirada hacia su madre.
—¿Y si ella despierta por completo? ¿Y si su magia se hace imposible de ocultar?
Kael habló antes que nadie.
—Entonces yo estaré ahí para contenerlo.
Para protegerla.
Para proteger nuestro hogar.
Draegor dejó la copa y dijo con un tono inusualmente sobrio:
—Lo que hagamos ahora definirá el futuro de Eldora.
Natasha no solo es poderosa.
Es… importante.
Lord Solvard cerró el puño.
—Entonces queda decidido.
La verdad sobre Natasha será el secreto más protegido del Reino de Eldora.
Solo la familia Solvard lo sabrá.
Elin entró a la habitación con pasos rápidos y un suspiro de alivio al verla despierta.
—Lady Natasha, ¿cómo se siente? —preguntó con genuina preocupación—. Estaba muy angustiada. ¿Desea que le prepare un baño caliente?
Nyxara levantó la mirada hacia ella, aún un poco pálida pero con esa nueva luz dorada que parecía habitar en sus ojos desde la noche anterior. Sonrió débilmente.
—Estoy bien, Elin… gracias por preocuparte.
Supongo que un baño me ayudará —dijo con voz suave—. Gracias.
Elin asintió con una reverencia leve, aunque la emoción le brillaba en el rostro.
—Enseguida, mi lady. Le traeré agua con esencia de flores y hierbas para que recupere fuerzas. Hoy debe cuidarse más que nunca.
Mientras Elin salía para preparar el baño, Nyxara se recostó un instante, sintiendo el peso cálido dentro de su pecho… un poder que antes no estaba allí y que ahora vibraba con cada latido.
Pero también pensó en Kael… en cómo la sostuvo, en cómo gritó su nombre, en cómo no se separó de ella ni un segundo anoche.
Y un rubor suave coloreó sus mejillas.
Elin regresó minutos después.
—Lady Natasha, el baño está listo. Le ayudará a relajarse… y a aclarar lo que sea que tenga en su corazón —dijo con una sonrisa cómplice, como si sospechara algo.
Nyxara se levantó despacio, aún sintiéndose diferente, más ligera y a la vez más poderosa, y dejó que Elin la guiara hacia la bañera.
Después del baño, Elin regresó con un vestido que parecía hecho para un rayo convertido en princesa: rosa suave con delicados detalles blancos, ligeras transparencias en las mangas y un lazo discreto en la cintura. El tono rosado hacía que la piel pálida de Nyxara brillara aún más, como si la luz se aferrara a ella.
—Lady Natasha, este color… le queda como si hubiera sido pintado sobre usted —dijo Elin con una sinceridad casi orgullosa.
Nyxara sonrió, aún procesando todo lo ocurrido, pero agradecida por la calidez de la doncella. Elin tomó el cepillo y comenzó a deslizarlo con cuidado por el largo cabello blanco de Nyxara, que brillaba como nieve bañada por el sol.
—Su cabello está más suave hoy… casi parece más vivo —comentó Elin sin intención alguna de revelar sospechas, solo maravillada.
Nyxara bajó la mirada, sintiendo cómo ese nuevo poder ardía en silencio dentro de ella.
Era un fuego extraño… cálido, antiguo, familiar.
Cuando Elin terminó de peinarla, Nyxara se levantó con decisión.
No podía quedarse de brazos cruzados.
Sabía que había despertado algo en la batalla, algo que necesitaba comprender.
—Elin… iré a la biblioteca —dijo con un tono suave pero firme.
Elin abrió los ojos un poco más de lo normal, sorprendida por la determinación repentina.
—Por supuesto, my lady. ¿Desea que la acompañe?
—No, gracias. Quiero… pensar un poco —respondió Nyxara, llevándose una mano al pecho como si ahí residiera una respuesta todavía oculta.
Con pasos ligeros, Nyxara salió de la habitación.
El castillo estaba tranquilo aquella mañana, pero ella sentía una vibración sutil en el aire, como si el mundo entero contuviera la respiración cuando pasaba.
Al llegar a la biblioteca, abrió las grandes puertas y el silencio la recibió como un viejo amigo.
El olor a papel antiguo, madera y tinta derramada le resultaba reconfortante.
Se dirigió a la sección más antigua, donde había encontrado antes los textos dracónicos.
Necesitaba saber qué era ella.
Qué significaba haber lanzado un rayo.
Por qué había visto a su forma ancestral reflejada en el agua.
Y, sobre todo…
Qué significaba esto para su vida con los Solvard.
Y para Kael.
Su corazón, extraño e inquieto, latió con un ritmo distinto al pensar en él.