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981 Words
La mañana llegó con una luz tenue que entraba por las cortinas de la habitación de Nyxara. Pero ella no despertó. Seguía ahí, dormida, su respiración suave pero profunda, como si el sueño la hubiera atrapado en un lugar demasiado lejos para volver. Kael no se movía de la silla junto a su cama. Sus ojos estaban rojos por no dormir. Las manos rígidas de tanto apretar la de Nyxara. Un sirviente entró con una bandeja. —Mi lord… su desayuno… —Déjalo ahí —gruñó Kael, sin apartar la mirada de ella. —¿Desea que le traiga algo más? —No necesito nada. El sirviente dudó, pero se retiró. Kael no había probado bocado desde la noche anterior. No podía. No mientras Nyxara seguía así. Se inclinó un poco hacia ella, tocando su mejilla con la punta de sus dedos como si temiera romperla. —Despierta… por favor —susurró. Pero Nyxara siguió dormida. En otra parte del castillo, Lucian caminaba rápido hacia el salón donde se encontraban sus padres. Llevaba varios libros bajo el brazo, algunos abiertos, otros marcados con cinta. Lord Solvard levantó la mirada cuando lo vio llegar tan agitado. —Hijo, ¿qué sucede? Lucian respiró profundo, pero su voz temblaba, no solo por preocupación… sino por un miedo que no sabía definir. —Padre… madre… necesitamos hablar sobre Natasha. Sobre… lo que realmente es. Lady Nymera frunció el ceño. —¿Por qué lo dices, cariño? Lucian puso los libros sobre la mesa. Las portadas estaban gastadas, los bordes amarillentos, el olor a antigüedad impregnando el aire. —Anoche… mientras ella dormía, sentí algo extraño. Una energía antigua, poderosa… algo que no es de este mundo. Y entonces recordé los textos que Natasha ha estado leyendo sobre dragones antiguos… Lord Solvard cruzó los brazos, serio. —¿Qué descubriste? Lucian abrió un libro en una página marcada con tinta roja. Una ilustración mostraba un dragón colosal cayendo del cielo, envuelto en luz, transformándose en una figura humana. —Estos libros hablan de caídas celestiales, de dragones que pierden sus recuerdos cuando su energía cambia de forma. Hablan de seres… que olvidan su identidad para protegerse. Lady Nymera llevó una mano a la boca. —¿Insinúas que… mi niña no es humana? Lucian tragó saliva. —No lo sé con certeza… pero lo que hizo anoche no fue magia humana. Ni siquiera fue magia elemental como la mía. Fue… fue algo más. Algo que no puedo explicar. Lord Solvard se quedó en silencio largo rato. —¿Kael sabe algo de esto? Lucian negó con la cabeza. —No… y no creo que sea el momento de decirle. Está… devastado. No se ha movido del lado de Natasha desde que la trajo. Lady Nymera suspiró con el corazón apretado. —Debemos tener cuidado. Si Natasha es… lo que sospechas, el mundo entero cambiará cuando despierte. Lucian apretó los labios. —Solo quiero que esté bien. No importa qué sea. Ella es… —su voz se quebró— …es parte de nosotros. Lady Nymera lo abrazó sin decir nada. Lord Solvard miró los libros sobre la mesa, su expresión sombría. Algo grande estaba despertando. Algo antiguo. Algo que cambiaría el destino de Eldora. Y Nyxara dormía… sin saber todo lo que se movía a su alrededor. Nyxara dormía, pero su cuerpo no descansaba. Su respiración era tranquila… pero dentro de su mente, algo se abría como un abismo luminoso. De pronto, todo se volvió luz dorada. Un viento cálido la envolvió. Sintió su pecho expandirse como si tuviera alas. Y entonces las imágenes llegaron. Un cielo infinito. Ella lo cruzaba a toda velocidad, libre, fuerte, imponente. Sentía el peso de sus alas… alas colosales que cortaban las nubes como cuchillas de luz. Pero no veía su cuerpo completo. Era como un reflejo distorsionado: oro, blanco, energía pura. Y una voz —o tal vez era un trueno— susurró: "Recuerda lo que eres." La imagen se rompió como un cristal. Oscuridad. Rayos cayendo sobre un valle. El suelo temblando. Ella estaba ahí. No como humana. Sino como algo enorme, poderoso, antiguo. A su alrededor había figuras borrosas: Hombres. Magos. Reyes. Todos retrocediendo, temerosos… o maravillados. Pero sus rostros eran sombras. Solo sentía su rabia. Su tristeza. Su soledad. Y otra voz resonó: "Fuiste temida… y amada." La imagen se desvaneció en un relámpago blanco. Un rugido. Un trueno. Una luz desgarradora. Ella caía desde lo alto del cielo, envuelta en fuego dorado. No sabía si era una batalla, un castigo… o una elección. Antes de tocar la tierra, su cuerpo se convirtió en luz pura, moldeándose en algo más pequeño, más frágil… una humana. El impacto retumbó en su mente. La voz esta vez sonó triste, casi como un lamento: "Perdiste tus alas para proteger tu corazón." Y de pronto, entre todos esos recuerdos rotos, una imagen nítida se formó: Kael. No como lo vio en la cascada, ni en la batalla, ni en su habitación. Sino él, tal cual es: serio, fuerte, terco… y con una luz suave rodeándolo, una luz que ella no entendía pero que le quemaba dulcemente el pecho. Su mano extendida hacia ella. Y una única frase que sonó como un juramento antiguo: "Regresa a mí." Nyxara quiso alcanzarlo. Pero la imagen se fragmentó. Todo se volvió n***o. En la oscuridad, una figura gigantesca apareció… No humana. No completa. Solo una sombra de energía dorada con ojos brillantes. La criatura la miró… y Nyxara sintió un escalofrío que no era miedo, sino reconocimiento. Y una frase final, que resonó dentro de ella como un trueno suave: "El mundo te olvidó… pero tú no puedes olvidar quién eres." Nyxara respiró hondo en su sueño. Una lágrima corrió por su mejilla dormida. Algo dentro de ella había despertado. Pero aún no sabía si eso la salvaría… o la destruiría.
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